
Jobs
Director: Joshua Michael Stern
Título: Jobs.
Dirección: Joshua Michael Stern.
País, año: USA. 2013.
Intérpretes: Ashton Kutcher (Steve Jobs), Dermot Mulroney (Mike Markkula), Josh Gad (Steve Wozniak), Ahna O’Reilly (Chris-Ann), James Woods (Jack Dudman), J.K. Simmons (Arthur Rock), Lukas Haas (Daniel Kottke), Matthew Modine (John Sculley), Lesley Ann Warren (Clara Jobs).
Guion: Matt Whiteley.
Música: John Debney.
Fotografía: Russell Carpenter.
Montaje: Robert Komatsu.
Estreno en España: 20 Septiembre 2013.
Los “biopic”, el género biográfico en el cine, suelen armarse a mayor honra y gloria del biografiado. Inspirados casi siempre por la admiración hacia el personaje retratado, difícil es que escapen a la vocación apologética. Cuando no cabe otro remedio, también se enriquece la estampa con algún perfil malo, cuestión de parecer más fiel a la realidad. Esos defectos humanizan al personaje pero no merman su divinidad.
Si esto es una norma general, Jobs (Joshua Michael Stern, 2013) no escapa ni un centímetro a ella. Aún estaba caliente el cadáver, en octubre de 2011, del fundador de Apple, y ya se estaba preparando la película sobre su vida, obra y milagros. En realidad es un retrato robot de Steven Jobs, que ilustra mejor los procesos de creación y desarrollo de la que por su valor bursátil es la empresa más importante del mundo, que la dimensión humana del gurú de los artilugios informáticos.
Jobs se integra en esa galería, que pronto será numerosa, de figuras míticas en el universo de la informática e internet, un bocado muy apetitoso para Hollywood. David Fincher escogió a Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, para ampliar con La red social (2010) el espectro de su interesantísima filmografía, además de ganar 3 Oscars, 4 Globos de oro, 2 Bafta… Y esperamos ver pronto El quinto poder (The Fifth Estate, Bill Condon, 2013), cuyos trazos sobre el perseguido Julian Assange no le han hecho ninguna gracia al alma mater de Wikileaks; también sobre la misma figura se anuncia el documental We Steal Secrets: The Story of WikiLeaks, del prestigioso Álex Gibney. Y por último, otra versión del mago de la manzana mordida escrita nada menos que por Aaron Sorkin, reputadísimo guionista de las series El ala oeste de La Casa Blanca y The Newsroom, así como de la mencionada La Red social.
Según el dúo Fincher-Sorkin, Zuckerberg presentaba características de genio-tonto, de ídolo–rico con pies de barro, una mente privilegiada con debilidades propias de un shakesperiano pobre diablo. Según la película de Joshua Michael Stern, Apple es el resultado de la genialidad de un individuo único en su especie, un visionario con alma de artista capaz de anticiparse a las necesidades de los consumidores para inventar prodigios cuya compra les convertiría en elegidos. Pero también era un tiránico capullo (“asshole”, en la versión original) que despreciaba a todo aquel que no comulgaba con sus preceptos y que no dudó en dar la espalda a sus más fieles colaboradores, a quienes levantaron bajo su batuta los cimientos de la empresa, con un egocentrismo tal que su fiel amigo Steve Wozniak, el ingeniero que inventó el ordenador personal y materializaba las ideas de Jobs, le reprocha en la película que padecía el síndrome del rey desnudo y que para él lo único importante había terminado siendo él mismo.
Pero estos claroscuros, ya lo decíamos arriba, no alteran sustancialmente el propósito laudatorio de la película hacia el sumo sacerdote de la nueva religión consumista. El filme se abre y se cierra con una escenificación de dos momentos de gloria, la presentación en sociedad del Ipod en 1984, sorprendiendo al mundo con una obra maestra de la publicidad, el anuncio que vampirizaba el 1984 de Michael Radford, y la grabación de otro spot mítico, el “Think different”. En medio de ambas secuencias una sucesión acelerada de los hitos que jalonan la meteórica carrera de Jobs, que partiendo de su humilde condición de hijo adoptivo consiguió ser millonario a los veintiséis años de edad. La narración reviste la acostumbrada brillantez en la ambientación pero los numerosos avatares, forzosamente simplificados, pasan muy por encima de los asuntos personales, privando así al espectador de claves de comprensión del personaje, y se ciñen fundamentalmente a cuestiones empresariales. Su inesperado ataque de ira con un empleado, el desprecio hacia una novia embarazada de su futura hija, el modo en que vuelve la espalda a sus viejos camaradas, su egocentrismo desmesurado en fin, dan relieve a lo que podría haber sido un panegírico. Pero se hubiera agradecido una mayor profundización porque algunos episodios aparecen desconectados; como por ejemplo el de la hija de Jobs, a la que antes de nacer rechaza y después, ya adolescente, vemos dormir en su casa. Nada se cuenta de su dolorosa infancia y de la trascendencia de haber sido dado en adopción, ni de las numerosas mujeres que tuvieron influencia sobre él. A todo ello hay que añadir que el argumento no alcanza a los diez últimos años de vida, lo que trasmite una frustrante sensación de puzle incompleto.
Con todo, parece ser que Apple no quiso saber nada de la película. Tal vez sus ejecutivos desconfiaran y no tuvieran ni idea de que en el fondo, con los matices que se quiera, este Jobs iba a ser no sólo un rendido proceso de beatificación sino que, por eso mismo, puede verse como un impagable spot, de poco más de dos horas de duración, de los tan publicitados valores de la cofradía: innovación, sensibilidad, arte y tecnología. Eso dicen.
Reportaje del autor sobre Jobs en Días de cine:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-jobs/2024447/
RECOMENDACIONES
EL ESPÍRITU DEL 49, de Ken Loach. Una agradecida lección de historia de aplicación directa a los tiempos que vivimos, que debería ser de visionado obligatorio para los militantes socialistas, por lo que les toca. ¡Qué satisfacción disfrutar de voces tan valiosas como la de Ken Loach, que algunos consideran demagógica.
GLORIA, de Sebastián Lelio. Gloria, pasados los cincuenta, divorciada, derrotada, renace de sus cenizas bailando al son de la canción de Humberto Tozzi, sola, triunfal, en la pista. Impagable interpretación y excelente película chilena.
TODAS LAS MUJERES, de Mariano Barroso. Guión genialmente escrito, interpretación genial de Eduard Fernández y de las actrices que le acompañan. Retrato de un tipo egoísta, manipulador, mentiroso compulsivo y pese a todo, seductor.
ASALTO AL PODER, Roland Emmerich. Arde La Casa Blanca. Pero no descorchemos el cava: un héroe anónimo y patriota salva al presidente -y le recuerda a Obama que un día fue pacifista-. Lo mejor: un par de meneos a la industria bélica norteamericana.
LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI, Álex de la Iglesia. El tema de la película se anticipa en el título: qué brujas son las mujeres y qué mal tratan a los hombres… Mucho ruido y este tipo de nueces. El aquelarre final: fiesta de fin de curso en una discoteca.







