Rusia ha puesto en alerta su arsenal nuclear, su verdadero argumento. Esto significa que su activación puede estar a expensas de un error. Terrorífico. Pero tampoco debemos ignorar que si no fuera por ese arsenal, es muy posible que Moscú estuviera siendo bombardeada como lo fueron Bagdad, Trípoli y Belgrado, entre otras.
En su último discurso como secretario general del PCE, en 1998, Julio Anguita dijo lo siguiente: “El orden internacional que surge después de la caída del Estado Soviético es inquietante. Al equilibrio del terror puede que suceda un desequilibrio más peligroso aún”. Estamos a las puertas, si es que no hemos entrado ya en ello.
En 1907, en el Congreso de Stuttgart, los partidos socialistas de la II Internacional, marxistas en aquellos años, acordaron declarar “guerra a la guerra”, ante la amenaza de que se iniciara una conflagración en Europa entre las potencias que en aquel momento dominaban el mundo: Alemania y el Imperio Austrohúngaro, de un lado; Inglaterra, Francia y Rusia, del otro. La resolución “Guerra a la guerra” instaba a los trabajadores a que, en caso de conflicto, utilizasen las armas para acabar con sus burguesías respectivas en vez de disparar contra los trabajadores de otros países. En 1909, Pablo Iglesias, en un mitin en el que amenaza con la huelga general, pide a los soldados que “tiren hacia arriba” en el caso de que la oligarquía española se apuntase a la aventura colonial en Marruecos.
Cuando en 1914 estalló la tan anunciada guerra, la mayoría de los partidos socialistas firmantes de aquella resolución apoyaron a sus respectivas burguesías bajo la presión del discurso nacionalista y llamaron a los trabajadores a ir a los frentes de batalla a disparar contra los trabajadores del país “enemigo”. Todos encontraban motivos para apoyar a sus gobiernos. Y, ¡oh casualidad!, además quedaban bien con la opinión circulante (ya entonces los bancos eran dueños de muchos medios).
Únicamente los bolcheviques y algunos dirigentes de Francia y Alemania que fueron asesinados o encarcelados (Jean Jaurès, Rosa Luxemburgo o Karl Liebknecht) se mantuvieron firmes defendiendo el acuerdo de Guerra a la guerra. De la aplicación de este principio nació la Revolución de Octubre, el primer gobierno de los obreros y campesinos pobres del mundo. La toma del poder por los trabajadores y la paz entre Rusia y Alemania aceleró la consecución de la paz: de repente “estalló la paz” escribiría Stefan Zweig. El miedo a la propagación de la revolución se antepuso a las apetencias imperialistas adornadas de principios y los oligarcas de unas y otras potencias antepusieron durante unos años su odio a los comunistas a sus luchas por repartirse el mundo.
Estados Unidos quiere expandir su poder hacia el Este como medio para acorralar a China y el Gobierno capitalista de Rusia no está dispuesto a dejar de ser una potencia mundial.
La actual guerra en Ucrania guarda semejanzas con la de 1914. El Gobierno capitalista de Estados Unidos quiere expandir su poder hacia el Este como medio para acorralar a China y el Gobierno capitalista de Rusia no está dispuesto a dejar de ser una potencia mundial. La prueba de fuego: la neutralidad de Ucrania. En la confrontación histórica entre potencias, la lógica exigía que una debía desparecer como tal potencia. Las armas nucleares hacen cuestionable esta solución. En medio de este pulso, la UE, o sea nosotros, ha decidido seguir fielmente las directrices de Estados Unidos a pesar de que, en caso de conflagración nuclear será la primera en quedar abrasada. En los preparativos de este pulso hemos visto a Alemania santificar la energía nuclear y a Rusia firmar un contrato de venta de gas a China. ¿Casualidad o se estaban preparando?
La situación en Ucrania se puede describir como de tormenta perfecta. Solo un acuerdo que garantice la neutralidad y desnuclearización de Ucrania (esto no debiera ser problema ya que dicen los portavoces occidentales que eso no está en la agenda) y libertad de las distintas partes de Ucrania puede poner fin a una escalada en la que, pase lo que pase después, Ucrania va a quedar destrozada. La política de la OTAN y la UE de “muere tú que nosotros te apoyamos” es tan criminal como pueda ser la de Putin. ¿Esto es aceptar que Ucrania no es soberana? Sí. Lo mismo que no lo ha sido desde 2014. Lo mismo que México o Canadá no serían soberanos para que Rusia o China pongan sus plataformas militares allí. ¿Es soberano Irán para fabricar armas nucleares? ¿Acaso se ha respetado en España la decisión del Referéndum sobre la OTAN? ¿No estamos en la estructura militar de la OTAN? ¿No hemos participado en los bombardeos de Yugoslavia y Libia? Hay que ser muy hipócritas para rasgarse las vestiduras.
Si, desgraciadamente, la guerra continúa, la única salida que se me ocurre es que los trabajadores rusos y de los países de la OTAN tengamos claro que nuestro futuro pasa por destruir las armas nucleares de ambos lados. Pero para ello hace falta que estén en nuestras manos, hace falta que dejen de estar en poder de los oligarcas de ambos bandos. Disparar hacia arriba que decían Pablo Iglesias y Lenin. Pues eso. Hay suficientes oligarcas en ambos lados contra los que apuntar. La idea está muy bien, la cuestión es cómo llevarla a cabo.
“¡Rusia viola el derecho internacional!” exclaman hoy quienes ayer dirigieron los bombardeos de Yugoslavia, Libia, Iraq y un largo etcétera.
Cuando estos días leo, oigo, veo los rasgamientos de vestiduras de los dirigentes de la OTAN por la violación del derecho internacional no puedo por menos de pensar en Casablanca, en el capitán Renault cerrando el local de Rick: “Qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega”, exclamaba el policía. “¡Rusia viola el derecho internacional!” exclaman hoy quienes ayer dirigieron los bombardeos de Yugoslavia, Libia, Iraq y un largo etcétera. La embajada de China en Moscú, ese país que nos dicen los medios que está contra Rusia, ha puesto un tuit en el que afirmaba que “Estados Unidos es la verdadera amenaza para el mundo”. Y acompañaba el texto de un gráfico sobre las guerras padecidas en el mundo desde 1945: el 81% han sido generadas por Estados Unidos. Demoledor para cualquiera que se pare a pensar un par de minutos.
Supongo que alguien me reprochará que no dedique espacio a hablar de los niños crudos que se desayuna Putin cada mañana. Que no se preocupe. Son infinidad los dedicados a ello. No creo que falte información y desinformación al respecto. Lo que nos estamos jugando todos en Ucrania va mucho más allá de Putin. Ojalá las negociaciones lleguen a un acuerdo que garantice la continuidad del Estado ucraniano, pero también la libertad de los comunistas ucranianos, prohibidos y perseguidos desde el golpe de Estado de 2014. Ojalá, porque la alternativa es espantosa para todos, especialmente para los ucranianos, los rusos y los europeos.







