El Convenio siderometalúrgico de la provincia de Barcelona es uno de los más relevantes y de una importante referencia, tanto por las condiciones pactadas como por el número de trabajadores a los que afecta, más de 200.000.
Desde 2012 se viene arrastrando una situación complicada, ya que la reforma laboral del PP y CiU castró la ultraactividad. Además, el último convenio – con dos años de vigencia 2020-2021- se pactó en plena pandemia y con un gran esfuerzo por parte de los trabajadores: las tablas salariales de 2020 no se tocaron, pero sí se hizo un pago único del 0,8% en 2020 y un 2% para 2021, y se dejaron otros temas para desarrollar más adelante, como los planes de igualdad, jornadas, formación y planes industriales, entre otros, esenciales para afrontar los cambios tecnológicos del sector hacia el futuro.
El 28 de diciembre de 2021 se aprueba la reforma laboral del gobierno PSOE-UP que, entre otras muchas cosas, devuelve la ultraactividad a los convenios, algo fundamental para equilibrar las fuerzas entre sindicatos y patronal a la hora de negociar.
Se realiza en un momento en el que el importante sector del automóvil está atravesando una dura risis en Barcelona por el cierre de Nissan, la reconversión de la industria automovilística hacia el coche eléctrico, la falta de semiconductores y con el peso decisivo de la patronal del sector del auto, que es parte interesada en la mesa de negociación.
Además, tras la pandemia, y sobre todo con la guerra de Ucrania, se han agravado las pugnas internacionales por las fuentes de energía, las materias primas y las rutas de transporte, lo que está suponiendo que se haya disparado la inflación al 6,5% en diciembre de 2021 y un 7,4% en febrero de 2022, con lo que eso significa en el incremento del coste de vida y las necesidades básicas para la clase obrera y los sectores populares.
Ante este panorama, y a la espera de que se acuerde el AENC (Acuerdo Estatal de Negociación Colectiva), que marca las líneas generales de cara a los convenios, llega el momento en que se debe aplicar el convenio que finaliza y su cláusula de revisión salarial, que significa un incremento del 4% en las tablas de 2021 y de aplicación desde el 1 de enero de 2022, para posteriormente iniciar la negociación del siguiente convenio para 2022-2023.
En este panorama, la patronal UPM (Unión Patronal del Metal), ignorando el contexto, los cambios que se avecinan y creyendo que todo sigue igual, no aplica los incrementos pactados en el actual convenio, hasta que, con más 600 delegados y delegadas del metal convocadas por CCOO y UGT ante sus puertas, plantean que se prorrogue el convenio un año y que se haga en un pago único, sin que se aplique en tablas, y añaden que “el año que viene ya hablaremos”.
Desde la parte sindical se responde con contundencia; no sólo han ignorado todos los compromisos pactados en el anterior convenio y las negociaciones de carácter estratégico que han de abordar los sectores industriales del metal de cara al futuro, sino que quieren incumplir de forma flagrante el artículo 41 del convenio.
Ante el incumplimiento de lo pactado y la arrogancia de la patronal, la posición del sindicalismo de clase es clara y rotunda: no se va a negociar hasta que no se aplique el 4%, al margen de las acciones legales que se han tomado. Y añaden: “los trabajadores y las trabajadoras nos movilizaremos hasta el cumplimiento de lo pactado y por un convenio justo”.
¡METAL EN LUCHA!
¡POR UN CONVENIO DIGNO!







