La celebración de las Jornadas “Repensar” tuvieron lugar el pasado 4 octubre de 2013 en Barcelona

Repensar para ganar la hegemonía cultural

Maite Mola: “Si no ganamos la batalla ideológica no ganaremos otra… ni gobernaremos ni seremos capaces de cambiar nada”.
Foto: Gema Delgado

“En esta locura de sociedad en la que vivimos, ya es hora de hablar de la construcción del pensamiento y de aprender a pensar”. Esa fue la idea con la que se engendraron las jornadas “Repensar” organizadas en Barcelona a principios de octubre, gracias a la colaboración entre el Partido de la Izquierda Europea (PIE), EUiA (Esquerra Unida i Alternativa) y la Fundación L´Alternativa (de EUiA).

“Lo que queremos es ganar la hegemonía cultural, conectar con Gramsci, que sabía que es ahí donde está la raíz del poder”, una batalla que concibe el pensamiento como capacidad de elaboración crítica y autocrítica, como el desafío a pensar de forma autónoma “que pretenda nadar a contracorriente, por no decir subversivamente”, explicaba Toni Barberà, director de L´Alternativa. Con esa ida Joan Josep Nuet, coordinador general de EUiA, saludó la iniciativa: “El pensamiento conservador domina hoy la sociedad y estas jornadas son un arma cargada de futuro”.

Un arma, el pensamiento crítico, que la economista y presidenta de la asociación de Dempeus per la Salut Publica, Angels Martínez considera la herramienta de partida para “desmontar la casa del amo”. Y para hacerlo, la clave es tener claro que “no hay que reorientarse en el mapa, sino repensar el mapa”. Y el primer punto para hacerlo es priorizar la redistribución por encima de la producción ya que hay muchísimo para distribuir, pero está concentrado. El segundo es trabajar con valores no jerarquizados. Y el tercero, poner por delante a las personas. Todo ello conduce en definitiva al objetivo de sustituir la política de la economía de la avaricia por la economía de la democracia. Aludió a Descartes como un gran revolucionario que hoy diría: “Repienso, luego existo, para actuar y cambiar las cosas”.

Recordó el politólogo y sociólogo Felipe López Aranguren, que cuando leyó el primer libro de filosofía, le pareció magnificó, cuando leyó el siguiente, que decía todo lo contrario, también le pareció bueno, y lo argumentó diciendo que “en cada concepto de la crítica hay construcción del pensamiento” y que a la hora de cuestionar y explorar “lo importante es buscar las respuestas trascendiendo las fronteras del pensamiento dominante”.

Aranguren contó que para pensar, para construir un pensamiento crítico y libre, hace falta sentarse y dedicarle tiempo, exactamente igual que para estudiar inglés. “La sociedad actual pretende destruir la colectividad, pero también a los individuos: busca individuos alienados (…) Pero es en la negación, igual que en los niños, como se crea la personalidad y el individuo”.

Explicó que hay que aprender a pensar a través de la lectura. Y ese pensamiento hay que ponerlo primero en palabras y luego en acción, porque si no no sirve de nada. Y de ahí hay que crear un intelectual colectivo.

Fue la coordinadora del Grupo de Educación del Partido de la Izquierda Europea, Sonja Crivelli, quien habló del papel de la educación en la construcción del pensamiento. La prueba es que “el Departamento de Asuntos Exteriores de Estados Unidos cuenta con un equipo para supervisar los libros de texto de sus aliados y de sus enemigos”, porque el libro escolar es el principal vehículo de los valores transmitidos por la escuela y por tanto se han preocupado de mantenerlos bajo control. También habló de que la escuela es el reflejo de la sociedad misma, la expresión y la propagación de las correlaciones entre fuerzas productivas de la sociedad civil, y que hoy son las clases dominantes las que han impuesto su discurso.

Sonja contrapuso la educación como responsabilidad pública a la educación mercantilista que el neoliberalismo está imponiendo en Europa y en todo el mundo. Habló de la importancia de tener “una cabeza bien hecha”, que no es “bien rellena”y que significa educar a ciudadanos capaces de hacer frente a los problemas de su tiempo. También citó a Gramsci: “… es importante crear una escuela que sabe educar a las clases subordinadas para un papel dirigente de la sociedad, como comunidad y no como individuos aislados… (…) crear una escuela que forme a la persona capaz de pensar, estudiar, dirigir y controlar al que dirige”. Unos principios a los que sumó las ideas por la que trabaja el PIE: la escuela como formación es un derecho universal, con una escuela pública, gratuita, bajo responsabilidad colectiva y sin injerencia de los mercados ni en los programas ni en la educación.

El periodista Ramón Miratvillas ironizó sobre el pensamiento único. “Nos venden verdades absolutas, con lo bonito que son las verdades relativas”. Habló de la televisión como reductora de todo lo que toca, del espectáculo por el espectáculo y de que hoy sólo interesa lo que cotiza en bolsa y da beneficios, un concepto que se mete hasta en el vocabulario cuando hablan de “capital humano”. Habló de la creación de realidades interesadas y los periodistas como transmisores, en una sociedad en la que la propiedad de los medios se concentra en muy pocos pero enormes capitales.

Maite Mola puso el dedo en el ojo del huracán: la necesidad de plantear la batalla ideológica, porque “si no ganamos la batalla ideológica no ganaremos ninguna otra, tendremos más votos, pero ni gobernaremos ni seremos capaces de cambiar nada”. La vicepresidenta del Partido de la Izquierda Europea criticó duramente el tratamiento de las noticias de internacional en los medios de comunicación del estado español, especialmente en temas como Venezuela, Siria o Libia, entre otros, “me asusta que nos creamos lo que un periódico escribe sobre estos países cuando en ese mismo periódico no nos creemos lo que nos cuentan en la sección de nacional”. También arremetió contra la desideologización y contra los eufemismos, animando a llamar a las cosas y a la gente por su nombre. Sugerió dos ejemplos: “poner a la socialdemocracia en su sitio, ya que fue la que empezó a cargarse los derechos”; y no seguir hablando de los recortes de Europa como si detrás de ellos no estuvieran Rajoy, Hollande y Almunia.

Los eufemismos fue precisamente el hilo que apovechó Toni Barberà, para cerrar la disección que se hizo durante la jornada, eufemismos con los que nos quieren culpabilizar: primero nos dicen que vivimos por encima de nuestras posibilidades, y luego que es que vivimos demasiado. Diagnosticó una patología de miedo, de resignación y de autoinculpación muy grave. Y a partir de ahí asentó el primer paso para la curación: “para construir algo hay que deconstruir muchas cosas.” Explicó que ante este diagnóstico de gravedad, el equipo médico ha demostrado su ineptitud y perversidad y la única forma de aspirar a curarnos es echar a dicho equipo. “Y para eso hay que bajar, o subir a la política y tener un discurso”.

También explicó que esta enfermedad y su curación tiene una dimensión europea ya que el problema no es sólo de un juanete, sino que es artrósico. Y recetó como antibiótico un probiótico: luchar, cultivarnos, aprender, pensar y repensar, recordando que la educación no acaba al salir de la escuela sino que es un servicio público inexcusable.

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