“Que el humor y el arte se metan donde no deben trae muy malas consecuencias en los estados totalitarios, y en algunos otros de togados demasiado nostálgicos de gloriosas cruzadas”, escribía en pleno confinamiento el escultor y catedrático de la Universidad de Granada Alfonso Masó, a raíz del último ataque público perpetrado contra el humorista gráfico, periodista y pintor Andrés Vázquez de Sola. Esta vez había sido en las páginas de Europa Sur, diario del Campo de Gibraltar donde un presunto intelectual ultramontano cargó, sin criterio artístico ni razón aparente alguna –es decir, sin venir a cuento– contra la hiperactividad crítica desplegada por Andrés durante el estado de alarma.
Aunque desde su “jubilación periodística” había cambiado el papel por el lienzo, los lápices por los pinceles y el carboncillo y la tinta china por el óleo y la paleta de colores para dedicarse en exclusiva a la pintura, los sucesivos ataques de la mortífera pandemia sanitaria, por un lado, y la furibunda oposición parlamentaria, por otro, hicieron replantearse al artista su “dorado retiro” para consagrarse de nuevo al dibujo satírico y político que tanto prestigio y tantos galardones internacionales le había proporcionado a lo largo de su fructífera carrera profesional.
Como él mismo no se cansa de repetir cada vez que le preguntan, “la dialéctica, la sátira y el humor no son armas, sino herramientas”. Con esas herramientas, a las que yo añadiría la pata de la crítica, Vázquez de Sola –que no en vano ha sufrido el exilio, la censura y diferentes procesos judiciales, en uno de los cuales le pedían seis años de prisión por unos dibujos contra la OTAN con Felipe González en la Moncloa– decidió olvidarse durante el confinamiento de su propia tranquilidad y revivir su antigua pasión realizando y difundiendo a través de las redes una serie de varias viñetas diarias sobre las consecuencias políticas y sociales de la pandemia y el estado de alarma, dibujos que esperamos ver pronto expuestos al público en Granada.
Como confiamos también poder admirar algún día el conjunto de su obra pictórica en el museo que el ayuntamiento de San Roque, localidad natal del artista, está habilitando en el antiguo palacio consistorial del municipio, cuyas futuras salas esperan ya con impaciencia los 500 cuadros que conforman una auténtica antología crítica, irónica y en ocasiones mordaz de la amplia nómina cultural y política conocida por el autor a lo largo de toda su vida.







