No tiremos al niño con el agua sucia

La cuestión es si nos podemos permitir dejar que este país sea secuestrado, otra vez, por los de siempre y si la gente de izquierdas, decepcionada, se merece que la den por amortizada
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El gobierno de coalición vive una crisis sin precedentes. Hasta ahí nada anormal, desde su origen le han dado por muerto en más ocasiones. La cuestión es si lo que está en juego es este gobierno o, como parece, de lo que se trata es de que no haya más gobiernos de coalición progresista y que la mayoría social de izquierdas no vuelva a controlar el BOE.

El caso de corrupción que afecta a los dos ex secretarios de organización del PSOE ha desatado una crisis que se ha superpuesto a una operación de Estado contra el gobierno de coalición que ya ha procesado al Fiscal General y que apunta a llevar a un suplicatorio para proceder contra Pedro Sánchez. Poca broma.

Todavía queda mucho por saber del caso que afecta a Ábalos, Cerdán y la empresa Acciona, pero por lo que va emergiendo en medios de comunicación tiene pinta de ser una trama prolongada en el tiempo que operó bajo distintos gobiernos y con actores que evidencian la pendiente democratización del Estado. No sería solo un caso más del PSOE, sería también un caso anclado en las cloacas.

Quizá lo fácil en esta situación es dar por muerta la legislatura y lanzarse a pescar votos de indignados con Pedro Sánchez. ¿Por qué no? A fin de cuentas, de eso va esto: para que unos ganen otros tienen que perder. Si se anteponen intereses electoralistas a corto plazo esa debe ser la salida.

La cuestión es si nos podemos permitir dejar que este país sea secuestrado, otra vez, por los de siempre y si la gente de izquierdas, decepcionada, se merece que la den por amortizada.

Lo que hay que hacer es lo difícil, no tirar la toalla como vaticinan la derecha y la ultraderecha. El patriotismo es precisamente eso, anteponer los intereses colectivos del país a los propios y no dejar que el desánimo te lleve a la parálisis. Aunque el PSOE te lo ponga difícil.

Por tanto, la posición que está tomando Izquierda Unida la dignifica y la convierte en una formación política que sabe estar a las duras (a las maduras no suele estar invitada). Toca arremangarse y dar un paso al frente por la clase trabajadora de este país y por la herencia de lucha de las generaciones precedentes.

Lo primero es decirle al PSOE que se depure hasta las trancas. Que se tomen la lavativa más fuerte. Y que no se vendan al primer postor.

Lo segundo es empujar para que el gobierno de coalición despliegue medidas de democratización del Estado, de prevención de la corrupción y de impulso a la agenda social. La vivienda, la vivienda, la vivienda.

Lo tercero es hacer valer la soberanía de España frente a las presiones de Donald Trump. Hay que frustrar la senda militarista al servicio de la industria armamentística norteamericana.

Y lo cuarto es lo más importante e imprescindible para sortear esta fétida coyuntura histórica: subir la moral de la gente. El futuro no está escrito, es posible desplegar políticas en favor de la mayoría y establecer alianzas con el tejido social para que España sea un país en el que valga la pena vivir. Y en el que ser feliz. No vamos a entregar la cuchara ni a tirar al niño con el agua sucia. Queremos que en la próxima legislatura vuelva a subir el SMI porque el Partido Popular siga en la oposición. Quien no tenga esperanza que no moleste, que entierre su derrotismo porque si no le hará el caldo gordo a los obispos que piden adelanto electoral, a la patronal que no quiere rebajar la jornada laboral, al Departamento de Estado norteamericano que nos quiere comprando armas, a la constelación de organizaciones ultraderechistas como Hazte Oír que entrarán en los ministerios de la mano de Vox, y dejará en la cuneta a la clase trabajadora.

(*) Coordinador de IU Andalucia y diputado de IU en GP Plurinacional Sumar en el Congreso

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