En una nueva muestra de las tensiones que sacuden al gobierno de coalición, el Ministerio de Economía, liderado por el socialista Carlos Cuerpo, ha decidido retrasar la discusión del anteproyecto de ley de reducción de la jornada laboral en la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos (CDGAE). Este movimiento, calificado de “grave” por Yolanda Díaz, podría posponer hasta febrero la llegada del texto al Congreso, incumpliendo el compromiso adquirido por la vicepresidenta de Trabajo de presentar el proyecto este enero.
“Entiendo que la decisión de Economía no es solo de Carlos Cuerpo”, señaló Díaz, apuntando directamente al presidente Pedro Sánchez. Desde el Ministerio de Trabajo, acusan a Economía de boicotear una medida acordada en el programa de gobierno de PSOE y Sumar, en lo que muchos analistas ya interpretan como una estrategia socialista para desactivar las propuestas más transformadoras de la coalición.
Aunque desde Economía se apresuraron a negar el bloqueo, su comunicado, lejos de despejar dudas, las alimentó. La cartera dirigida por Cuerpo insistió en la necesidad de un “análisis a fondo” antes de avanzar, argumentando que la medida tiene implicaciones significativas para todos los sectores económicos. Sin embargo, los hechos son claros: mientras reiteran su compromiso con la reducción de la jornada laboral, los socialistas han sacado el anteproyecto de la agenda inmediata de la CDGAE, en un movimiento que no parece casual.
La ministra de Trabajo, en una entrevista reciente, fue contundente: “Es de casi ser mala persona decirle hoy a la gente trabajadora que se niega a reducir la jornada media hora al día”. Sus palabras ponen de manifiesto la creciente distancia entre los socios de gobierno, con el PSOE actuando como freno y Sumar tratando de cumplir sus compromisos electorales.
La reducción de la jornada laboral es una de las banderas de Yolanda Díaz y de Sumar, y forma parte del acuerdo de gobierno con el PSOE. El plan inicial preveía una reducción gradual: primero a 38,5 horas en 2024 y luego a 37,5 horas en 2025. Sin embargo, la falta de apoyo de la patronal, sumada a las reticencias de sectores socialistas, ha complicado la tramitación del proyecto.
Carlos Cuerpo, que insiste en que el “espíritu del acuerdo” contempla una implementación progresiva, ha planteado retrasar un año cada etapa de la reducción. Este planteamiento, lejos de apaciguar los ánimos, ha encendido a Díaz, que ve en este retraso una traición a los trabajadores y un intento deliberado de diluir la medida.
El PSOE, entre la moderación y la parálisis
Detrás de esta disputa se esconde una lucha por el relato. El PSOE, que busca presentarse como una fuerza moderada y pragmática, teme que una propuesta como la reducción de la jornada laboral sin consenso con la patronal pueda ser utilizada por la derecha para desgastar al gobierno. Por su parte, Yolanda Díaz y Sumar necesitan demostrar que son capaces de cumplir sus promesas y de marcar una agenda socialmente ambiciosa dentro de una coalición donde el PSOE se mueve con calculada lentitud.
El argumento socialista de la “realidad parlamentaria” suena hueco cuando se considera que incluso el PNV ha mostrado su disposición a apoyar la medida, mientras que Junts no la descarta. Las reticencias de Economía parecen más vinculadas a una estrategia política que a una verdadera preocupación por las implicaciones económicas.
A pesar de las promesas de compromiso, las acciones del PSOE han dejado a Sumar en una posición difícil. Si la reducción de la jornada laboral no se aprueba en el plazo previsto, el desgaste será inevitable para Díaz, quien ya ha dejado claro que no está dispuesta a ceder. En cambio, los socialistas podrían capitalizar el fracaso como una muestra de su “responsabilidad” frente a las presiones de su socio menor.
La tensión dentro del gobierno de coalición se hace cada vez más evidente, y con ello, también crecen las dudas sobre la capacidad de este ejecutivo para llevar a cabo reformas de calado. Lo que está en juego no es solo una ley, sino el futuro de una alianza que parece caminar sobre arenas movedizas. Mientras tanto, los trabajadores, los principales beneficiarios de esta medida, quedan atrapados en el fuego cruzado de una batalla política que sigue dejando a la izquierda dividida.







