La elección de La madre como propuesta de lectura en su versión original y en una doble adaptación teatral nos sitúa ante una novela que, escrita en el año 1905, mantiene hoy día aspectos, no sólo históricos, sino también políticos, pero sobre todo nos propone un haz de temas, como una nueva forma de compromiso político, la conciencia de clase, la lucha en un momento en que es necesario un discurso teórico clarificador para conocer las características y limitaciones del mismo frente a los avances depredadores el capitalismo liberal, un discurso que debería acompañar a la protesta como combate en esta interminable lucha de clases. Valgan, pues, cine, novela y versiones teatrales para reflexionar sobre la vigencia de una obra clásica, que mereció la atención de cineastas y dramaturgos, lo que nos demuestra sus potencialidades artísticas y políticas.
La trascendencia de la novela de Máximo Gorki ha superado los estrictos esquemas narrativos inherentes a su relato básico a lo largo del siglo pasado para constituirse como paradigma y origen del denominado Realismo Socialista a partir de 1934 y que generó, desde entonces, una de las grandes aventuras intelectuales imbricadas, primero, en las luchas contra el nazismo y el fascismo en los años treinta, y posteriormente, ya en la guerra fría, como instrumento artístico y político. A partir de la Segunda Guerra mundial, la estética realista se constituyó en un debate con diversas variantes y escenarios y en el que intervinieron, entre otros, Louis Aragon, Bertold Brecht, George Lukács, Jean Paul Sartre, Albert Camus y algunos novelistas italianos y, en otro nivel, Erich Auerbach con su clásico estudio Mímesis.
Además de estas razones, La madre, por su transparente sintaxis narrativa, brindaba a cineastas y dramaturgos una fábula, unos personajes, una estructura que posibilitaba recrearla en otra fórmula sin traicionar su naturaleza. Así, en 1926, el director ruso Vsévolod I. Pudovkin que había teorizado sobre técnicas de montaje que influyeron en el cine de entonces, adaptó la novela de M. Gorki en una película cuyo estilo contrastaba con el maestro Sergei Eisenstein en lo que respecta a miradas diferentes: Pudovkin se centra en la interioridad de los personajes, mientras S. Eisenstein subraya el movimiento y la fuerza de las masas. La película es un homenaje a la mujer, pues no hay que olvidar que la Revolución de Febrero de 1917 se inició con la movilización de las obreras textiles que decidieron conmemorar el Día Internacional de la Mujer. La película nos muestra un momento de la lucha de clases en la que la vida de la heroína es apelación al compromiso revolucionario. Para Roman Gubern el famoso desenlace ejemplifica a la perfección el estilo de Pudovkin: una gran manifestación en la que participa su madre, permite a Pavel escapar de la cárcel, mientras el deshielo del río Neva, es el símbolo de la liberación del prisionero y de la acción de las masas en la primavera revolucionaria.
La película de Pudovkin había sentado un precedente. En aquellos años en Alemania, Bertolt Brecht buscaba nuevas fórmulas teatrales que se constituyeran en instrumentos de lucha política que, en plena crisis de la República de Weimar y del ascenso del nazismo, se radicalizan a principios de los años treinta. No sin problemas con la crítica y de enormes dificultades, estrena, entre otras obras, Santa Juana de los mataderos, Vientres helados, y La Ópera de los cuatro cuartos en las que acentuará la función didáctica del teatro épico que desarrollará en la teoría y en la práctica, cuyo pilar fundamental será la distanciación, como correctivo posible de la identificación o alienación del espectador ante los conflictos desarrollados en la escena. Desde sus premisas épicas, B. Brecht escribe una versión de La madre que le brindaba todos los elementos posibles para recrearla desde sus planteamientos teóricos, versión que, redactada entre 1930-31, fue estrenada en Berlín el 17 de enero de 1932. Posteriormente fue representada en otras capitales europeas y en Nueva York en 1951.
La acción de la versión brechtiana abarca desde 1905 hasta 1917. Su síntesis argumental es la siguiente. Pelagia Vlasova, la protagonista, es madre de Pavel, obrero metalúrgico implicado en las luchas contra la explotación y las condiciones de trabajo de la fábrica donde trabaja. Al principio recela de su compromiso revolucionario, pero para salvarlo de que lo detengan, se arriesga a repartir octavillas a sus compañeros. Poco a poco, por necesidad de entender por lo que lucha su hijo, aprende a leer y se convierte después en una activista que recorre fábricas y campos para distribuir prensa y libros. En un mitin, Pavel es hecho prisionero y es deportado a Siberia donde Pelagia va a visitarlo y a recabar la dirección de los camaradas que ella quiere visitar. Una vez Pavel es puesto en libertad va a visitar a su madre, pero tiene que marchar inmediatamente. Cuando cruza la frontera finlandesa, es asesinado. Pelagia, en principio, queda abatida, pero ante la manifestación del primero de mayo de 1917 de obreros en huelga junto con marineros amotinados, recupera sus fuerzas para llevar la bandera roja.
Esta fábula está estructurada en catorce actos en los que el hilo conductor es el desarrollo de la conciencia revolucionaria de Pelagia, basado más en la actitud de comprender que en motivaciones psicológicas: “No lloraba por ningún razonamiento. Pero cuando dejé de llorar, lo hice porque razoné. Lo que había hecho Pavel estaba bien hecho”, son sus palabras cuando sus vecinas le aconsejan que ante su dolor busque consuelo en la lectura de la Biblia. Además de la “fragmentación” en actos, la inclusión de canciones o poemas son también soporte de la finalidad didáctica de la obra. En la misma encontramos poemas que pueden tener su autonomía fuera de la acción, como “Elogio del aprendizaje”, “Elogio del revolucionario”, o la canción “Tienen sus códigos y disposiciones” sobre el poder capitalista.
Y ya en nuestro ámbito, La madre tuvo su atención durante los años de la II República y durante la Guerra civil, tiempos en los que fue adaptada por diferentes autores y estrenada en diversos escenarios, adaptaciones o versiones entre las que destaca la realizada por Max Aub en noviembre 1938 y que no pudo ser estrenada hasta años más tarde en México. Esta nueva versión fue encargada por el Consejo Central de Teatro de la República con la finalidad de ser estrenada en Barcelona a primeros enero del 1939, montaje que no pudo realizarse por el transcurso de la guerra civil, pero que sí fue estrenada años más tarde en la Escuela Normal de la ciudad de México tras un enorme fresco de Orozco que representa una fábrica.
Las razones y finalidad de la adaptación por parte del CCT no están suficientemente claras, aunque la elección de la obra de Máximo Gorki tenía su lógica por ser conocida por las milicias tras haberse publicado en el 1938 en la Editorial Nuestro Pueblo, como también que fuese Max Aub su autor, que como miembro del Consejo Central de Teatro había desarrollado una gran labor teórica y de creación dramatúrgica: Sus obras agrupadas bajo el nombre de Teatro de Circunstancias, que escribió por necesidad del momento, fueron representadas en diversos escenarios durante la contienda, y algunas de ellas por las “Guerrillas del Teatro” o por las Misiones Pedagógicas.
Una aproximación comparativa con la versión de B.Brecht debe tener en cuenta que el momento histórico, estético y cultural en que nacen es muy diferente, así como lo que se ha llamado los reflejos condicionados del espectador. Un teatro didáctico puede ser eficaz en Alemania, donde el Teatro político de Piscator era un precedente inmediato, mientras en España la comedia burguesa benaventina era un discurso hegemónico. Esto explica que la versión aubiana se fundamente en un realismo naturalista que no anula su finalidad didáctica y que sus conclusiones revolucionarias, como apunta José Monleón, reclaman antes acabar con la explotación que la magnificación de una sociedad determinada. Esto determina que los conflictos se extiendan entre las individualidades de los personajes, más numerosos en Max Aub que en Brecht y que en ambas fábulas algunos acontecimientos estén presentes en una y ausentes en otra, y que sus desenlaces sean diferentes. Mientras Pavel, el protagonista en la versión brechtiana muere al cruzar la frontera de Finlandia, y su madre lleva en primera línea la bandera roja en la manifestación del primero de mayo, en la aubiana, tras haber sido detenido en una revuelta, es juzgado por un tribunal al que, una vez condenado, dirige un discurso emotivo en defensa de los valores revolucionarios, mientras su madre, en medio de la tortura, reafirma su dignidad y su compromiso. Una apuesta cuyo latido permanece.








