Ha fallecido a los 93 años, escasos días antes de cumplir los 94, Anita Sirgo, dirigente comunista y referente de la lucha antifascista. Protagonista de la huelgona de 1962, hito de la lucha obrera contra el franquismo, por los derechos de la clase trabajadora, por la democracia y las libertades, tuvo un papel fundamental colaborando de forma muy activa a su éxito. Además, fue una de las 40 mujeres que protagonizaron el encierro en la catedral de Oviedo. Con ella se va parte de la memoria viva de Asturias. Mujer luchadora, militante histórica del Partido Comunista de España y del sindicato Comisiones Obreras, republicana convencida y luchadora incansable.
Sirgo, descendiente de familia minera muy comprometida con el comunismo, vivía en Lada. Finalizada la Guerra Civil, su padre formó parte de la resistencia mientras su madre era detenida en la cárcel de Arnao. Junto a unos familiares, Sirgo se fue hasta la localidad llanisca de Andrín, donde trabajó en el campo y colaboró como enlace para la guerrilla con apenas nueve años. Con doce fue detenida por la Guardia Civil, al igual que otros de sus familiares.
Con 20 se casó con Alfredo Braña, minero del Pozu Fondón, y desde entonces se intensifica la lucha de ambos organizándose en el PCE. Participa activamente en las huelgas mineras del 62 en las que las mujeres jugaron un papel fundamental informando, recogiendo ayuda para las familias afectadas y acosando a los esquiroles que iban a trabajar. Un episodio que ella narraba siempre que podía con orgullo, “les echábamos maíz pa llamalos gallinas”, contaba, en una clara acusación de cobardía por entrar al tajo.
Junto a otras mujeres como Tina Pérez o Celestina Marrón, formó parte de grupos clandestinos durante la huelga minera para recolectar alimentos. Fueron precisamente todas estas acciones en pro de la lucha obrera y antifascista las que llevaron a Sirgo a sufrir la represión. Sin delatar a ninguno de sus compañeros, fue encarcelada y rapada. En prisión fue sometida a varias torturas y llegó a quedar sorda de un oído debido a una paliza del por entonces capitán de la Guardia Civil, Antonio Caro.
Vivió dos años en el exilio en Francia, junto a históricos dirigentes del Partido Comunista, y allí aprendió a leer y escribir. Pero como mujer de acción quiso volver a su Asturias natal en 1966. La muerte de su marido coincidió con la etapa de la Transición y la legalización del partido, al que fue siempre fiel. Ha militado hasta sus últimos días, participando en manifestaciones sindicales y también sumándose a los actos de reivindicación feminista como el Tren de la Libertad o las Marchas por la dignidad.
Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista de España ha mostrado sus condolencias, manifestando en las redes sociales que se ha ido «Una de esas mujeres valientes a las que Asturias y toda España les debe la democracia y las libertades», recordando que fue detenida y torturada innumerables veces por el franquismo, nunca pudieron impedir su resistencia. En ese sentido también se ha expresado Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, quien ha señalado que «Los derechos y la democracia se la debemos a mujeres como Anita Sirgo. Ha muerto tras una vida de lucha. Defendió a los mineros asturianos que se dejaban la vida. Las múltiples torturas durante el franquismo la dejaron sorda, pero los golpes no consiguieron someterla».







