El PKK anuncia su disolución: fin de una lucha armada de cuatro décadas por los derechos del pueblo kurdo

Tras 40 años de resistencia frente a la represión del Estado turco, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán cierra su ciclo histórico. La vía política toma el relevo mientras persiste la represión contra el pueblo kurdo.

El 12 de mayo, el PKK anunció su disolución formal y el fin de la lucha armada contra Turquía, tras 40 años de resistencia kurda. Esta decisión surgió de su 12º Congreso en Irak y responde a los cambios políticos señalados por Abdullah Öcalan.

Hoy lunes 12 de mayo, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) ha anunciado su disolución formal y el abandono definitivo de la lucha armada contra el Estado turco. La noticia, difundida por la agencia ANF, pone fin a una de las resistencias más prolongadas y criminalizadas del siglo XX y XXI en Europa y Oriente Próximo. La decisión fue tomada en el 12º Congreso del partido, celebrado entre el 5 y el 7 de mayo en el norte de Irak, donde se encuentra el grueso de su mando militar.

«El 12º Congreso del PKK ha decidido disolver la estructura organizativa del partido y poner fin a la lucha armada», anunciaba su comunicado. Es el desenlace de un proceso interno largo y difícil, atravesado por décadas de persecución, clandestinidad, exilio y guerra.

Öcalan llama a construir la paz

El anuncio llega meses después de que Abdullah Öcalan, fundador del PKK y símbolo de la resistencia kurda, encarcelado en aislamiento absoluto desde 1999 en la isla-prisión de Imrali, llamara a la organización a cerrar su ciclo histórico. En una carta difundida por diputados kurdos a finales de febrero, Öcalan reconocía que el escenario político había cambiado, y que la lucha armada ya no servía a los fines emancipadores con los que el partido fue creado.

“La disolución del socialismo real, la erosión de la identidad kurda y los avances en libertad de expresión han vaciado de sentido a la organización”, escribía el líder kurdo, encarcelado de por vida sin opción a libertad condicional. Su mensaje no era de rendición, sino de transformación: “Como toda organización que no ha sido destruida por la fuerza, reúnete en congreso, intégrate en la sociedad de forma voluntaria y deposita las armas”.

Cuarenta años de lucha contra la negación del pueblo kurdo

Desde 1984, el PKK ha liderado una lucha armada contra el Estado turco por el reconocimiento y la autonomía del pueblo kurdo, al que Ankara ha negado sistemáticamente su lengua, cultura, representación política y existencia misma como sujeto colectivo. El precio de esa resistencia ha sido altísimo: más de 40.000 muertos, cientos de miles de desplazados, y generaciones enteras marcadas por la guerra y la represión.

Durante décadas, el PKK fue estigmatizado como “grupo terrorista” por Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos, que han avalado sin fisuras la política de represión del Estado turco mientras cerraban los ojos ante las sistemáticas violaciones de derechos humanos cometidas contra la población kurda.

Pese a todo, el PKK mantuvo viva una lucha que fue también cultural, política, feminista y ecológica, especialmente a partir del modelo de “confederalismo democrático” impulsado por Öcalan desde prisión, que inspiró experiencias como la de Rojava, en el norte de Siria.

Turquía golpea, Europa calla

Aunque debilitado en los últimos años por las ofensivas del ejército turco y las campañas de criminalización, el PKK conservaba cierta capacidad organizativa. Según el politólogo Bayram Balci, “ya no tenía los medios para lanzar operaciones militares como antaño”, en parte por la modernización militar turca y en parte por el aislamiento internacional de la causa kurda.

El anuncio del fin de la lucha armada podría abrir una ventana al diálogo, pero la realidad sobre el terreno es sombría. Turquía sigue bombardeando el norte de Irak y Siria, donde viven miles de kurdos; sigue deteniendo a cargos electos del HDP, la principal formación política kurda; y mantiene a miles de presos políticos entre rejas.

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), aliadas del PKK y pieza clave en la lucha contra el Estado Islámico, ya han declarado que no se ven concernidas por esta disolución. La complejidad del tablero kurdo, dividido entre cuatro países (Turquía, Siria, Irak e Irán), hace difícil anticipar si esta decisión histórica se traducirá en avances para la paz o en una nueva fase de represión silenciosa.

¿Un nuevo horizonte para el pueblo kurdo?

El fin del PKK no es el fin de la lucha kurda. La voluntad de integrarse políticamente, expresada por Öcalan, choca con un Estado turco que, bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdoğan, ha intensificado el autoritarismo, la militarización y la negación de los derechos colectivos.

Sin embargo, la historia de los pueblos no se borra con decretos. La experiencia acumulada por el movimiento kurdo durante estas cuatro décadas, su apuesta por la autodeterminación, la igualdad de género y la democracia directa, siguen vivas en otras formas y otros territorios.

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