Entrevista con el intelectual y diplomático sobre los bombardeos de la OTAN sobre Serbia

Gonzalo Puente Ojea: «En los Balcanes no sólo se ha quebrantado el orden jurídico sino también el internacional»

Esto es la tragedia de la Humanidad, muy progresista en el aspecto técnico, pero moralmente regresiva tanto en el orden de los conocimientos intelectuales de las masas populares, como en el aspecto de la valoración moral de los acontecimientos.

La trayectoria intelectual y política de Gonzalo Puente Ojea está jalonada por la sabiduría y el compromiso. Es autor de estudios como “Ideología e Historia”, “La formación del cristianismo como fenómeno ideológico”, “Fe cristiana, Iglesia y poder”, “El Evangelio de Marcos”, “Elogio del ateísmo”, “Los espejos de una ilusión”, “Ateísmo y religiosidad”, libros en que sus tesis son explicadas, no sólo con argumentaciones fundamentadas en las ciencias sociales, sino desde un profundo conocimiento de las investigaciones científicas de todo rango, con el objetivo de desentrañar las mentiras del poder para alcanzar una racionalidad del ser humano para que pueda emanciparse de las mentiras y alienaciones y, así, alcanzar una sociedad libre de todos los fundamentalismos. Además, como miembro de la Carrera Diplomática fue Subsecretario de Asuntos Exteriores y embajador ante la Santa Sede entre los años 1985 hasta 1987, fecha en la que fue destituido por el gobierno de Felipe González por las exigencias del Vaticano. Un hombre, como él, según las jerarquías eclesiásticas, no podía representar a España en la capital mundial del catolicismo. Era un escándalo. Su cese fue un acontecimiento tan estúpido como cobarde de un estado que, constitucionalmente, se define como no confesional. A pesar de todo, nunca abandonó su compromiso en las exiguas plataformas de información en las que tuvo acceso. Ahora, le “han jubilado”, por su independencia y rigor intelectual de la tertulia radiofónica del programa “Protagonistas” de Onda Cero, una emisora que se jacta de ser democrática. Este tipo de censura no es la única excepción en nuestro país. Para Gonzalo Puente Ojea, como para tantos otros, escribir y hablar en España no es llorar, es morir, como escribió Luis Cernuda.

Mundo Obrero: Ud., como experto en política internacional, ¿cuál es su análisis de la intervención de la OTAN en Yugoslavia?
Gonzalo Puente Ojea:
Es una flagrante violación de las normas tradicionales del Derecho Internacional que están fundamentadas en el concepto de soberanía estatal. Por consiguiente, estas normas han sido infringidas en Serbia. Además, hoy día la comunidad internacional está constituida, prácticamente en su totalidad, por todas las naciones del mundo en lo que se denomina la Organización de Naciones Unidas con dos órganos: una Asamblea General y un Consejo de Seguridad que tiene unas normas muy claras para la resolución de los conflictos de todo tipo. Esta organización se sustenta en una democracia formal.

El Consejo de Seguridad es un órgano antidemocrático por estar formado por cinco miembros natos, cuyas resoluciones pueden ser vetadas por un “no” de uno solo de sus miembros natos, inclusive una resolución que está respaldada por la Asamblea General y por el Derecho Internacional, como es la agresión contra la soberanía de un estado extranjero. Esto ni siquiera se ha tenido en cuenta. Y la OTAN, como una organización defensiva regional, ha tomado la decisión de atacar un estado soberano sin respetar las normas de la ONU, bajo el pretexto de que está actuando por comisión. Por lo tanto, no sólo se ha quebrantado el orden jurídico, sino también el internacional.

M.O.: España, como país integrante de la Alianza Atlántica, participa en la guerra contra Yugoslavia. Sin embargo, esta, actuación, según los expertos, vulnera también determinados artículos de la Constitución.
G.P.O.:
Además de haber infringido, como dije antes, el Derecho Internacional, la Constitución española prevé en el Artículo 63.3 que el Rey tendrá la facultad, previa autorización de la Cortes Generales, para declarar la guerra. El Rey no ha comparecido, sólo se ha limitado a ver por un agujerito cómo se “divierten” sus soldados y los demás países en una acción ofensiva de carácter genocida. Tampoco el Gobierno ha explicado que su actuación en Serbia es una violación de la Constitución. Y, no hay que olvidar, que no se ha respetado el referéndum de 1986 en el que quedaba muy claro que la entrada en la OTAN no suponía una merma en lo referente a la actuación de las fuerzas españolas en territorios extranjeros. En resumen, se han violado las normas de Derecho Internacional, las de derecho interno y la decencia de los Estados.
M.O.: En cambio, los países de la OTAN justifican su ataque contra Serbia por razones de carácter humanitario.
G.P.O.:
Kosovo, desde el punto de vista de la soberanía, es una pequeña parte de Serbia y, en cierto modo, la matriz de su Estado tanto por su religión como por su etnia e idioma. En los últimos años, y, sobre todo, en la época del vituperado mariscal Tito, se toleró la entrada `progresiva de gentes indigentes que llegaban de tierras aun más miserables de la Península Balcánica para poder comer y vivir bajo techo. Estas gentes procedían de Albania y se fueron asentando en un territorio poblado por una mayoría serbia, concretamente el ochenta por ciento, cantidad que se invirtió en el transcurso de los años. Por esto, desde el punto de vista geopolítico, no formaban un pueblo. Su acomodo se realizó sin violar su lengua y con los mismos derechos de los serbios: educación, asistencia sanitaria, etc., y con todas las ventajas de un país, que sin ser una nación avanzada tenía, en cambio, un desarrollo intelectual y material considerable. Esta benevolencia de Tito de dejar asentarse en su territorio, como es el caso de Kosovo, – ombligo de la nacionalidad de Serbia desde el siglo X -, sirvió para que los albanos-kosovares se convirtieran en mayoría y se crecieran hasta tal punto de reclamar, no sólo el estatuto de autonomía, sino su independencia. Para este fin, pusieron en marcha un sistema de guerrilla feroz a la que la policía y el ejército serbio tuvieron que intervenir con todo el derecho para expulsarlo y ponerlos en la frontera e, incluso, eliminarlos del marco del estado serbio por la violencia.

M.O.: Pero esto que acaba Ud. de explicar es la coartada de los países de la OTAN que traducen o nombran como “limpieza étnica”.
G.P.O.:
Es cierto que los serbios en esta “limpieza” se han empleado con cierta ferocidad, pero no debemos olvidar que los habitantes de la Península Balcánica están envenenados por odios históricos. Son gentes que no dudan en utilizar la violencia para eliminar al enemigo. De ahí, que Serbia utilizara la fuerza para evitar la cesión de un trozo de su territorio igual que el Estado español, desde hace muchos años, está haciendo todo lo posible para evitar la independencia del País Vasco. No discuto la razón de unos y otros, pero el problema es formalmente paralelo. Aquí nadie debate el asunto con rigor, porque el pueblo español está sumido en una crasa ignorancia creada y alimentada por los medios de comunicación, que, en su mayoría, están manejados por los americanos, de tal manera que la imagen ofrece la radio, la prensa y la televisión es la de un pueblo que agrede a otro indefenso, cuando la realidad es distinta. Este sagrado derecho de autodeterminación, que los albanos-kosovares invocan, y solicitan a través de un referéndum, analizadas previamente las razones históricas, es un fraude de ley, según el Derecho Internacional. Pero esto sólo es conocido por muy pocos en nuestro país, ignorancia fomentada por los medios de comunicación que nos han convertido en autómatas y muñecos en manos de los grandes poderes políticos y económicos. Esto es la tragedia de la Humanidad, muy progresista en el aspecto técnico, pero moralmente regresiva tanto en el orden de los conocimientos intelectuales de las masas populares, como en el aspecto de la valoración moral de los acontecimientos.

M.O.: El tono de sus palabras me recuerdan aquellos versos finales del poema “Birg and the night” de Luis Cernuda: …Acá la farsa elogiosa es repugnante. Alguna vez deseó uno / Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela. / Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla”. Y también “Si soy un español, lo soy / A la manera de aquellos que no pueden / Ser otra cosa…”
G.P.O.:
En verdad estoy abrumado y avergonzado por lo que está sucediendo y, en gran parte, le confieso que, naturalmente soy de este pueblo, he nacido aquí, tengo sangre de este país y, por lo tanto, no me puedo desentender de las causas de España, pero me da vergüenza ser español. Pienso muchas veces que, si me hubiesen dado una opción inicial de elegir aquí o en otro lugar, tengo dudas muy serias si mi decisión hubiese sido nacer en este territorio. El español lleva la marca del fanatismo eclesiástico, de la ignorancia, de la falta de respeto a la ley y del abuso sistemático del poder. Este es un país de tradiciones malsanas que la democracia no ha mejorado porque su cultura sigue siendo la del cuplé, la del cante jondo, y la cultura de cuatro escritorcillos, que, por darle coba al poder, reciben prebendas, premios, subvenciones, etc., mientras otros, de gran categoría intelectual, minoritaria, sin duda, están condenados al silencio, cuando no a la marginalidad.

M.O.: Los diferentes medios de comunicación, después de tres semanas de bombardeos ininterrumpidos de la OTAN sobre Yugoslavia, siguen apoyándose en la “razón moral,” a pasar de sus errores, de lo que insistentemente consideran una labor humanitaria.
G.P.O.:
Entiendo que se está confundiendo deliberadamente los conceptos de etnia con confesión religiosa. Así, bajo la defensa de la etnia albanokosovar, existe un ataque de lado a la ortodoxia religiosa griega de países como Serbia, ataque en el que el Vaticano actúa entre bastidores.

M.O.: ¿Por qué cree Ud. que los llamados intelectuales –por decir algo- que en la llamada Guerra del Golfo alzaron su voz en contra de la invasión del ejército iraquí en Kuwait, hoy día, con pocas excepciones, estén callados o escondidos en las madrigueras del poder?
G.P.O.:
Este silencio al que Ud. alude se debo a la campaña sistemática de alcance mundial de la industria mediática de los Estado Unidos, que con la ayuda de los gobiernos de la Unión Europea y otros, han tergiversado la génesis de la crisis kosovar. No se trata de un derecho a la autodeterminación, sino de la usurpación, repito, de un territorio que fue siendo paulatinamente invadido por una silenciosa penetración de albaneses en Kosovo, al amparo de la tolerancia del mariscal Tito, que poco a poco, en el transcurso de los años, invirtió la población de este territorio de Serbia en lo que a número de habitantes se refiere. Por poner un ejemplo, es como si en su propio hogar, Ud. va acogiendo a personas necesitadas, y, con el paso del tiempo, invaden sus casas y Ud. se queda convertido en una ínfima minoría. Esto lo explicó muy bien el jugador yugoslavo Pedja Mijatovich. La prensa mundial está, salvo honrosas excepciones, vendidas a la dominación del capitalismo de los grandes países dominantes.

M.O.: Felipe González, en una reciente aparición en una cadena de radio, acusó a Milosevich de dictador comunista. ¿Todavía el fantasma del comunismo recorre el mundo, pero ahora en el sentido inverso expresado por Marx?
G.P.O.:
Felipe González no sabe exactamente cuál es la filosofía del comunismo, en cambio sí la del estalinismo. Es un socialista de pacotilla, vendido a los Estados Unidos algunos años antes del fallecimiento del dictador. Nadie defiende los excesos antidemocráticos del señor Milosevich, personaje digno de aversión, pero, en este caso, lamentablemente, este jefe de estado defiende los intereses legítimos de su país, como lo demuestra la adhesión cuasi unánime de sus ciudadanos dentro y fuera de su país. Estamos, pues, ante una maniobra de tergiversación monumental.

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