El presidente de Estados Unidos aprovecha la pandemia para romper una tradición de sesenta años que reservaba la dirección del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para un latinoamericano mientras un estadounidense controla el Banco Mundial (BM) y un europeo el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Donald Trump rompe ese equilibrio, por lo menos aparente, para imponer a su candidato, Mauricio Claver-Carone, y dividir a América Latina precisamente cuando más necesaria es la unidad en torno a las posibles intervenciones del BID para colaborar con los gobiernos de la región frente a la crisis económica provocada por el coronavirus.
Trump se apodera del BID gracias a la mayoría que le regalan, por el injusto reparto de los votos, los gobiernos de Brasil y de Colombia, aliados incondicionales de Estados Unidos.
La colonización del BID, en realidad ya controlado por Washington, elimina las apariencias de las supuestas ayudas financieras para establecer sin formalismos la actuación del banco en beneficio de los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Una institución internacional que debería proteger la recuperación contra el desastre económico provocado por la pandemia va a ser, ahora todavía más, un instrumento para los negocios de las multinacionales estadounidenses en alianza con las oligarquías latinoamericanas.








