El conflicto no es «papi» Trump ni el 5%: La anomalía es la OTAN

La cumbre de la Haya de la OTAN ha evidenciado la sumisión de la UE a los intereses de EE. UU., priorizando el gasto militar y fortaleciendo el vínculo con la industria armamentista. A pesar de la propuesta de Sánchez de destinar el 2,1% del PIB, se critica la dependencia de la OTAN, que pone…

La cumbre de la Haya de la OTAN ha tenido una gran virtud. En apenas 48 horas de reunión y un comunicado final de 480 palabras, ha conseguido hacer saltar por los aires la pretendida y nunca conseguida «autonomía estratégica de la Unión Europea», materializar la sumisión de las élites de la UE y del secretario general de la OTAN Mark Rutte a la administración de Trump, y poner de relieve que los Estados Unidos, una vez más, pretenden hacer negocio con el 5% del gasto militar de la OTAN, priorizando sus intereses económicos sobre el compromiso colectivo de defensa y reforzando el gran negocio de sus empresas armamentistas: General Dynamics Lockheed Martin, RaytheonTechnologies (ahora RTX Corporation) ,Northrop Grumman, Boeing Defense o Space & Security.

En ese contexto, la posición del presidente Pedro Sánchez de comprometer un 2,1% del PIB en lugar del 5% del gasto militar es un gesto loable, pero de muy difícil aplicación por el contenido suscrito en la declaración final de la cumbre de la Haya. Esa posición, desde el punto de vista táctico, ayuda al debate sobre la oposición a incrementar el gasto militar, pero no puede ocultar el verdadero problema, esto es, la anomalía de la propia existencia de la OTAN y el actual despliegue militar de los Estados Unidos que mantiene en más de 750 bases en al menos 80 países. Desde el punto de vista de la alternativa que defiende un sistema de seguridad alternativo, compartido, humano y democrático, incluso el actual gasto militar, ya en el 2% del PIB, debería reducirse progresivamente.

El 22 de junio, dos días antes de comenzar la cumbre de la OTAN, los EE. UU. bombardeaban a Irán, secundando los bombardeos de Israel, en una operación contraria al derecho internacional, una agresión absolutamente ilegal que, en el caso de los EE.UU., puede realizar por el soporte de sus bases militares, como las de Morón y Rota. La pregunta que hay que hacerse hoy es si se debe formar parte de una Alianza Militar en el siglo XXI que, desde 1990, con su intervención en Yugoslavia contraria al derecho internacional, y las consiguientes en Afganistán, Iraq, Libia o Siria, actúa al margen y contraviniendo el mandato expreso de la Carta de las Naciones Unidas. Si a esta cuestión no menor le añadimos que es una Alianza, como se ha visto en la Haya, donde la posición estratégica y el poder militar de Estados Unidos le otorgan un papel dominante en la toma de decisiones, convierte esa Alianza en un agente subalterno a la administración Trump, la misma que pretendía anexionarse Canadá, Groenlandia, Panamá y la que ha desestabilizado todo el comercio internacional. Una Alianza cómplice, por omisión, del genocidio del pueblo palestino.

Todas las propuestas que se vienen realizando desde el Tratado de Lisboa con relación a su artículo 42.7, sobre la «cláusula de asistencia mutua» por la que, si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados deberán ayudarle con todos los medios a su alcance, ha venido acompañada por propuestas para alcanzar una pretendida «autonomía estratégica» de la UE, pero ésta es materialmente imposible por dos razones:

  •  Carece de capacidad operativa por el desconcierto de las instituciones de la UE con relación a su futuro y por la falta de cohesión de los Estados miembros en materia de seguridad.  Sirva como botón de muestra que Europa cuenta con 178 sistemas de armamentos diferentes frente a los 30 de los Estados Unidos; que la suma de los ejércitos nacionales llegan a  1,97 millones de militares( The Military Balance 2025 IISS), con un gasto de 552.000 millones de euros( SIPRI 2023), en contraste con el ejército ruso que no sobrepasa la cifra del millón de militares con un gasto de 109.000 millones de dólares en 2023 millones de euros(SIPRI 2023), es decir un gasto cuatro veces menor que los europeos, a pesar que Rusia abarca un territorio tres veces superior a la UE.
  • Todas las propuestas realizadas por el Consejo de las UE, hasta la fecha sobre la «autonomía estratégica», la última, la llamada «Brújula Estratégica» [1] aprobada por el Consejo el 22 de marzo de 2022, mantienen un vínculo con la Alianza Atlántica, una asociación estratégica UE-OTAN «para mantener la seguridad y la estabilidad de la zona euroatlántica» (¿?), en el compromiso de «promover y salvaguardar la paz» (¿?).

La cumbre de la Haya ha dejado claro que, en materia de seguridad, la UE está supeditada y doblegada a la OTAN y, por consiguiente, a los Estados Unidos, el principal contribuyente de la Alianza. Esa supeditación, hace cómplice a la UE de la política criminal que está llevando a cabo la administración Trump con el genocidio del pueblo palestino o con la agresión a Irán y las permanentes amenazas de la guerra comercial con todos los países del mundo.

Desgraciadamente, las élites de la UE han dinamitado un proyecto regional que pretendió ser un referente en la defensa de los derechos humanos y del cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas. Hoy en día, la UE sigue siendo la principal contribuyente del estado de Israel, a pesar de que el acuerdo de asociación condiciona esa relación comercial al respeto de los derechos humanos por parte de Israel. Para la UE, el genocidio que está llevando a cabo Israel contra el pueblo palestino no es motivo suficiente para impedir que las empresas europeas sigan haciendo negocio con el criminal Netanyahu.

La cumbre de la Haya ha certificado la defunción de una pretendida seguridad autónoma estratégica de la UE que hace más necesario que nunca la necesidad de proponer un sistema de seguridad compartido europeo desde los montes Urales a las islas Azores. Un sistema que permitiría desde la confianza mutua iniciar un proceso de desarme progresivo y la reducción del gasto militar. Un sistema opuesto a la existencia de una alianza militar como la OTAN que se ha convertido en un obstáculo objetivo para alcanzar una paz duradera.

En relación con el gobierno de España, es comprensible que el PSOE defienda la necesidad de continuar en la Alianza Atlántica y su posición favorable a la renovación del Convenio para la Defensa entre España y los Estados Unidos de América que se mantiene desde 1953, durante la dictadura de Franco. La socialdemocracia fue y es atlantista y permisiva a ceder parte de nuestra soberanía en las bases de Rota y Morón.

Tan comprensible como la posición del PCE y de IU, favorables a construir un sistema de seguridad alternativo, incompatible con el incremento del actual gasto militar, con la OTAN y con mantener bases norteamericanas en España.


Nota:

[1] https://data.consilium.europa.eu/doc/document/ST-7371-2022-INIT/es/pdf

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