Las luchas de las mujeres por derechos y por vidas dignas han estado a menudo invisibilizadas por la historia que escriben los hombres. Uno de los últimos y evidentes capítulos se ha dado con motivo de la película El 47. Gracias a las luchas feministas, muchas mujeres hemos comenzado a estudiar e investigar sobre el pasado, para saber cuál ha sido el papel de las mujeres en la consecución de los derechos democráticos. En una de esas investigaciones, unos días después de entrevistar a Daniel y Violeta Lobato Bellido, hijos de Dulcinea Bellido Carvajal para conocer quién era su madre, Daniel me escribió para decirme que había encontrado una cinta de vídeo entre las cosas de su madre y que esa cinta contenía una película sueca en la que entrevistaban a mujeres españolas que luchaban contra el franquismo. La cinta debió ser rodada entre 1974 y 1976 y fue emitida por la tv sueca en dos capítulos en 1976. Entre las entrevistadas en la cinta sueca dirigida por Margareta Hjelm, Mujeres en lucha, además de Dulcinea, sale Maruja Ruiz Martos, militante del PSUC y de CC.OO. y activista vecinal en Torre Baró, lo que luego se ha conocido como los Nou Barris. Tras ver la película sueca decidí hacer una segunda parte, buscar a las mujeres que todavía estaban vivas y entrevistarlas para saber de sus vidas, casi cincuenta años después. Así fue como entró en mi vida la camarada, luchadora, Maruja Ruiz Martos. Maruja es una mujer arrolladora, divertida, enérgica, vital y profundamente consciente de su labor como luchadora por el bienestar y por las vidas dignas de los y las comunes. En la entrevista que le hice para Por mí y por todas mis compañeras. Mujeres en lucha (2019) habla de su trayectoria política, de sus luchas en su barrio para tener desde agua potable hasta líneas de bus; luchas en las que llegaron a secuestrar autobuses para conseguir líneas que dieran servicio a los y las vecinas de Torre Baró; luchas en las que las mujeres y los niños de los trabajadores en huelga de Motor Ibérica ocuparon la iglesia Sant Andreu durante 28 días, todo un ciclo menstrual, para exigir que no hubiera despidos, sanciones ni represalias en una de las huelgas más largas de la Transición. En todas esas luchas Maruja Ruiz Martos fue una pieza fundamental en la organización colectiva de las mismas, constituyendo ella en sí misma un valor de memoria democrática al que acudir necesariamente para saber. Tanto es así, que a finales de enero de 2025, en la semana en la que se cumplían ochenta y seis años de la ocupación de la ciudad de Barcelona —así como de la propia Universidad— por las tropas franquistas, la UB homenajeó a cinco sindicalistas represaliados por el régimen franquista que lucharon por las libertades y por la democracia desde el movimiento sindical y también social y vecinal. Entre las personas que obtuvieron ese merecido reconocimiento público con la entrega de una placa conmemorativa estaba Maruja Ruiz Martos, luchadora del PSUC, de CC.OO. y del movimiento vecinal de la ciudad. Converso con ella de nuevo para que explique su trayectoria para Mundo Obrero.
Carmen Barrios: La Universidad de Barcelona te entregó una placa en la que te reconoce como luchadora por las libertades políticas y sindicales, ¿a qué sabe este reconocimiento Maruja? Por cierto, que me encantó verte recoger el premio de reconocimiento ataviada con una kufiya palestina.
Maruja Ruiz: Me entregaron una placa. Me satisface que una universidad como la de Barcelona, la UB, haya tenido en cuenta mi trayectoria, como la de muchas otras personas en aquel momento y hoy siguen siendo anónimas.

Carmen Barrios: ¿Cómo ha sido todo ese camino recorrido que está implícito en el reconocimiento? Primero, ¿quién es Maruja Ruiz Martos y cómo y cuándo llegas a Barcelona?
Maruja Ruiz: Vine al mundo el 21/11/1936 en Guadix, Granada (cumplo años el mismo día que Julio Anguita)…
Soy hija de un comunista encarcelado con solo 19 años, condenado a muerte y que con suerte estuvo 12 años preso. Mi madre me pario con 19 años, y al poco de nacer yo la detuvieron y estuvo 8 años presa simplemente por ser la mujer de un comunista. Me quedé con mi abuela que tenía 10 hijos, y para amamantarme le quitó el pecho a una hija de 13 meses. Me escolarizaron y me echaron enseguida por ser la hija de un comunista encarcelado. Todas esas situaciones me marcaron mucho a esa temprana edad.
A mi madre no le daban trabajo tras salir de la cárcel, por lo que se juntó con un terrateniente de 60 años —teniendo ella 27— para garantizar la alimentación de su hija, de sus 10 hermanos y de su madre. La situación llegó a ser inaguantable, porque él no quería —palabras textuales— “mantener a la hija de un comunista”, y al resto de la familia, teniendo mi madre que robarle comida para mantenernos. En 1949 mi madre decide venir a vivir a Barcelona conmigo y mi hermana —que había nacido de esa relación y tenía en ese momento 3 años— al no ser posible la convivencia con este señor, ya que recibía palizas diarias por parte de él.
Llegamos a Barcelona a la estación de Francia, yo tenía 13 años, y un sinvergüenza engañó a mi madre y le sacó todo el dinero diciendo que le conseguía una vivienda, y nos metió en la calle la Acera en una habitación de una pensión. Al día siguiente la señora de la pensión nos dijo que o pagábamos o nos echaba. Nos vimos en la calle.
Ante esta situación, a mi madre, mi hermana de 3 años y a mí nos recogió una familia de Guadix, que hacía unos años que estaban en Barcelona en una barraca.
Carmen Barrios: Imagino que tanta dureza te va marcando y creando conciencia, ¿cuándo entras a militar en el PSUC? Explícame cómo era una célula y las cosas que allí se acordaban. ¿De las reuniones de la célula salían las propuestas de acción vecinal, por ejemplo? ¿Cómo recuerdas esa lucha clandestina por derechos de dignidad social?
Maruja Ruiz: El Nando, mi marido, trabajaba en Motor Ibérica desde el 1960. Y aunque en ese momento no militaba en el partido, ya estaba en el sindicato vertical con los camaradas formando CC.OO. En 1970 empieza a militar en el PSUC. Y yo sin militar, al tener contacto con la gente del PSUC empezamos a formar las asociaciones de vecinos, y en 1971 comencé mi militancia.
«En la célula se discutían los problemas de los barrios, de las fábricas, del transporte, etcétera, y se consensuaban las acciones que se llevarían a cabo y se trasladaba luego a la acción»
Al ser los dos del partido, las reuniones de célula se hacían en casa, ya que la gente, a veces no se fiaba ni de su pareja. También se hacían a veces en iglesias. Y eran compuestas de un núcleo muy reducido de personas, donde el responsable de la célula era el que tenía el contacto directo con el Partido.
En la célula se discutían los problemas de los barrios, de las fábricas, del transporte, etcétera, y se consensuaban las acciones que se llevarían a cabo y se trasladaba luego a la acción.
Carmen Barrios: ¿Cómo recuerdas esa lucha clandestina por derechos de dignidad social?
Maruja Ruiz: Dura, con miedo, y sintiendo rechazo por parte de gente del barrio, que era donde me movía, ya que salía muchas noches a hacer pintadas, a tirar octavillas, etcétera, y muchos pensaban que era prostituta.
Hay un momento que ya la lucha es más abierta y es cuando se hacen las manifestaciones por los semáforos, por zonas verdes, escuelas, viviendas, guarderías…
Carmen Barrios: Y en CC.OO., ¿cuál es tu relación con el sindicato? Explícame cómo se produce la ocupación de la iglesia de Sant Andreu en 1976 y cuál es su desenlace.
Maruja Ruiz: Cuando a Nando, después de echarlo de Motor Ibérica entra en la Seat, y a los 14 días lo echan por comunista, a su vez habían echado a otros y organizamos el encierro de Seat, de mujeres y niños, en este caso solo duró 3 días en la Iglesia de Santa Engracia del barrio de Prosperitat. En 1976 Motor Ibérica va a la huelga porque despiden a 1.800 trabajadores y la huelga exigía la amnistía de todos los despedidos de la empresa entre los que estaba Nando.
Dado que esa huelga después de meses no salía en los medios de comunicación —era una huelga silenciada— me fui a la asamblea de los trabajadores y propuse que podíamos movilizarnos las mujeres de los trabajadores. Después de manifestarnos nosotras como mujeres de trabajadores afectados y estar más de un mes en las calles sin lograr nada, en otra asamblea de los trabajadores en la que todos eran hombres, propuse el encierro solo de mujeres y niños. Siendo la propuesta valorada de forma positiva.
«En el encierro para exigir la amnistía de los despedidos de la empresa Motor Ibérica en 1976 estuvimos 300 personas entre mujeres y niños 28 días encerradas… un grupo especial de antidisturbios además de pegarnos destrozaron todo lo que estaba en su camino… no se logró la amnistía, sí la readmisión de algunos despedidos»
Estuvimos 300 personas entre mujeres y niños, 28 días encerradas, aunque desde luego nunca pensábamos estar tanto tiempo, porque fue un desgaste tremendo.
Se logró el mayor encierro en cantidad de personas, y en días, y sobre todo fue el primero solo de mujeres y niños.
En el día 27 el cura de la iglesia nos avisó que el Obispado le había comentado que la policía iba a entrar en la iglesia. Los que entraron era un grupo especial de antidisturbios donde sacaron toda su mala leche y además de pegarnos destrozaron todo lo que estaba en su camino.
Se consiguió la readmisión de algunos despedidos, no se logró la amnistía y a mí me denunció Motor Ibérica por llevar la chaquetilla de los trabajadores cuando yo no lo era.
(Conviene recordar que las mujeres llevaban las chaquetillas de Motor Ibérica sin nada debajo, por lo que si se las quitaban, tal como exigió la policía, quedaban con los pechos al aire. Esto lo explica Maruja Ruiz en la película documental que dirigí. Es importante recordarlo porque las mujeres han usado —y usan todavía— su cuerpo desnudo como elemento de lucha en muchas ocasiones en España. Cuando no tenemos nada con lo que protegernos, la piel desnuda es un escudo vivo contra las injusticias y las violencias).
Carmen Barrios: En cuanto a tu activismo vecinal, me puedes relatar cuáles han sido las principales luchas en las que has participado.
Maruja Ruiz: Voy por partes, porque los secuestros de los autobuses son una parte de todas las luchas vecinales que hemos tenido que realizar.
—Luchamos para evitar la construcción de una planta asfáltica, ya que contaminaba mucho, y en ese terreno al final conseguimos un Ateneo Popular.
—Luchamos para conseguir semáforos en el barrio. Por falta de ellos hubo muertos, y estuvimos cortando las vías rápidas para conseguirlos. 21 días tardaron en poner un solo semáforo.
—Luchamos para conseguir zonas verdes. Empezaron a edificar y para que no lo hicieran dormíamos en tiendas de campañas para reclamarlas, por una zona verde estuvimos más de un mes durmiendo en la calle.
—Para conseguir el Casal de la gente mayor de la Generalitat estuvimos luchando más de 17 años, desmontando grúas por las noches para que no siguieran las obras de pisos. Y por el día no dejar a los trabajadores trabajar.
—Luchamos para erradicar barracas e infraviviendas. Se pedían viviendas dignas para los barraquistas y transporte digno. Aquí fue cuando se rapto el autobús línea 11 (eso fue hacia 1974), que lo llevamos desde el barrio hasta el centro a la puerta del Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat. En este caso, cuando estábamos en el Ayuntamiento, la policía me detuvo junto con otros compañeros. Además de cortar calles, asambleas… 10 años para conseguirlas. También hubo otro secuestro de bus para conseguir la línea 12.
—Bloque fantasma. Eran tres edificios juntos. Estaba construido en una riera, además se dio permiso por parte del Ayuntamiento para construir y no constaban en ningún plan urbanístico, es decir, eran ilegales (esto sucedió antes de los Ayuntamientos democráticos). Se derrumbó uno y se exigió que se les diera viviendas a todos, ya que iba a pasar por la zona de las rondas. Nos manifestábamos cada día y un día vino la policía especial y solo éramos mujeres y niños, empezaron a pegar y me rompieron las cervicales además de detenerme. Denuncié a la policía y a los 5 años conseguí llevarlos a juicio. Ese cuerpo especial lo disolvieron después del juicio.
—Cierre del Sanatorio Mental Doctor Pi Molist. Nos encadenábamos cada día para que no sacaran a los enfermos del hospital, ya que para ellos el cambio era muy perjudicial para su enfermedad.
—La campaña del agua. Fue una reclamación por la que estuvimos 10 años de lucha. Sin pagar a la compañía directamente, porque se habían incluido en la factura impuestos del Ayuntamiento, la Diputación y la Generalitat. Y la compañía decidió ir cortando el suministro aleatoriamente y la responsable de dar el agua era yo, que había conseguido a través de los trabajadores de la compañía —que eran de CC.OO.— que me enseñaron y me facilitaron una llave maestra. El consumo de agua se ingresaba en una cuenta de los juzgados. Hasta que la compañía ya no aguantó la situación y decidió llegar al acuerdo de cobrar y no incluir esos impuestos en la factura.
«Ninguna lucha en aquel momento era de forma individual, el partido (PSUC) estaba en todos los movimientos sociales y CC.OO. también»
Carmen Barrios: Veo que las luchas en las que has participado han sido muchas y variadas, también has mencionado los secuestros de autobuses. Cuando vi la película El 47 me llamó mucho la atención la invisibilización del papel del PSUC y CC.OO. en las luchas de esa época en el barrio de Torre Baró. También me sorprendió la invisibilización de las luchas de mujeres como tú y que se redujera a una pelea individual de Manuel Vital toda esa lucha vecinal colectiva. ¿Cómo te sentiste al ver la película? ¿Qué crees que hubiera pensado Vital?
Maruja Ruiz: Nos indignamos, porque ninguna lucha en aquel momento era de forma individual, el partido estaba en todos los movimientos sociales y CC.OO. también. En las luchas vecinales participaban mayoritariamente las mujeres, ya que los hombres estaban fuera de los barrios trabajando en empresas.
Vital no hubiera permitido que se emitiera esa película sin que en ella se viera reflejada la labor del PSUC y de CC.OO. El comunista de siempre, militante hasta el fin de sus días, tuvo conciencia de clase y siempre decía que las luchas eran colectivas, jamás individuales. Nosotros tuvimos la suerte de convivir con él y luchar a su lado y sabemos lo que sentía.
«El comunista de siempre, militante hasta el fin de sus días, tuvo conciencia de clase y siempre decía que las luchas eran colectivas»
Carmen Barrios: De todas las cosas conseguidas en estos años de lucha social y vecinal, ¿de cuál te sientes especialmente orgullosa?
Maruja Ruiz: De todas, porque todas han sido necesarias.
Carmen Barrios: Has participado o participas todavía en colegios e institutos de tu barrio dando charlas sobre valores democráticos a los alumnos y alumnas, ¿cómo ves a las nuevas generaciones?
Maruja Ruiz: Sí, voy a colegios. Veo a los chicos y chicas un poco perdidos, faltos de valores y no tienen conciencia de lo que se ha luchado para llegar a conseguir lo que tenemos. Hablo en general, porque dentro de nuestro partido y fuera también hay jóvenes comprometidos y con la convicción de que otro mundo es posible.
Carmen Barrios: Para finalizar, desde tu punto de vista, ante este repunte del ideario fascista y su crecimiento electoral, ¿cómo ves el futuro inmediato? ¿qué crees que se puede hacer para frenarlo?
Maruja Ruiz: Para frenar a la derecha la única salida que tenemos es organizarnos, hacer un frente común. Estar afiliados a los sindicatos, en nuestro caso a CC.OO., y para terminar como dijo Fidel: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo”.







