El sol de la infancia es una novela de las llamadas de iniciación, en las que vemos crecer al protagonista, construirse ante nosotros a lo largo de la lectura. Es un género en el que es pródigo su autor, Miguel Usabiaga, y por el que siente predilección. En esta obra se aborda la génesis de un campeón ciclista, Luis, el origen de su determinación de convertirse en corredor, los materiales que alimentan su deseo. Para ello nos traslada a su infancia, a ese tiempo de florecimiento a la vida, al tiempo dorado de los sueños intactos. Una pureza que hay que preservar, como nos sugiere el autor. Acompañamos para ello al campeón en un viaje retrospectivo al día cero de su decisión de ser ciclista, algo que ubica con precisión en un encuentro con su tío Pablo. Una cita en la que junto a una prueba sobre la bici, Pablo le dará una serie de lecciones esenciales; sobre la honestidad de no hacer trampas y no doparse; sobre el compañerismo; sobre la libertad para ser uno mismo y no extraviarse, sobre el compromiso. Lecciones deportivas pero cargadas de filosofía, válidas para ser un buen ciclista, pero también para ser una buena persona, aspecto que es la base, el cimiento de todo, porque todo es lo mismo, que es lo que nos viene a decir Pablo. Una visión del ciclismo como metáfora de la vida, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados el autor en sus crónicas ciclistas.
En ese viaje al origen, a su sol de la infancia, no sólo se resaltan los valores que llevaron a Luis al éxito, los sueños victoriosos, sino que también se brinda un homenaje a los perdedores, a los sueños derrotados, y se hace en la figura de Pablo, quien, siendo un estudiante y un prometedor ciclista, tuvo que dejarlo todo, a punto de ser detenido, y huir. Su compromiso antifranquista se cobró su sueño de la bicicleta. A veces, parece querer decir el autor, en situaciones extremas, tomar partido, tiene un coste personal, pero es ineludible si uno es consecuente, si no es indiferente. Por la figura de Pablo desfila el exilio, el ambiente de los republicanos españoles en Francia, donde conoce a Pasionaria, Líster, Semprún, y el de los universitarios en un París efervescente, al que llega poco después de la ejecución del comunista Julián Grimau a manos del régimen franquista; y poco antes de la revuelta de mayo de 1968.
La conversación de aquel día iniciático trascurre en el bar del caserío del ciclista Txomin Perurena, un sitio real, donde las escenas ciclistas que pueblan las paredes, y las gestas de la vida de Txomin recordadas por Pablo, sirven para aleccionar al joven que quiere ser corredor. Las palabras entre el joven y el adulto, las lecciones de Pablo, se inspiran y nacen de las fotografías, los maillots y trofeos que adornan la tasca, y convierten al bar en un museo imaginario sobre Perurena, lo que parece un oportuno homenaje a ese campeón fallecido en el año 2023, y conforman un libro menor dentro del otro, como si fuera una muñeca rusa; una pequeña biografía de Perurena, breve pero jugosa, subsumida bajo la historia principal.
Entre Luis, que llega a convertirse en un ganador del Tour de France, y su tío Pablo, aquel día lejano, se crea una gran complicidad, sus consejos son claves y determinantes; y Luis, al rememorar su carrera, recuerda cómo lo iluminaron y empujaron en los momentos difíciles. Pero entre ellos también planea un misterio: la verdadera y oculta razón por la que Pablo tuvo que huir de España y abandonar su sueño de ser ciclista, que tiene que ver con una acción inserta en su actividad antifranquista, pero que no confesó al chaval en aquel día cero. Y que no se desvelará hasta el final de la obra, cuando vuelven a citarse en el mismo lugar donde todo comenzó, muchos años después, porque Pablo quiere revelar allí su gran secreto.
Una novela breve, pero sugerente, donde cada palabra y frase sirven a un cometido, y cuya calidad literaria le granjeó ser finalista en el I Certamen literario Caleidos arte.







