La dinámica de progreso que recorre América Latina tras la recuperación de las ideas emancipadoras deja a Colombia y a su extremista presidente Uribe acorralados con el único apoyo de Estados Unidos y la asesoría de agentes terroristas secretos de Israel. La presión desde Venezuela, Ecuador, Bolivia, etc., y de la opinión internacional para iniciar la liberación de rehenes de las FARC y el ulterior intercambio humanitario ponía en evidencia la postura contraria a la paz de Uribe. Con el fin de impedir tal proceso, Uribe, asesorado y ayudado por Estados Unidos, lleva a cabo el asesinato de Raúl Reyes (Luis Edgar Devia Silva, 1948-2008) en territorio de Ecuador, cerca del departamento de Putumayo a menos de 2 kms de la frontera. En primer lugar lanza un bombardeo aéreo nocturno sobre la base de las FARC, base sin ningún tipo de actividad militar -en la práctica era una zona tácitamente liberada y respetada por los gobiernos, de hecho el ataque se hace mientras duermen, sin ningún tipo de defensa o vigilancia especial- y posteriormente se realiza una incursión de tropas colombianas para rematar a los supervivientes y retirar los cadáveres que serán a su vez expuestos en Bogotá al estilo de lo que se hizo con el Ché en 1967.
Raúl Reyes estuvo en España varias veces, una de las últimas fue en el año 2000 con motivo del proceso de diálogo que tuvo que abrir Andrés Pastrana el año anterior, 1999, al comprometerse a ello en plena campaña electoral con Manuel Marulanda. Recuerdo la exposición que en un debate hicieron ambos representantes, Raúl Reyes como portavoz de las FARC y Fabio Valencia, por el gobierno, aprovechando una gira por Europa de la Mesa de Negociación y Diálogo del Gobierno de Colombia y de las FARC-EP. Conviene recordar que aquella visita tenía como contexto la invitación del Presidente del Gobierno, Aznar, y del Presidente de la Generalitat valenciana, Eduardo Zaplana, para conmemorar en Benidorm los 40 años de la firma del acuerdo de ese nombre entre liberales y conservadores que acabó con la dictadura de Gustavo Rojas Pinillas. Es verdad que España formaba parte del conjunto de países que acompañó ese proceso de paz, junto con la Unión Europea. De aquella gira por Europa de la Mesa de Negociación dos cosas resultaron evidentes: 1ª) que era posible la solución negociada puesto que había bases para el diálogo y la solución de los problemas puestos encima de la Mesa, y 2ª) que a la vez resultaba imposible tal diálogo a causa de la agresiva interferencia de Estados Unidos con su Plan Colombia, y su presión para abortar tal iniciativa fruto de las FARC y de la opinión pública colombiana sobre Andrés Pastrana. Hasta tal punto era posible la paz que en varias de las reuniones que mantuvieron los miembros de la Mesa en Europa, así como en España, acababan, todo un símbolo, cantando juntos aires colombianos y por la paz.
La segunda vez que estuve con Raúl Reyes fue en San Vicente del Caguán, en la zona desmilitarizada de Colombia por Pastrana, al año siguiente, 2001, con ocasión de una visita oficial que la Comisión del Parlamento Europeo de relaciones con América Latina hizo para comprobar el avance de las conversaciones para la paz. En esta ocasión la delegación del Parlamento Europeo tuvo una reunión con la plana mayor de las FARC, incluyendo a Manuel Marulanda, además de Raúl Reyes. Por parte europea estaban entre otros el presidente de la Comisión, el socialista Rolf Linkhor, los diputados del Partido Popular, Fernando Fernández y José Ignacio Salafranca, y yo mismo como Vicepresidente primero de dicha Comisión.
Aparte de las vicisitudes propias de una visita en zonas selváticas, lo más importante de dicha reunión fue la claridad y contundencia de la propuesta de diez puntos de las FARC para conseguir la paz en Colombia, que en la práctica era aplicar a ese país los principios democráticos imperantes en Europa: con una reforma agraria para eliminar las injusticias hacia los campesinos y así evitar por una parte su exterminio por los paramilitares y el que tengan que recurrir al cultivo de la coca con fines de narcotráfico; una reforma constitucional para garantizar las libertades y entre ellas la de partidos y la de los sindicatos puesto que el asesinato de miles de militantes de izquierdas y de sindicalistas cada año está a la orden del día; una reforma de la justicia para perseguir a los paramilitares y narcotraficantes así como a la corrupción galopante; una reforma de la imposición fiscal para asegurar una redistribución de la riqueza; una efectiva separación de poderes, etc. Ninguna mención a una supuesta nacionalización o estatalización de la sociedad colombiana.
En esta reunión Raúl Reyes mostró sus temores sobre la falta de decisión política por parte del gobierno de Pastrana al estar presionado por Estados Unidos y su Plan Colombia de intervención militar en la región. Ya entonces salió a relucir el secuestro de Ingrid Betancourt y el de otros diputados colombianos junto a nuestro interés por su liberación y la respuesta de las FARC de participar en la solución de este contencioso en forma de un acuerdo humanitario global.
Precisamente en lo que estaba ocupado Raúl Reyes los días anteriores a su asesinato era gestionar la liberación de más rehenes, entre ellos Ingrid Betancourt. Y por eso mantenía conversaciones con Chávez y con Nicolas Sarkozy para fijar los mecanismos y condiciones de su liberación. El terrorismo de Estado de Uribe y Estados Unidos en suelo ecuatoriano al asesinar a Raúl Reyes tiene un doble objetivo: 1º) por una parte interrumpir tal liberación unilateral por parte de las FARC y así quitar presión internacional contra Uribe forzado a una negociación humanitaria con las FARC para la liberación de rehenes y prisioneros, y 2º) por otra, llevar adelante una escalada militar estadounidense en la región dentro del Plan Colombia, puesto que es la zona más importante de América del Sur al albergar la mayor bolsa de petróleo, clave para sus intereses (doctrina de la «seguridad nacional») y sobre los que Venezuela tiene la llave. Esta militarización implica necesariamente el enfrentamiento entre Colombia y sus países vecinos, sobre todo Venezuela.
Sigue la estrategia del terror impulsada por el Departamento de Estado de Washington para impedir a toda costa que haya solución negociada y pacífica en Colombia.
* Miembro de la
Comisión Permanente del PCE






