Es la hora de la militancia

Militancia de Izquierda Unida
Foto: Álvaro Minguito

Parecía que el ciclo electoral se iba a cerrar con las elecciones europeas del pasado 9 de junio, pero los resultados en Francia precipitaron la convocatoria de unas legislativas que se han vivido en el resto de Europa como si de unas elecciones compartidas se tratase. El escenario, más que posible, de una mayoría suficiente de la extrema derecha para gobernar el país vecino precipitó la constitución de un Frente Popular que agrupaba a comunistas, socialistas, ecologistas y miembros de la Francia Insumisa, resultando la fuerza con mayor número de asientos en la Asamblea Nacional francesa. Sin embargo, parafraseando a Monterroso, “cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Desde hace décadas, los resultados de la extrema derecha en Francia son más que preocupantes, aumentando su apoyo social y, sobre todo, marcando con sus propuestas de odio la agenda política a nivel nacional.

De momento, la afirmación de que la extrema derecha crece porque la clase trabajadora ha trasvasado su voto desde las fuerzas de izquierda tradicionales no se sustenta en un análisis riguroso de la complejidad del comportamiento electoral (véase, por ejemplo, los resultados en las periferias trabajadoras del cinturón rojo de París). Sin embargo, esto no quiere decir que exista un enorme reto en términos de movilización de la base social, no solo en términos electorales, por parte de las fuerzas rupturistas con el actual orden de cosas. Reto al que se enfrenta también la izquierda en nuestro país.

El pasado 6 de junio se celebró la primera coordinadora federal de Izquierda Unida tras su XIII Asamblea, siendo Antonio Maíllo ratificado como coordinador prácticamente por unanimidad y eligiéndose una nueva dirección de integración para la nueva fase política que comienza. En su primer informe, el coordinador dio cuenta precisamente del resultado de las elecciones europeas para apuntar a la contradicción democrática actualmente en curso, resultado de que fuerzas profundamente antidemocráticas, en el sentido pleno del término, utilicen los resortes de esta para desmontarla. Lo que está en juego son precisamente los derechos civiles y libertades políticas conquistados por el movimiento obrero, con un alto coste en la mayoría de los casos.

Al diagnóstico le acompaña la prospectiva. En el informe se recuerda que uno de los mandatos de la XIII Asamblea fue el de cohesionar Izquierda Unida para ofrecer claridad y seguridad ante la incertidumbre y polarización a la que se enfrenta la clase trabajadora de España. Y el camino al que se apunta para ello es el de la unidad y la movilización de la base social, no solo para resistir, sino para la construcción de una nueva hegemonía alternativa a la reaccionaria.

En esta apelación a la acción organizada y estratégica, se enfatiza la urgencia de una militancia activa con la defensa de la democracia y los derechos conquistados. Esta es la respuesta al reto que mencionábamos más arriba. En la agenda política que ya avanza el trabajo del próximo curso, necesitamos que la militancia sea la protagonista.

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