A propósito de la manifestación convocada para defender Europa y la democracia

Diferentes personalidades y organizaciones sociales, todas ellas de reconocido compromiso con la libertad y la democracia, han hecho un llamamiento para defender a Europa y la democracia que, en esos términos, es muy loable y recomendable. Sin embargo, el decálogo que justifica esa convocatoria es más que discutible y en él no nos podemos reflejar personas y organizaciones que, también comprometidas históricamente con las libertades y la democracia en España y Europa, hacemos un diagnóstico diferente de las razones por las que los valores democráticos de la UE están siendo amenazados.

Aquí algunas consideraciones al decálogo de la convocatoria:

  1. En todo el texto se confunde Europa con la Unión Europea y, esa confusión descentra la responsabilidad de las instituciones europeas y sus políticas en el deterioro de los valores democráticos en los países miembros de la UE.  Europa es más que la UE: por el este desde la cordillera de los Urales y por el oeste el océano atlántico.
  2. Es insoslayable, en el deterioro de los valores democráticos, la responsabilidad de las políticas económicas y sociales que las instituciones europeas adoptaron a partir de la aprobación del Tratado de la Unión (1993), trasladando a la UE las políticas neoliberales del «Consenso de Washington», esto es, la desregulación, las privatizaciones y la reducción de gasto público. Esa política nos llevó a la gran crisis de 2008 y la respuesta austericida de las instituciones de la UE para superarla, desencadenó un enorme retroceso en las conquistas sociales y, como consecuencia, a un descontento social que fue utilizado por las organizaciones de la ultraderecha y la derecha para, reducir conquistas sociales, atacar a los servicios públicos y, con sus políticas del odio, señalar al inmigrante como uno de los responsables de la falta de empleo y de seguridad. Como históricamente ha sucedido, la crisis económica salvaje de 2008 abrió las puertas de nuevo a la ultraderecha.
  3. Sorprende que en el llamamiento sólo se hable de Ucrania para reclamar una paz justa y duradera, paz que efectivamente debe producirse exigiendo un alto el fuego inmediato y negociaciones de paz entre las partes implicadas. ¿Y el genocidio que sufre el pueblo palestino por la política criminal del gobierno del estado de Israel? ¿Acaso la UE no es corresponsable de ese genocidio al ser la primera proveedora del estado de Israel, por encima de EE.UU. y China? Desde el comienzo de la política genocida hasta hoy, la UE no ha congelado su Acuerdo de Asociación con Israel, a pesar de que, en uno de los artículos, se condicionaba su aplicación al respeto de los derechos humanos y al derecho internacional.
  4. El sentimiento europeo, que compartimos, debe basarse en un proyecto ambicioso de cooperación multilateral dentro del espacio regional del continente euroasiático del que la UE forma parte.
  5. Compartimos que Europa está en riesgo al haberse despreciado los avances que en su día se dieron para alcanzar una Seguridad Compartida de toda Europa. En el acta final de Helsinki (1975) y la Carta de Paris (1990) se sentaron las bases para construir una seguridad europea que avanzaba en su desmilitarización y desnuclearización. Esos acuerdos fueron dinamitados por la lógica de la ampliación de la OTAN que, incumpliendo los acuerdos alcanzados por Gorbachov con James Baker y Helmut Kohl, la OTAN se amplió a lo largo de toda la frontera oeste de la Federación Rusa.
  6. La política de rearme representada por la presidenta von der Leyen y el compromiso de los países miembros de la OTAN a superar el 2 % del PIB en gasto militar va en el sentido contrario de lo que Europa necesita: un espacio de seguridad compartida, humana y democrática que nos permita recobrar la confianza e iniciar la desmilitarización progresiva y una Europa libre de armas nucleares.
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