La celebración de las Jornadas “Repensar” tuvieron lugar el pasado 4 octubre de 2013 en Barcelona

Rosa Mª Calaf: Los medios como servicio público frente a la info-intoxicación

“Algo va mal cuando hay más periodistas en los gabinetes de comunicación creando información, que periodistas buscando información”.

“Me encanta tener más de 1,10 minutos para contar el mundo…, que es mucho más complejo”. Así de irónica comenzó Rosa María Calaf su intervención en las Jornadas Repensar. La veterana corresponsal de la televisión pública española, gran conocedora del funcionamiento de los medios, arremetió contra el propósito malintencionaldo de desinformar, del “info-entretenemiento” y de la “info-intoxicación”, que obedece al mismo principio: “No dejar saber siempre ha sido una forma de dominar”.

Rosa María Calaf, alertó de que los medios de comunicación son cada vez menos el “cuarto poder” para ejercer de “segundo poder” al ser creadores de modelos sociales en un mundo en transformación.

Frente a la deriva por la que intencionadamente se encauza al periodismo, Calaf levantó la tarjeta roja del “No se puede permitir el todo vale”, y lo ilustró con un sencillo ejemplo: “aunque hay libertad de prensa no permitimos que nadie ponga colza en una lata de sardinas”. Aplicó el principio a las empresas periodísticas reivindicando el carácter de servicio público de los medios: “Un medio, que tiene un bien tan preciado como la información, es siempre un servicio público, independientemente de que sea un medio privado o público”.

La periodista denunció que los medios de comunicación, en lugar de ser una herramienta de conocimiento, son una herramienta de desconocimiento. Y en lugar de ayudarnos a tener suficientes elementos de información contrastados para que podamos formarnos una opinión sobre las cosas que nos afectan, se dedican a aportar confusión. Lo que se trata, en resumen, es de dar mucha cantidad de información, cortas y rápidas, con contenidos cada vez más frívolos y banales. Así consiguen que la gente se crea que sabe y que está informada. Aquí también tuvo su cuota de responsabilidad la educación por contribuir a crear “una sociedad impregnada por el pensamiento único en la que ya no nos hacemos preguntas”.

“Algo va mal -argumentó la reportera-, cuando hoy hay más periodistas en los gabinetes de comunicación, creando información, que periodistas buscando información”, cuando “la noticia es precisamente aquello que el protagonista NO quiere que se sepa. Consiste en buscar lo invisible”. Y lo que hoy se hace es justamente lo contrario: reproducir lo visible. crear mucho ruido y avalancha de supuesta información.

Así, explicó, es como han conseguido que el ciudadano crea que ya está informado y que lo sabe todo, cuando cada vez sabe menos. Esta ilusión se ha fomentado con el espejismo de Internet “que es el único que, como Dios, no lleva artículo, a diferencia de la prensa, la radio, la televisión…” Pero también gracias a gente como el máximo responsable de Telecinco, Paolo Vasile, que dijo que no quería periodistas, que quería comunicadores, porque lo que le interesa es el espectáculo sobre la información. Acotó: “Hoy se informa de los acontecimientos, no de los procesos (…) Nos quedamos en la información por la emoción, pero hay que ir por encima de eso, al porqué, por ejemplo, es diferente un terremoto en Japón que en Indonesia”.

Pero las televisiones prefieren llevar al espectador al centro de la catástrofe en lugar de darles elementos de conocimiento, y vende lo de “nuestro equipo ha llegado hasta aquí” .. “¡Vale! – se respondió Calaf-, eso quiere decir que tienen buenos medios de transporte y buena tecnología, ¿pero se enteran de lo que está pasando allí?” A veces, explicó, también vuelan la ética por los aires en pro del espectáculo, cuando suben un equipo de televisión en un helicóptero de ayuda humanitaria, dejando en tierra 250 kilos de ayuda de primera necesidad tan necesaria en situaciones de emergencia. En estas práctica mercantilistas de las empresas informativas, criticó que no se valorara la excelencia periodística, ni la especialización y que los periodistas, cargados de trabajo, saltan de tema en tema sin tiempo para documentarse.

Y a la hora del reparto de responsabilidades del panorama descrito, dio su parte a la Universidad que fue la que transformó la Facultad de Información, por la de Comunicación, y luego la mezcló también con la Publicidad… “y si hay algo que el Periodismo nunca tiene que ser es Relaciones Públicas”.

Criticó la pobreza y la imprecisión del vocabulario, pero sobre todo, el que éste sea cada vez más mentiroso, con la aparición continúa de eufemismos, como eso de que “se ve la desaceleración de la economía”, que quiere decir que hay una crisis de caballo; o “las víctimas colaterales”, que significan “los civiles machacados”. En este punto recordó que ciertos periodistas “nos revelamos” a esta terminología, “y deberíamos negarnos a utilizarla para no acabar siendo cómplices. Terminó su ponencia reivindicando la información como elemento de construcción de la opinión y apostando por la enseñanza de los medios en la escuela. Y se despidió con una llamamiento a la acción: “Hay que elegir entre descansar o ser libre, porque la libertad no te la van a regalar”.

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