Apostamos sin duda por una Europa como potencia de la Paz

¿Guerra?, ¿qué guerra?

La dicotomía es si vamos a pagar un rearme como potencia colonial, o vamos a invertir tiempo y esfuerzos en pacificar Europa y reclamar una verdadera justicia internacional que evite los conflictos
"Crisis?, What Crisis", portada del cuarto álbum del grupo musical británico Supertramp
"Crisis?, What Crisis", portada del cuarto álbum del grupo musical británico Supertramp

Sí que debemos mantener sospechas sobre lo que hoy entendemos por “política”. Porque la política ha derivado en lo que hace el “especialista” en política, no aquella persona que participa en la “polis”. Porque esta especialización hace inaccesible al pueblo lo fundamental de la política: el poder es un juego de unos pocos. Porque los intereses personales se convierten en teoría política. Porque el poder no está en manos de “lo político”. De hecho, en la sociedad capitalista, la política es el juego que se deja a los pringaos que se creen Maquiavelo (con el respeto que deberíamos conservar por este autor, pero esto se refiere a la imagen negativa que la Iglesia extendió de su obra) y que consiste tan solo en gestionar lo que se decide en el poder económico —para que nadie se enfade, estoy pensando en Andreotti—. Mientras, es el verdadero poder, el económico, el que manda, siendo el político un mero títere.

Esto funciona en lo cercano. ¡Cómo será en lo que es lejano y que no conocemos!

Para la clase trabajadora la política internacional es confusa, incomprensible, lo mismo que es la imposibilidad de conocer las características y necesidades de cada uno de los países.

¿Cómo podemos alcanzar, nosotras, trabajadoras y trabajadores, alguna certeza sobre la política internacional? Desde la creación de la Internacional, el conjunto de la clase podía mirar al análisis que se hacía para tener un horizonte. Pero después de cuatro Internacionales, del hundimiento de la URSS, de la desaparición de cualquier referencia, excepto la críptica República Popular China, desaparece cualquier certidumbre alternativa al capital.

¿CÓMO CONOCER LA POLÍTICA INTERNACIONAL?.

Como cada vez que te enfrentas con una realidad confusa, con múltiples interpretaciones, con dogmas que te llegan como verdades inmutables, lo más útil es la utilización de la “duda metódica”, al modo en que Descartes afrontó la realidad.

Podemos dudar de todo lo que se nos presenta, pero, ¿existe algún punto que sea incuestionable y que nos sirva de patrón? Mientras dudo de todo, hay algo que se me aparece claro y distinto: que soy trabajador. Que sea trabajador explica no sólo mi actividad, sino mi sitio en el sistema productivo y en el mundo.

Como trabajador constato que, excepto en momentos revolucionarios, la clase a la que pertenezco no ha proclamado nunca la guerra. Que la guerra responde a otros intereses, a los de la élite. Sin embargo, somos los de mi clase los que muy mayoritariamente ponemos los muertos, mientras que las élites ponen los héroes y en ellas queda el beneficio. Porque las deudas de guerra nos ahogan a la mayoría e impone que las guerras y las posguerras dañen a varias generaciones.

En la situación actual, en la que EE.UU. de Trump impone nuevas realidades, debemos pararnos para ir desgranando en qué consisten.

“Podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. Esta fue la campaña de Trump en 2016. No es el desprecio de la vida humana en general, sino el desprecio al pringao al que puede matar y no pasar nada, que seguro que no será un miembro de la élite, ya que la élite se protege.

El peligroso Elon Musk sólo habla de guerra. Guerra Civil en EE.UU. o Gran Bretaña en torno a la cuestión racial. La III Guerra Mundial, no sé a causa de qué futurismo. Elon es el representante más miserable de una élite que ha llegado a la conclusión de que en este planeta sobra la clase trabajadora. Si los fascistas italianos tuvieron a “los futuristas” como referencia cultural, el futurismo más asesino hoy lo representa Elon, nuestro Elon. No sólo desarrolla la tecnología que debe sustituir a la clase trabajadora, la tecnología que manipula a la masa, sino también la tecnología para que una pequeña élite siga la fiesta en otro planeta. Si la élite nos quiere abandonar, ¿por qué no abandonamos nosotras y nosotros a la élite?

Todas estas consideraciones han sido hechas antes de las elecciones que han devuelto a Trump a la Casa Blanca. A él y a un grupo de asesinos. La guerra es rentable y en el Despacho Oval disfrutan de este espectáculo. No debemos dejar de insistir en que la visión que la élite tiene del mundo es el desprecio a quien no es de su clase, un desprecio que se parece mucho a la eliminación del otro. Sea palestino, ucraniano, panameño, mexicano…. Escribo esto en el momento en que Trump y Putin se van a repartir las riquezas de otro país en guerra y junto a Netanyahu amenazan con la destrucción total del pueblo palestino.

LA REBELIÓN DE LOS RICOS

Esta es la característica principal del actual reinado de Trump. Los ricos han dicho algo así como “se acabó el disimulo”. ¿Por qué van a seguir permitiendo que la sociedad pueda legislar a veces en su contra? No deben existir límites laborales, medioambientales, sanitarios, de transparencia, o cualquier otra tontería “woke”. Si son los que mandan y no tienen en frente ninguna oposición digna de su nombre, no tiene sentido las concesiones hechas tras la II Guerra Mundial.

El primer elemento a tener en cuenta es la destrucción de las organizaciones internacionales que surgieron de la guerra. Aclaremos. Desde la barbarie de la I Guerra Mundial (una masacre que no se producía lejos, sino en la casa europea), los diferentes países han perseguido instituciones que aglutinaran a todas las naciones y pudiera sustituirse la guerra por el acuerdo internacional. La Liga de las Naciones, el primer intento, fue un fracaso ante Hitler y Mussolini, como bien sabemos los españoles en el caso de nuestra guerra. Pero la ONU no ha tenido unos resultados mejores. En caso contrario, se hubiera acabado hace décadas con el bloqueo de Cuba (votada insistentemente en su Asamblea), las saharahuis habrían celebrado su referéndum de independencia, Palestina sería un Estado, no se hubiera producido la invasión de Iraq por EE.UU., España e Inglaterra, entre otros.

Lejos ya la memoria de estos grandes conflictos, los ricos que ordenan nuestras vidas han decidido que este no es el orden correcto. Que debemos volver a hace más de un siglo, cuando existían imperios reconocidos, que competían entre ellos o colaboraban según el interés de sus élites. Es lo mismo que están haciendo con la democracia liberal, ya que son más conscientes que nadie que ésta es un tipo de democracia formal, que la economía no es regulada por los intereses populares, que el beneficio es intocable. Y quieren deshacerse de este envoltorio, que tiene tanta fuerza ante ellos como la tiene la ONU. La democracia liberal ha pretendido ser la parte amable del capitalismo. Pero es que ya no hay amabilidad que valga.

¿DE QUÉ ATAQUE NOS TENEMOS QUE PROTEGER?

Desde la perspectiva en la que nos podemos situar, vemos tantas cosas inconexas que parece un caos. Es importante elegir los elementos que son principales, como las vigas que sostienen el edificio.

Trump ha adoptado la estrategia política de Nixon, en palabras de Kissinger: parece que está loco y que puede hacer cualquier cosa. También la opinión pública mundial irá agotando esta tendencia, pero por ahora, es un elemento de distorsión.

Los Republicanos yanquis han proclamado el final de la globalización, ante el peligro de ser superados por China. Estamos ante un repliegue dentro de su frontera (aranceles), que está por ver si consigue hacer volver las fábricas a EE.UU., cosa dudosa, ya que la ventaja competitiva de los sueldos y costes de otros países lo hace cuestionable, así como que pueden contar con un mercado más amplio que los propios EE.UU.

Se discutirá si estamos volviendo a un nuevo imperialismo o no. En principio, ¿acaso EE.UU. no ha funcionado desde el siglo pasado como un imperio? ¿Qué diferencias hay? Escuchando a Trump y a su vicepresidente Vance (en su viaje a una base militar en Groenlandia), podemos concluir que conciben el mundo como dividido en “potencias”. Es de suponer que en esa denominación influye el tener la bomba atómica, aunque no sólo. Hoy, si rastreamos el discurso, comprobamos que las potencias son EE.UU., Rusia, China e Israel.

Son potencias que están reclamando su “espacio vital”. Rusia y los países que antes compartían la URSS. EE.UU. controlando el sur y el norte de su frontera. Israel,…. Y China queriendo recuperar su territorio de Taiwan.

Son “potencias” colonialistas. De hecho, su actuación con el resto de países es colonialista. Mantengo que la política china no aspira a colonizar, pero sigamos con lo que oímos.

Trump aspira a acuerdos entre “potencias” que les lleve a reconocer lo que las otras hacen para conquistar su “espacio vital”. Algo así como “perro no come perro”. Así, el silencio internacional se haría si conquistaran Groenlandia o Panamá. Y esa es la perspectiva.

Europa, ¿de qué hablamos? Que somos la reserva espiritual de la democracia y de la justicia social. Observemos a nuestros vecinos, para ir reduciendo el campo de visión.

El rearme es un negocio. Es más, para una Alemania que entra en la recesión económica, es muy conveniente. Pero vayamos afinando la mirada.

Francia encabeza la rebelión militarista contra Rusia. Macron quiere ya una fuerza militar en Ucrania. Pero Francia ha sido expulsada recientemente del Sahel (conjunto de países de África: Senegal, Gambia, Malí, Burkina Faso, Níger, Chad), donde una nueva generación africanista está llegando al poder y se apoya en Rusia para echar a la muy ilustrada Francia. Es un nuevo intento de independencia real africana, que esperemos que no acaben como el caso de Patrice Lumumba, asesinado por la CIA y otros países europeos.

Francia está compitiendo con Rusia en África por intereses coloniales. ¿Se verá Europa arrastrada por este enfrentamiento colonial? Escuchar a Macron deja clara la intención de que muramos por los intereses de su oligarquía.

La nueva llegada de Trump al poder va a dejar constancia de que los deseos de paz, de arreglo pacífico de los conflictos, son una antigualla. Que se está sustituyendo la globalización capitalista por una vuelta a las fronteras y la conquista de un “espacio vital”. No es siquiera razonable pensar en una invasión de Rusia a cualquier país de la U.E. A la vez, en la vieja Europa asoman los intereses coloniales que la hizo rica.

Europa haría mejor mirar y cuidar su flanco este. La disolución de la URSS y de la antigua Yugoslavia fueron traumas nacionales en los que EE.UU. y la U.E. presionaron para provocar el caos. Desde entonces no tenemos más que guerras europeas, como en Azerbaiyan, Armenia, Ucrania en dos ocasiones, o la bárbara guerra yugoslava. Es evidente que es una zona del planeta, que pertenecen a nuestro continente, y que necesita una pacificación, la búsqueda de acuerdos y cooperación entre pueblos que están tan cercanos que llegaron a ser el mismo pueblo.

La dicotomía es si vamos a pagar un rearme como potencia colonial, o vamos a invertir tiempo y esfuerzos en pacificar Europa y reclamar una verdadera justicia internacional que evite los conflictos. No debemos olvidar que las guerras comerciales tienden a convertirse en guerras militares. Apostamos sin duda por una Europa como potencia de la Paz.