Asistimos a un tiempo de refundación. Se pueden elegir otros términos, pero este es el más operativo y globalizante. Porque no es lo mismo, pero es igual (ya sabemos cómo son hoy los debates políticos), reformulación, reconfiguración, reordenación de la izquierda… En todo caso nos referimos a una fusión y renovación de elementos para adaptar “la cosa” a los nuevos tiempos (de ahora en adelante, al hablar de lo que se pretende o se intuye, hablaremos de “la cosa”).
Nos referimos (plural extensivo) a algo que puede suceder en sintonía con otros procesos europeos, esto es: a algo que fluye, y nos lleva indefectiblemente hacia algún sitio, sin que se establezca un debate claro, más o menos abierto, de itinerarios. ¿Qué está sucediendo? ¿Qué es eso que se mueve pero todavía no sabemos lo que es? ¿Por qué se habla a la vez de frente amplio y de nueva formación política? ¿Hacia dónde se produce el agregado? ¿Cómo vamos a existir en el próximo periodo? A eso nos referimos cuando hablamos de “la cosa”.
Desde cierta elevada clandestinidad se nos informa poco: lo menos que se vende en botica, digo en política: indicios, climas, aromas, carismas y figuraciones. Solo sabemos que no va de programas o de organizaciones, sino de cultura de gobierno. Solo sabemos que no va exactamente de lucha ideológica. Solo sabemos que no va de lucha programática previa, sino de confrontación de posiciones a la hora de abordar algunos temas, pero que lo contrario sería la marginalidad testimonial. Solo sabemos que no va de participación organizada de abajo arriba, sino de una lluvia de consecuciones (televisadas) de arriba abajo. Y es cierto, porque todo hay que decirlo, que algunas de esas consecuciones son importantes y nunca se hubieran producido desde un PSOE gobernando en solitario, es decir, sin la existencia del proceso de “la cosa”. Que no es poco.
Es cierto también que, tal como están los tiempos, el proceso es imparable, inevitable, y que, al margen de impulsos más o menos voluntaristas, no tenemos cultura para saber retroceder ni tenemos sitio adonde hacerlo.
Da la impresión de que todo se va a ir concretando de ahora en adelante, pasando, sobre todo, por las próximas elecciones generales (primer gran “rubicón”, ya que en las municipales se ha decretado la idea de que cuando lleguemos ya sabremos dónde hemos llegado, trabajando, eso sí, por las alianzas más amplias posibles) y de ahí partiría el proceso hasta la consumación de “la cosa”, que ya tendría nombre y perfiles más concretos en el amplio periodo que se abre hasta las siguientes generales. Unos pocos años para refundar la izquierda española. Y ya hay mucha gente trabajando para ello, sin saberlo quizás. Lo mismo que en el campo financiero los mercados descuentan por anticipado lo que va a suceder después en las estructuras financieras, hay ya mucha gente trabajando para “la cosa”, descontando sobre la marcha una serie de renovaciones y cambios de estilo a fin de crear condiciones para la estructura en la que se desembocará a su debido tiempo.
Todo indica, según el mapa del espíritu de los tiempos, que en cuanto a la forma dos son las opciones principales: o un frente amplio o una nueva formación, se llame como se llame y adopte las formas organizativas que adopte. En cuanto al contenido solo aparece una opción posible: el realismo de poder influir desde un espacio a la izquierda del PSOE, siempre en el área de gobierno. Es decir, una especie de formación laborista cuya esencia partiría de la idea de sindicalizar la política, en el marco de conseguir cosas, aunque haya que olvidarse de otros temas que, por lo visto, no pertenecen al área de gobierno y, por tanto, no nos deben incumbir sino como declaraciones de conciencia (el Sáhara y su futuro, la OTAN, las bases americanas, el aumento de los gastos militares…), ya que no sería realista ni conveniente basar un programa en tales contenidos, que rebasan la estrategia del gobierno de las cosas a la conquista de un capitalismo más soportable.
Llegados a este punto no faltará quien salte que lo que queremos algunos es recuperar las esencias y plantear el viejo tema de la vuelta del PCE a los escenarios electorales. No, no y no. Ni siquiera con respecto a IU. No es eso. A estas alturas, y ahí está el congreso del PCE, lo que queremos algunos está claro: frente amplio donde quepan las personas, organizaciones de todo tipo y partidos, con su mochila histórica. Propuesta con militantes y programas. Impulso organizativo en presencia, y no solo virtual. Ética de la participación de abajo arriba. Y estrategia de cambio con voluntad de transformación: no buscamos ser el ala izquierda del PSOE, ni pretendemos la consecución “realista” y sin movilización de una etapa simplemente paliativa.
Para algunos, quizás no pocos, “la cosa” consiste en eso, aprobado en el congreso del PCE, cuyos contenidos comparto. Es decir, en eso debiera consistir. Y para eso trabajamos muchos, remendando sin descanso una bandera roja que no deja de romperse.








