La historia reciente de Venezuela es un testimonio de resistencia y transformación social. Desde la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999, el país suramericano ha estado en el epicentro de un proceso revolucionario que ha priorizado a las mayorías populares y enfrentado los embates de las élites nacionales e internacionales.
La exitosa toma de posesión de Nicolás Maduro el pasado 10 de enero marca un punto y seguido en la Revolución Bolivariana. A pesar de que la oposición aseguró que tomarían medidas para evitar la asunción del poder, lo cierto es que sus medidas no pasarón de una reducida movilización el día 9 de enero.
El ascenso de Chávez y el sueño bolivariano
La llegada de Hugo Chávez a la presidencia marcó el inicio de un proceso político conocido como la Revolución Bolivariana. Desde su primer mandato, Chávez impulsó un conjunto de reformas que transformaron profundamente a la sociedad venezolana. Programas como las “Grandes Misiones Bolivarianas” llevaron salud, educación y vivienda a sectores históricamente excluidos. Gracias a la nacionalización de recursos clave como el petróleo, el gobierno financió estos programas, logrando avances significativos en indicadores sociales como la reducción de la pobreza y la disminución del analfabetismo.
Este compromiso con el bienestar de las mayorías generó una rápida reacción de las oligarquías locales y de los intereses internacionales, especialmente de Estados Unidos, que veían amenazados sus privilegios. Golpes de Estado, sabotajes económicos y sanciones se convirtieron en herramientas recurrentes para intentar frenar el avance del proyecto bolivariano. Sin embargo, el pueblo venezolano ha demostrado una y otra vez su capacidad de resistencia, respaldando democráticamente a sus líderes y reafirmando su soberanía.
La muerte de Chávez, la caída de los precios del petróleo y el agravamiento de las sanciones ha sido el escenario en el que ha tenido que moverse Nicolás Maduro —conductor de autobús de profesión y formado políticamente en Cuba— como presidente desde su llegada al Palacio de Miraflores en 2013.
En este contexto de resistencia permanente, el 28 de junio de 2024, el pueblo venezolano volvió a acudir a las urnas para elegir a su presidente. En una jornada electoral caracterizada por la alta participación y el civismo, Nicolás Maduro fue reelegido con un 51,9% del voto, más de seis millones de papeletas, frente al 43,18% de la oposición, encabezada por Edmundo González Urrutia. Este resultado chocó con los intentos de deslegitimación por parte de la oposición y de potencias extranjeras como EE.UU., que desde el primer momento aseguraron que harían “todo lo posible” para evitar el tercer mandato de Maduro.
El discurso opositor, liderado por sectores que intentaron replicar el fallido experimento de «gobierno interino» de Juan Guaidó, no logró empañar la contundente decisión del pueblo. Durante la campaña, la candidatura opositora de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado agitó la narrativa de crisis, prometiendo solicitar una intervención extranjera en caso de ser necesario. Esta propuesta polarizó a la sociedad venezolana y evidenció la falta de consenso en el seno de la oposición.
Sin embargo, el 10 de enero de 2025, Nicolás Maduro tomó posesión de su cargo en una ceremonia desarrollada en un ambiente de normalidad y celebración popular, reafirmando que en Venezuela la democracia no solo se defiende, sino que se ejerce.
La agenda de Maduro: profundización de la democracia bolivariana, elecciones y mundo multipolar
Con la continuidad del proyecto bolivariano, el presidente Maduro ha anunciado una ambiciosa agenda para los próximos años. Uno de los puntos más destacados es la propuesta de reformar la Constitución de 1999. Este proceso buscará «profundizar la democracia bolivariana», fortaleciendo los mecanismos de participación ciudadana y avanzando en la consolidación de un modelo que pone en el centro a las comunidades organizadas.
En palabras de Maduro, esta reforma no solo garantizará más derechos para el pueblo, sino que también será un escudo frente a las agresiones externas. La inclusión de nuevas herramientas de democracia directa y la ampliación de las competencias de los consejos comunales serán pilares fundamentales de esta transformación.
En su discurso de investidura, Maduro también enfatizó la necesidad de avanzar hacia un mundo multipolar y multicéntrico, basado en el multilateralismo, el respeto a la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos. La apuesta por la integración latinoamericana y la defensa de Palestina han sido dos constantes de la diplomacia bolivariana.
Además, en contraste con las narrativas promovidas por los grandes medios de comunicación, que insisten en presentar a Venezuela como una «dictadura», el país celebra elecciones con una frecuencia que desmiente tal calificativo. Este 2025 será un ejemplo contundente: el calendario electoral incluye nueve procesos democráticos, que van desde elecciones comunales hasta legislativas, regionales y municipales.
Esta intensa actividad electoral refleja el compromiso del gobierno bolivariano con la participación ciudadana y la descentralización del poder. Para Maduro, «el pueblo es el protagonista de la revolución, y cada voto fortalece nuestra soberanía frente a las agresiones externas». En un mundo donde las democracias tradicionales enfrentan crisis de representatividad, el modelo venezolano se presenta como una alternativa que, aunque imperfecta, sigue apostando por la inclusión y el empoderamiento popular.
Las sanciones y la resiliencia económica
Entre 2013 y 2024, las sanciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados causaron una contracción del 70% del PIB venezolano, generando una de las crisis económicas más severas en la historia del país. Estas medidas coercitivas afectaron la capacidad del gobierno para importar alimentos, medicamentos y tecnología, y limitaron el acceso a los mercados financieros internacionales.
Venezuela demuestra que, a pesar de los obstáculos, es posible construir un camino propio basado en la soberanía, la inclusión y la participación popular
A pesar de este contexto adverso, el gobierno de Maduro ha impulsado un proceso progresivo de recuperación económica. Este avance se ha basado en el desarrollo de la producción nacional, la recuperación parcial de la explotación petrolera y el establecimiento de alianzas internacionales con países como China, Rusia e Irán. Estas estrategias han permitido al país estabilizarse parcialmente y avanzar hacia un modelo económico más diversificado.
Con todo, no es menos cierto que la crisis económica de los últimos años ha generado un retroceso generalizado de los indicadores económicos y sociales, así como un importante proceso migratorio. Sería contrarrevolucionario negarlo. El chavismo también ha perdido músculo electoral y militante por el camino; los seis millones de votos el 28 de julio contrastan con los más de siete millones y medio con los que Maduro se impuso en 2013. Sin duda, la injerencia y la inestabilidad inducida tienen todo que ver. Pero el gran reto del chavismo debe ser coger el toro por los cuernos y, poniendo en el centro las necesidades de la clase trabajadora, recuperar el terreno perdido.
Reflexiones finales
La situación política de Venezuela sigue siendo un espejo de las tensiones globales entre quienes luchan por la justicia social y quienes buscan perpetuar un modelo de dominación. El triunfo electoral de Nicolás Maduro y la continuidad de la Revolución Bolivariana son una victoria no solo para el pueblo venezolano, sino también para todos los que creen en un mundo más justo y solidario.
En un 2025 cargado de desafíos y oportunidades, Venezuela demuestra que, a pesar de los obstáculos, es posible construir un camino propio basado en la soberanía, la inclusión y la participación popular. La Revolución Bolivariana sigue adelante, y con ella, la esperanza de un futuro mejor para los pueblos de Nuestra América.
Falta por ver el impacto que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca pueda tener. Durante su primer gobierno ya se experimentó un aumento de las medidas unilaterales coercitivas; Venezuela sufrió pero resistió.







