Cuenta José Saramago que su abuelo, sabiéndose en trance de muerte, salió al huerto y abrazo uno a uno a los árboles despidiéndose de ellos. Este es José, el de Azinhaga, el que habló de su abuelo y de las gentes de Portugal con el desprendimiento del que se sabe gente y no se dedica
Comunista como una respuesta permanente, como una filosofía de vida, como una forma de entender la inevitable convivencia humana, como un discurso indesarmable que denuncia la injusticia y la explotación
Autoría: Andrés Vázquez de Sola