La celebración del Debate Estado de la Nación -coincide con el cierre de este número de Mundo Obrero-, se realiza en un momento importante, a la vez que extraordinario, de la política española: en el ecuador de la legislatura Zapatero y en un momento de importantes reformas del modelo de Estado y de las condiciones económicas y sociales. Una legislatura que en su inicio estuvo marcada por reconocidas decisiones del gobierno y de los grupos que le apoyaron en la investidura: regreso de las tropas de Iraq, avances en libertades y política de igualdad, reconocimientos de derechos de los gay y lesbianas, etc.
En los últimos meses, y podemos situar su inicio en la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado del 2006, se consolida una tendencia de cambio de ciclo o nueva fase -según se mire- en la política de alianzas parlamentarias del PSOE y, por tanto, en la política que emana del Parlamento. Sus características fundamentales son las siguientes: continuidad de la política económica y fiscal aplicada por el PP, un modelo de desarrollo gemelo al del gobierno Aznar y una política social que teniendo ejes de izquierdas es frenada por los apoyos de las derechas nacionalistas -PNV y CIU- en defensa de los intereses de las clases a las que representan.
Desde esta perspectiva, hemos ido conociendo a través de las expresiones públicas, de una forma aproximadamente cierta, las posiciones de cada uno de cara al debate más importante de carácter general que se produce en sede de la soberanía popular. Desde el PP, que sigue en monte, es decir en una posición ultramontana, en la cima del extremismo de derechas y que hace imposible, por un lado acuerdos sobre temas fundamentales que afectarían de forma positiva a todos los ciudadanos, y por otro lado con una actitud que polariza entre PP y PSOE la atención política. El gobierno y el partido que le apoya, situados en una posición autocomplaciente, que mantiene su situación «ambidiestra», es decir, que pacta a derechas e izquierdas según le convenga, que por otro lado, tiene mucho de los fundamentos ideológicos del social-liberalismo avanzado por Zapatero y de continuidad con la línea económica del anterior gobierno como se demuestra en determinadas propuestas de carácter social, para por un lado apaciguar reivindicaciones pendientes y, por otro, contentar a determinados sectores de la burguesía periférica, evitando así, que se pongan las premisas para cambiar el estado de las cosas.
Como publica M O, la Reforma Laboral no va ha eliminar la eventualidad y supone una importante subvención a los empresarios. La Reforma Fiscal es más de lo mismo de la planteada por el PP y que afectará al futuro de las políticas sociales. Lógicamente felicitamos la constancia de la Federación de de la Construcción de CCOO que en su perseverancia y con el apoyo de la izquierda parlamentaria ha sacado adelante la Ley de Subcontratación, fruto a la vez de la movilización. Así, a los temas antes mencionados, habría que añadir cuestiones que han sido objetivo prioritario de IU y del PCE, como la reforma de la Ley Electoral estancada «sinedie» en una maniobra parlamentaria y por falta de arrojo del PSOE, la propuesta del PSOE de mantener la vida de las Centrales Nucleares 20 años más, lo que supone un revés al movimiento ecologista y los compromisos con IU. Junto a ello el suspenso en política medioambiental, y cerrando este apartado una política económica sustentada en el consumo interno, el ladrillo y el turismo estacional, pura continuidad. Cierto es que han sido aprobadas cuestiones positivas e importantes -por la acción de IU-, como la Ley de Dependencia, Ley de Igualdad en el aspecto social, etc.
Bien, llegados a este punto, la izquierda alternativa y transformadora, Izquierda Unida, debe de plantearse si esta continuidad de la política económica y fiscal, si la ruptura o congelación de los compromisos con IU sobre Reforma Electoral, Medio Ambiente, impulso al municipalismo, Reforma Fiscal y tantos otros, y sí el cambio de ciclo en las alianzas con CIU y PNV, pueden seguir manteniendo la actual posición del Grupo Parlamentario de ser oposición exigente e influyente o, por el contrario pasar a un estadio más concreto de oposición alternativa de carácter programático, en la que el perfil del proyecto de IU en el discurso y en la propuesta marque la actuación, tanto en los gestos como en la relación con el gobierno. En torno al programa se puedan perfilar acuerdos concretos que beneficien a la mayoría social y, si no, llamar a la movilización para la consecución de los objetivos. Desde luego todo ello debe hacerse antes de que la marea de la nueva etapa (PSOE-nacionalistas) consolide una práctica y un escenario. Por lo pronto, las elecciones municipales y las autonómicas del 143 están a un año vista.






