Ingeniera del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba (CIGB)

Claudia Bernal: «Cuando llegó la COVID Cuba ya llevaba años desarrollando  vacunas»

Claudia Bernal, ingeniera cubana

Claudia Bernal Estrada, ingeniera del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba (CIGB), nos cuenta el porqué del milagro de las vacunas cubanas. Invitada por el Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba, esta joven cubana que durante la pandemia trabajó como voluntaria con los positivos de COVID-19, ha recorrido España explicando la excelencia de la biotecnología cubana y la importancia que este sector tiene para la salud de los cubanos y de los ciudadanos de otros países que no pueden comprar los productos del oligopolio de los países ricos. Asimismo, nos cuenta el daño que está haciendo el bloqueo al desarrollo de un quehacer profundamente humanitario. Claudia trabaja en la dirección de importaciones del CIGB, por lo que vive el bloqueo en su quehacer diario.

“Es la voluntad política, con Fidel desde el comienzo, la que nos ha permitido desarrollar este sector tan importante para la salud en Cuba”

MANUEL GONZÁLEZ: ¿Cómo es posible que Cuba, un país socialista que no pertenece al club de los ricos, haya desarrollado vacunas contra la COVID-19, cuando países ricos y capitalistas no lo han conseguido?

CLAUDIA BERNAL: Por lo costoso que es, se pensaba que esta delimitado a los países desarrollados, del primer mundo. Pero es la voluntad política, desde los inicios con Fidel, lo que ha permitido impulsar este sector con la importancia que tiene para la salud del pueblo cubano y para la economía del país. Siempre hemos sido conscientes de los riesgos que generan las limitaciones que nos impone el bloqueo. Desde que triunfó la revolución había dos proyectos fundamentales: la educación y la salud. Se impulsó la alfabetización y pasamos de ser un país de analfabetos a ser un país de ciencia y pensamiento. Nuestro principal recurso siempre ha sido el ser humano y a él se ha destinado toda la preparación para su superación. Contamos con muy buenos científicos, muy preparados, y por ello pudimos dar respuesta durante la etapa de la COVID-19 porque ya teníamos un know how (saber hacer) de muchos años y teníamos una industria desarrollada que nos permitió desarrollar nuestras propias vacunas.

“Contamos con científicos muy preparados, un saber hacer de muchos años y una industria desarrollada que nos permitió crear nuestras propias vacunas”

M.G.: ¿O sea, que nuestra sorpresa en realidad es más bien desconocimiento?

C.B.: Cuando llegó la COVID-19 Cuba ya llevaba años desarrollando vacunas. El sistema de salud cubano y el sistema de medicamentos está basado en vacunas propias. Las vacunas que se le ponen a nuestros niños recién nacidos las hacemos nosotros en  Cuba. Muchos de nuestros científicos también se han estado formando en otros países y después han regresado y han implementado esos conocimientos impulsando y liderando nuevos proyectos. Por eso, cuando llega la pandemia ya teníamos tecnología y plataformas y sobre esa base se buscaron tantas variantes como fuera posible. Se trabajaron con muchos candidatos vacunales, es decir, que había una capacidad de respuesta.

M.G.: En este momento, Cuba exporta medicamentos a cuarenta países.

C.B.: Siempre hemos puesto nuestros productos a disposición de todos aquellos que los evalúan y aceptan, y es así como la vacuna Abdala ha llegado a Vietnam, Venezuela, Nicaragua y México. Es decir, aquellos países que reconocieron que la vacuna era segura, efectiva y potente. Y así pasa con el resto de los medicamentos. Tenemos la capacidad de producirlos, incluso a pesar de las limitaciones.

“Las restricciones con Biden siguen siendo las mismas o peores que con Trump”

M.G.: ¿Cómo ha afectado el bloqueo endurecido con la calificación de Cuba como Estado colaborador del terrorismo que hizo Donald Trump?

C.B.: Las restricciones con Biden siguen siendo las mismas o peores que las que impuso Trump. Durante la etapa de la COVID-19, la persecución fue mayor porque, imagínese que de repente se conociera que Cuba iba a desarrollar sus propias vacunas… Porque, ¿quiénes fueron los que hicieron vacunas? Las grandes empresas transnacionales, grandes países con grandes poderes económicos. No iban a dejar que Cuba quisiera entrar en esa competencia. Saben que tenemos una industria tecnológica buena y potente pero no se reconoce públicamente.

M.G.: The New York Times ha publicado que hay interés de la industria biotecnológica estadounidense por la investigación cubana. 

C.B.: Sí, claro. Incluso hay un producto para el cáncer de pulmón que está en estudio en el Medical Center de Estados Unidos. Hay hospitales de Estados Unidos que están interesados y se empieza a intercambiar; lo que pasa es que en el camino van apareciendo muchos obstáculos precisamente para que no sea un producto de Cuba el que se ponga en el mercado. Esto es una carrera de fondo. Los empresarios tienen interés pero se topan con las limitaciones del bloqueo.

M.G.: ¿A pesar de que se trate de cuestiones relacionadas con la salud, humanitarias?

C.B.: Lamentable. Muchas veces deja de interesar la salud y empiezan a primar intereses políticos, de mercado, de dinero, de transnacionales, que no son los que debieran primar.

M.G.: He oído que hicisteis la vacuna contra la COVID-19 porque sabíais que no podríais comprarla.

C.B.: No solo porque no tuviéramos opciones, sino porque nosotros confiamos mucho en nuestro sistema de salud y porque teníamos la capacidad para ello. Sabíamos que la industria contra la COVID-19 iba a ser monopolizada por las grandes transnacionales y Cuba afortunadamente contaba con las capacidades para desarrollar sus propias vacunas. Podíamos y lo demostramos. Y no solo una vacuna sino varias.

M.G.: Ahora, con el fin de limitar su exportación, tratan de desacreditarla.

C.B.: Sí. Esa campaña mediática ha existido siempre, cada vez que Cuba obtiene algún logro. Tratan de desacreditar el sector, a nuestros científicos, desacreditar nuestras instalaciones, nuestras fábricas… Es una campaña que no surge ahora. Ha existido. Pero ahí están los resultados de los ensayos clínicos de las vacuna y de otros medicamentos como Heberprot para las úlceras de pies diabéticos.

M.G.: Este medicamento podría ser muy útil en Estados Unidos, donde varios miles de personas sufren amputaciones por culpa de la diabetes.   

C.B.: Lo extraterritorial del bloqueo es eso, que no solo afecta a nuestra población, sino que impide que otras poblaciones de otros países puedan acceder a estos productos. Por intereses políticos u otros no permiten posicionar nuestros productos en sus mercados.

M.G.: ¿Existe este medicamento en España?

C.B.: En Europa no se vende porque la entidad regulatoria de Europa no lo autoriza. Hay otros medicamentos que se utilizan para estos tratamiento, lo que pasa es que el nivel de cicatrización que se consigue con Heberprot no lo dan otros productos.

M.G.: Dado que trabajas en la dirección de importaciones en el CIGT, ¿vivirás el bloqueo en primer plano?

C.B.: El bloqueo es mi día a día. Yo trabajo comprando insumos, reactivos, tecnología para la investigación, para el desarrollo y la producción. El trabajo en la dirección de importación es chocando día a día con el bloqueo. Para poder hacer la compra de cualquier insumo encuentras limitaciones bancarias, limitaciones de proveedores, limitaciones de fabricantes. Ese es el día a día de nuestro trabajo.


CUBA, UNA OPORTUNIDAD PARA LA CIENCIA Y LA INDUSTRIA ESPAÑOLAS

M.G.

En la charla que precedió a la entrevista, en Marx Madera de Orcasitas, Claudia Bernal explicó cómo Fidel Castro, nada más tener noticia del nuevo campo de investigación, invitó a Cuba al oncólogo estadounidense Randolph Lee Clark. Fruto de esta visita, dos médicos cubanos fueron a hacer una estancia en el MD Anderson Hospital de Houston. En principio, la invitación era para un doctor pero Fidel mando dos, un hombre y una mujer. Después, enviaron un equipo a Suecia para aprender a sintetizar interferón. Iban a ir cuatro investigadores, pero fueron ocho. Claudia cuenta estas anécdotas para ilustrar el enorme interés que puso el Gobierno cubano en esta materia desde sus inicios, hace más de cuarenta años. Hoy, Biocubafarma es un conglomerado industrial con más de 20.000 trabajadores pertenecientes a 46 empresas que investigan, producen y comercializan vacunas contra la COVID-19 o la hepatitis B, medicamentos contra el cáncer, para curar las úlceras de pie diabético, o productos para la sanidad animal como la vacuna Porvac contra la peste porcina, además de la obtención de transgénicos para la mejora alimentaria.

Al igual que en sus comienzos, Cuba apuesta por el intercambio de conocimientos y la colaboración con otros países. Ahora mismo, el CIGB mantiene un acuerdo de cooperación con Changheber, una empresa china innovadora en tratamientos contra el cáncer. En Estados Unidos, a pesar de que se mantiene en vigor el endurecimiento del bloqueo de Trump, el Medical Center de Nueva York está colaborando en el desarrollo de un medicamento contra el cáncer de pulmón. Instituciones y empresas españolas del sector tendrían mucho que ganar alcanzando acuerdos de colaboración con las empresas de ingeniería genética y biotecnología cubanas. Pocos países pueden tener más motivos que España para esta colaboración. El Instituto Finlay de Vacunas de Cuba lleva el nombre de un insigne médico e investigador que nació español y murió cubano. Carlos Juan Finlay y Barrés descubrió el origen de la transmisión de la fiebre amarilla. Incomprensiblemente, no recibió el Nobel de Medicina a pesar de haber sido nominado siete veces.


¿QUIÉN ES EL TERRORISTA?

M.G.

El Gobierno de Donald Trump calificó a Cuba como Estado colaborador del terrorismo sin prueba alguna. Sin pruebas, porque no las hay. Lo hizo porque esta declaración le permite endurecer aún más las condiciones del bloqueo. Durante la pandemia hemos visto cómo se impedía a Cuba comprar mascarillas o jeringuillas en el mercado normal, lo que implica que se multipliquen los precios. En los años sesenta, con la guerra fría a pleno rendimiento, Estados Unidos aceptó la propuesta de Rusia a la OMS para acabar con la viruela, pero durante la pandemia de la COVID-19 los intereses de bloque se han impuesto sobre la salud, desacreditando las vacunas ajenas e impidiendo su venta. Cuba está sufriendo una campaña brutal para intentar sacarla al mercado de las vacunas y de la salud. Todo indica que, en la nueva guerra fría con la que Estados Unidos pretende atrincherar su decadente hegemonía, los principios humanitarios no tienen cabida. Una de las consecuencias es que algunos bancos se plieguen a las exigencias estadounidenses y no operan con Cuba, como Caixabank. La razón de este bloqueo criminal es muy sencilla: Estados Unidos le tiene pánico al desarrollo que los cubanos pueden alcanzar en condiciones de normalidad.

Que Estados Unidos acuse de terrorismo a Cuba tiene su miga. Estados Unidos ha diseñado decenas de operaciones terroristas en todo el mundo y muy especialmente contra Cuba. No hace mucho supimos, por documentos oficiales, que la CIA había estudiado la conveniencia de derribar un avión con pasajeros estadounidenses para acusar a Cuba. Afortunadamente esa operación no se llevó a cabo. Sí se ejecutó, en 1976, el derribo del vuelo 455 de Cubana de Aviación que cubría la ruta Barbados-La Habana. Dos bombas acabaron con la vida de las 73 personas que iban a bordo. El cerebro de la operación fue Luis Posada Carriles, un disidente cubano que trabajó para la CIA antes del atentado y que fue protegido por Estados Unidos después de la masacre.

La calificación de Cuba como país terrorista sigue vigente con el Gobierno de Biden, lo mismo que se han mantenido otras tres medidas profundamente regresivas adoptadas por Trump: el incremento del militarismo de la OTAN con la tasa del 2 % del PIB, la declaración de Jerusalén como capital de Israel y la entrega del Sahara a Marruecos, todas ellas contraviniendo de forma flagrante las resoluciones de la ONU.