De aquellos nazis estos atlantistas

La CIA reclutó a los más señalados criminales de guerra nazis en su cruzada contra el comunismo en la Guerra Fría. Los servicios españoles se inspiraron en la División Azul

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Reinhard Gehlen

La actual crisis de Ucrania supone un nuevo episodio en la obsesiva escalada expansionista de EE.UU. y la OTAN, que siguen sumando países-títere en su teatrillo mundial. En España, los partidos políticos de siempre y los medios de desinformación masiva están ejerciendo, una vez más, de portavoces acríticos del Departamento de Estado yanqui. La expansión militar de EE.UU. hacia el este europeo y su papel en Ucrania, además de vulnerar todos los acuerdos tomados desde la II Guerra Mundial, hace aflorar las reminiscencias nazis de los protagonistas de esta crisis.

Durante la II Guerra Mundial, las élites de EE.UU. tenían claro que su enemigo no eran los nazis, sino los comunistas que contagiaban a sus trabajadores y trabajadoras la peligrosa enfermedad de la conciencia de clase. En 1941, cuando los nazis atacaron la URSS, el futuro presidente Harry S. Truman (demócrata como Joe Biden) pronunció su famosa frase: “Si vemos que Alemania está a punto de ganar la guerra, debemos ayudar a la URSS. Pero, si vemos que es la URSS la que está a punto de ganar, debemos ayudar a Alemania. Que uno y otro se destrocen hasta el mayor grado posible”. Precisamente, fue Truman quien ordenó la creación de la CIA en 1947 e impulsó el nacimiento de la OTAN en 1949.

La CIA reclutó a decenas de los más señalados criminales de guerra nazis (Adolf Eichmann, Klaus Barbie u Otto Skorzeny, entre otros) para su cruzada contra el comunismo en el nuevo frente de la Guerra Fría. Uno de sus fichajes más sonados fue Reinhard Gehlen, el jefe de la inteligencia militar en el frente del este contra la URSS. Seis meses después de que Adolf Hitler le ascendiese en persona a general, se pasó a la contrainteligencia militar estadounidense, después de negociar la entrega de los archivos con toda la información sobre la URSS recopilados durante la guerra. La CIA financió con millones de dólares la creación de la red Gehlen, formada en su mayoría por ex-oficiales nazis, que fue la base del servicio de inteligencia de Alemania Federal. En 1956, el canciller alemán Konrad Adenauer aprobó oficialmente la creación del Bundesnachrichtendienst (BND) y entregó a Gehlen su jefatura, que ejerció hasta 1968, cuando le sucedió otro de los oficiales del espionaje antisoviético en el ejército nazi, el general Gerhard Wessel. Por supuesto, Adenauer es uno de los “padres fundadores” de la democrática Unión Europea.

Los nazis habían contado con las diferentes facciones del nacionalismo ucraniano para invadir la URSS y participar en el genocidio contra la población. Dos de sus líderes, Andriy Melnyk y Stepan Bandera, fueron reclutados antes de la guerra por la inteligencia militar nazi para espionaje, contraespionaje y sabotaje contra los soviéticos. El líder de la otra facción, Taras Bulba-Borovets, trabajó para la CIA y llegó a reunirse en EE.UU. con el director de la agencia, Allen Dulles, en 1953. En el referéndum celebrado el 17 de marzo de 1991 para decidir sobre la continuidad de la URSS, el 70,2% de los ucranianos votó faborablemente por su mantenimiento, con una alta participación del 83,5%. Sin embargo, el renegado Leonid Kravchuk fue uno de los que acordaron con Borís Yeltsin la disolución de la URSS en diciembre del mismo año, pasándose por el forro los resultados del referéndum. La destrucción del bloque soviético implicó la victoria en la Guerra Fría de la vertiente más extremista del capitalismo: el neoliberalismo. Ese mismo año salía a la luz la red Gladio de la OTAN, los ejércitos clandestinos creados para eliminar al comunismo en Europa, vinculados directamente con el terrorismo de la estrategia de la tensión.

En España, los servicios de información militar que siguieron a pies juntillas la operación reformista de la Transacción a la democracia, la restauración borbónica y la entrada en la OTAN, tenían sus raíces en la 250 división de infantería de la Wehrmacht, conocida idílicamente desde la dictadura como División Azul. En el frente del este también participaron, por ejemplo, el general Alfonso Armada, instructor militar desde 1954 del futuro Juan Carlos I, o Mariano Sánchez Covisa, líder del tristemente famoso grupo parapolicial Guerrilleros de Cristo Rey. A nadie debería sorprender el papel de cada cual en este teatrillo. De aquellos nazis, estos atlantistas.

— Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

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