Afirmar que España es un Estado intervenido carece de originalidad en las páginas de Mundo Obrero, porque hace décadas que el PCE denuncia dicha circunstancia. Pero a esta tesis, expuesta y probada por Joan Garcés hace casi dos décadas en la obra “Soberanos e intervenidos”, hay que sumarle ahora el aliciente de ser un Estado intervenido telefónicamente. Es evidente que cuando Orwell imaginó el Gran Hermano se quedó corto en sus previsiones.
En efecto, los informes aportados por el exanalista Edward Snowden han puesto de manifiesto que Estados Unidos espió masivamente las comunicaciones en numerosos países, incluyendo los teléfonos móviles de numerosos líderes mundiales. En España, la CIA y la NSA espiaron en menos de un mes más de sesenta millones de llamadas telefónicas, SMS, correos electrónicos, navegaciones por Internet e intercambios a través de las redes sociales. La cifra puede resultar desorbitada pero, teniendo en cuenta que en julio del presente año existían 55,19 millones de líneas de teléfonía móvil, la cifra demuestra que los pinchazos son claramente selectivos, puesto que un cargo público o un dirigente político suele producir miles de estas conexiones en un mes.
El Ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, llamó a consulta al embajador yanqui y tras la reunión manifestó: “De confirmarse, podría suponer la ruptura del clima de confianza entre los dos países”. A buen seguro que tan contundente declaración del mandatario español —inédita desde el esperpéntico episodio de El Perejil— no provocará la guerra con los USA. De hecho, el rostro del diplomático a la salida de la reunión denotaba la tensión de quien se ha tomado unas cañas en el Ministerio, a juzgar por el cachondeo. Resulta un consuelo que EE UU prometa espiar sólo lo que necesite, no todo lo que pueda, ¡qué tranquilidad!
El Excelentísimo Señor Embajador, James Costos, virrey del imperio en la piel de toro, presentó sus credenciales el pasado septiembre después de participar activamente en la recogida de fondos para la candidatura del presidente Barack Obama a la reelección. Paradojas de la vida, este exejecutivo de la cadena HBO viene mandatado para evitar la piratería de los españoles en Internet y con solo un mes de residencia se demuestra que es el cónsul de los corsarios.
A la utilización de la red Echelon para el control de las comunicaciones y el programa de espionaje PRISM para capturar los datos de Google, Apple, Microsoft o Facebook, entre otros, hay que añadir la construcción del Centro de Datos de la NSA en Bluffdale (Utah), el mayor centro de la historia del espionaje con 140 mil metros cuadrados de superficie y supercomputadoras diseñadas para almacenar enormes cantidades de información, con un presupuesto de dos mil millones de dólares .
Poco o nada importa que el artículo 197 del Código Penal contemple penas de prisión de uno a cuatro años por espiar al prójimo, porque nadie responderá por los hechos. En este gran teatro que han organizado los países de la OTAN sumisos de Washington, el espionaje forma parte de un escenario conocido, consentido y compartido.
En una de las memorables escenas de la película Casablanca, el mayor Strasser de la Gestapo ordena al capitán francés Renault clausurar bajo cualquier pretexto el Café de Rick Blaine, mítico personaje interpretado por Humphrey Bogart. Cuando el oficial francés cumple la orden y clausura el local, Rick se acerca ofendido y pregunta:
—¿Con qué derecho me cierra usted el local?
— ¡Qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega — contesta irónico Renault.
En ese momento aparece en escena el crupier, y hace entrega del soborno acostumbrado al tiempo que señala:
— Sus ganancias, señor.
— Muchas gracias — agradece el capitán.
Varios presidentes del gobierno, incluido el español, han descubierto el escándalo de que en su país se espía, pero hasta entonces han estado repartiendo los beneficios. Una demostración más de que Obama es al Premio Nobel de la Paz lo que El Fary al hardcore.
Imaginemos por un momento qué pasaría si trascendiese que dieciocho espías venezolanos instalan una estación de escucha en Washington para grabar las conversaciones, correos y mensajes del presidente Obama.
Por el momento, y aprovechando que los yanquis parecen estar a la escucha, se me ha ocurrido lanzar mensajes contundentes, incisivos y premeditadamente ofensivos contra el imperialismo vía telefónica, sms y por “uasap”. Es muy recomendable para superar el estrés, y especialmente relajante el lunes por la mañana.
Al final, de toda esta pantomima puede extraerse una conclusión lógica: si Washington insiste en su derecho a recabar información en cualquier país para proteger a sus ciudadanos, que libere a los Cinco héroes cubanos.
— Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?
— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?







