“Las excusas producen muertes” 93 días
Escuchamos la palabra Ébola y temblamos, eso es un hecho. Y no es para menos: este virus generó, entre diciembre de 2013 y abril de 2016, más de 28.000 infecciones y más de 11.000 muertes entre Guinea, Liberia y Sierra Leona. Una enfermedad vírica cuya letalidad puede alcanzar el 90 %.
Pues nuestra protagonista de hoy suponemos que también temblaría. Pero un compromiso inquebrantable con la sanidad y anteponiendo sus conocimientos y sus principios para garantizar, lo primero, la salud y la seguridad de todas frente a cualquier presión (por fuerte que fuera esta) la llevó a ser la gran heroína de Nigeria evitando la propagación masiva del Ébola en el país más poblado de África.
Pero, como siempre, empecemos por el principio…
Ameyo Adadevoh nació en Lagos, en 1956, en una familia con fuertes intereses políticos y científicos, especialmente en el desarrollo del nacionalismo nigeriano y el panafricanismo. En cuanto al ala científica, su padre fue un reconocido médico que llegó a ser, incluso, asesor de la OMS.
Después de los pertinentes estudios básicos, Ameyo se decidió por estudiar Medicina y Cirugía en la Universidad de Lagos, desde donde salió, después de graduarse y realizar la residencia obligatoria en el Hospital Universitario, hacia Reino Unido para completar su formación.
Y ya de vuelta, su vida transcurrió en su mayor parte en Lagos, en el Firts Consultant Medical Centre. Hospital que, como veremos, acabó siendo conocido mucho más allá de sus fronteras gracias a la impactante historia de cómo una de las enfermedades contagiosas más conocidas no desencadenó una catástrofe absoluta gracias a la tenacidad de una mujer que, ya en 2012, fue la primera médica en diagnosticar en Nigeria el virus H1N1 (aka gripe porcina) y que, por entonces, andaba en plena expansión. Tenía un ojo tremendo para los virus, hay que reconocerlo.
El 20 de julio de 2014 llegó al aeropuerto de Lagos un diplomático estadounidense de origen liberiano, Patrick Sawyer, en escala hacia Calabar para asistir a la Conferencia de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), que para este señor debía ser importantísima ya que para asistir había decidido romper la cuarentena en Liberia donde el Ébola azotaba con fuerza. En este aeropuerto se desmayó y fue dirigido al Firts Consultant Medical Centre donde, en primera consulta y viendo los síntomas, fue diagnosticado de malaria. Nuestra protagonista hizo el siguiente turno y no quedó en absoluto convencida sino que sospechó de Ébola y, por tanto y bajo su responsabilidad, activó un protocolo de cuarentena y las pruebas necesarias para saber si efectivamente sufría la enfermedad.
Hasta aquí podría parecer que entra todo dentro de la normalidad. Pero no. El citado señor no estaba dispuesto a quedarse y parece que dio una guerra considerable porque pretendía seguir su viaje (el derecho a ir donde quisiera y esas cosas que también durante la Covid algunos enarbolaban como verdadera libertad). Y no solo él, también otros funcionarios del gobierno de Liberia reclamaban que fuera “liberado” para continuar viaje hacia la conferencia de la CEDEAO e incluso amenazaban con emprender acciones legales. Recordemos, de nuevo, que Liberia estaba siendo azotada por el virus hemorrágico: ¡la falta de responsabilidad de todos ellos es apabullante!
Por suerte para todo el país, Ameyo no se achantó y mantuvo su posición, llegando incluso a levantar una barricada en la puerta de la habitación del paciente y garantizando un área de aislamiento, además de proveer al personal con los equipos de protección necesarios, información adecuada y todo lo que fuera útil para combatir la expansión del virus.
Las lecciones de África
Por cierto, ¿a que les suena todo muchísimo? Y es que las medidas de prevención ante el contagio son la clave del éxito en estos casos. Y sí, sacudámonos el eurocentrismo, que fueron muchos los países africanos que han dado verdaderas lecciones de cómo manejar una epidemia. Con el Ebola y con la Covid.
Mientras luchaban para evitar la fuga del paciente y las demandas del Gobierno de Liberia, llegaron los resultados: efectivamente, se confirmó el diagnóstico de la doctora. El paciente murió poco después en el mismo hospital.
La diferencia respecto a otros países afectados radicó en la rapidez y contundencia de las medidas propuestas por nuestra protagonista y unas autoridades sanitarias dispuestas a escuchar que movilizaron los recursos necesarios para rastrear, hacer pruebas y llevar a cabo el aislamiento social cuando fuera necesario. Tres meses después y tras confirmarse que no había infecciones transcurrido más del doble del periodo de incubación del virus, la OMS declaró a Nigeria libre de ébola el 20 de octubre de 2014.
Imaginen el cambio de escenario entre haberse producido una catástrofe (si no se hubiera contenido a ese “paciente 0”) a 20 casos de Ébola en todo el país y sólo (entiéndase ese sólo en el contexto, por favor) 6 muertes. Lamentablemente, entre esas muertes también se cuenta la de Ameyo Adadevoh.
En su honor se levantó una ola de indignación nacional cuando el gobierno de Nigeria la excluyó de la lista de más de 300 personas que recibirían Honores Nacionales. Ay, los señoros…
En homenaje a su crucial actuación para salvar al país, llevan su nombre una organización sin ánimo de lucro para fortalecer y preparar a la sanidad nigeriana ante situaciones de emergencia y una de las carreteras más grandes de Abuja, capital de Nigeria. Y también en su honor se levantó una ola de indignación nacional cuando el gobierno de Nigeria la excluyó de la lista de más de 300 personas que recibirían Honores Nacionales. Ay, los señoros…
Si se lo están preguntado, sí, esta historia se llevó al cine: 93 días es una película nigeriana que no deberían perderse si quieren conocer algo más de esta historia. Fue estrenada en 2016 pero tuvo más éxito en 2020, por razones más que obvias: los controles en los aeropuertos, el miedo a lo desconocido, el aislamiento… la película hablaba de 2014, pero parecía hecha para el futuro. Y la frase que encabeza este artículo también. “Las excusas producen muertes”.








