«¡A las barricadas!» Así terminaba Heidi Reichinnek, coportavoz de Die Linke en el Bundestag su discurso el miércoles, después de que la derecha y la extrema-derecha, por primera vez desde 1945 votaran conjuntamente en primera ronda una moción antinmigración, en la que de facto se suprime el derecho de migración y asilo en Alemania para personas extracomunitarias. Esta moción, que tuvo una mayoría con 348 votos a favor y 344 en contra, no habría prosperado si el partido de Sahra Wagenknecht (BSW), escisión conservadora y antinmigración de Die Linke, no se hubiera abstenido con sus nueve escaños, y hubiera votado en contra de la misma. Así, se convirtió en cómplice de que por primera vez desde 1945 se rompiera el cordón sanitario con la extrema derecha. Este cordón se rompió de nuevo el viernes, cuando de nuevo CDU/CSU, FDP, AfD y BSW buscaran ratificar la ley y sacarla adelante. Sin embargo, más de diez diputados de la CDU se ausentaron de la votación, impidiendo la aprobación final de la misma.
Decenas de miles de personas llevan saliendo a la calle desde hace días contra el plan antinmigración de Merz, líder de la CDU/CSU, en toda Alemania. El mismo día de la primera votación y al día siguiente, decenas de miles también se concentraron delante de la sede de los democristianos. Angela Merkel, en un comunicado como excanciller emitido en la página oficial de la cancillería, ha criticado duramente la actuación de su partido, al considerar que sienta un precedente peligroso contra la democracia.
El jueves Katharina Dröge, portavoz parlamentaria de Los Verdes, no descartaba que tras las elecciones del 23F, su partido cierre un pacto de gobierno con Merz y la CDU/CSU, pidiendo que «Merz vuelva al centro democrático». El propio líder democristiano hace semanas ya especuló con la posibilidad de este pacto negro-verde, al anunciar que volvería a colocar al líder de los Verdes, Robert Habeck, como ministro de economía de un potencial gobierno dirigido por él.
Todo esto es solo un paso más de la derechización general del espectro político en Alemania, donde Die Linke como fuerza parlamentaria es la única que se establece como polo contrario. El partido de La Izquierda, con Reichinnek y Van Aken a la cabeza, partía al inicio de la campaña electoral la segunda semana de enero con un 3% en las encuestas, lejos de la barrera del 5%. Sin embargo, en las últimas semanas el partido ha registrado miles de altas de afiliación (1.150 en als 24h siguientes a la mencionada votación en el Bundestag) y una energía nunca vista en la última década. La pregunta es si no será demasiado tarde. Varias encuestadoras sitúan a Die Linke ya en el 5% y Forschungsgruppe Wahlen la sitúa en un 8% de respuesta espontánea de las personas encuestadas, a la vez que deja fuera a liberales y la izquierda conservadora BSW, que muestra cómo un proyecto personalista no tiene futuro a medio y largo plazo.
La atmósfera de esta campaña electoral en Alemania tiene un aire, sin caer en lugares comunes, de momento histórico. AfD en auge llama a la puerta de ganar las elecciones, mientras la CDU pierde a la vez que radicaliza su discurso hacia la derecha. Socialdemócratas y Verdes se ven como potenciales aliados de una CDU mucho más derechizada que en la era Merkel y, a la vez, empieza a surgir en la calle un movimiento de masas de resistencia ante el auge del fascismo. Del 23F saldrá seguro un gobierno de derechas, eso se da por descontado. La pregunta es si la fuerza de la calle será suficiente para generar un polo que resista los embates que llegan desde dentro de Alemania y también a nivel global. Por eso, ¡a las barricadas!







