La unánime conjunción de organismos, sectores económicos, gobiernos y creadores de opinión en la explicitación del discurso justificativo de la actual ofensiva capitalista le dan a ésta un marcado sesgo de asalto final. La situación para los dominados es extrema y en proceso de mayor agravamiento. La apelación a los sacrificios se reviste con una lenguaje pseudo- científico que hace de la Economía una especie de divinidad lejana, inapelable y ajena a los intereses mayoritarios. Los poderes económicos, sus guardaespaldas gubernamentales y sus pregoneros intelectuales y mediáticos predican un día sí y el otro también la inevitable necesidad de acatar los dictados de los mercados.
Para nosotros, los que ha tiempo decidimos luchar contra esa miseria intelectual, moral, política y social que constituye la sociedad llamada eufemísticamente de libre mercado, ha llegado la hora en la que como personas y colectivo organizado, debemos aclararnos, responsabilizarnos y obrar en consecuencia. Estoy convencido de que si ésta no es la hora de la lucha final a la que alude la letra de la Internacional, es su antesala. Por lo menos así lo evidencian políticas económicas, discursos justificativos y constantes degradaciones teóricas y prácticas de los conceptos Democracia y Derechos Humanos. Resumiré en unos puntos indicativos la línea de actuación que, a mi juicio, debemos seguir personal y colectivamente.
1º.- La guerra ideológica contra el sistema es total. No admite tregua, armisticios o concesiones en nombre de lo políticamente correcto. El rearme por nuestra parte es inexcusable. Y ello no es una cuestión de consignas, fórmulas o declaraciones de fidelidad política u orgánica sino la dedicación a la preparación, el estudio y la movilización organizada. Sin aprendizaje no hay práctica revolucionaria y alternativa.
2º.- La lucha de ideas se inserta en el campo teórico pero básicamente en el terreno de la vida diaria, de la cotidianeidad. Las ideas alternativas necesitan vivirse primero para poder así transmitirse mejor, vía ejemplo.
3º.- Ha llegado el momento de la gran reconsideración acerca de parámetros y paradigmas tales como calidad de vida ligada al consumismo, desarrollo económico como sinónimo de crecimiento desaforado, enriquecimiento fácil como meta de reconocimiento social y cultura popular como pasividad ante determinadas tradiciones, valores y actitudes que velan y hacen olvidar el permanente conflicto social.
4º.- En conclusión todos los hombres y mujeres que nos reclamamos de izquierdas debemos, en esta hora, pasar a la condición de militantes con todo lo que ello conlleva.
Pero estas actitudes y propósitos a título personal tienen mucho que ver con el tipo de organización en la que pretendemos militar consecuentemente. Y aquí ya no caben más dilaciones o llamadas al patriotismo organizativo.
Piense cada uno y cada una si ante lo que está pasando no debemos buscar en lo mejor de nuestra historia para poner en marcha todo un despliegue de creatividad basado en la convocatoria, incorporación y síntesis de visiones, personas, programas y valores caracterizados por su vocación de alternativa revolucionaria al sistema.
Creo que deben caer las últimas vendas que han tapado los ojos de colectivos varios y de grupos de opinión autocalificados de progresistas. En esta lucha las siglas y las denominaciones confrontadas electoralmente no deben arrastrarnos en función de cuestiones adjetivas, coyunturales o de imagen. La votación en el Congreso de los Diputados sobre la admisión a trámite como Proyecto de Ley del Decreto del Gobierno sobre la reforma del mercado laboral, es significadamente explícita.
La realidad nos está llamando. Tenemos por delante una tarea de concienciación, organización y elaboración de la propuesta alternativa sin concesiones tácticistas. Eso lo está esperando mucha gente. Convoquemos para una larga, tenaz, paciente, subversiva, concreta y programada lucha final. Aquí y en otras partes.







