El 20 de Febrero del año que viene tendrá lugar el referéndum sobre la llamada Constitución Europea. A tenor del evento se empiezan a destapar las campañas proclives al SI. Preocupa al status el alto índice abstención y desinterés que acompaña siempre a todo lo referente a la UE. Los mensajes que comienzan a lanzarse así como el lenguaje con el que se envuelven no pasan de generalidades y tratamiento rosa. Es más, los apoyos mostrados como es el caso de las centrales sindicales mayoritarias, no se diferencian en nada con el de los portavoces más institucionalizados y escapistas. En última instancia se apoyan en la decisión ¿vinculante? de la Confederación Europea de Sindicatos (CES).
Se somete a referéndum consultivo (que no vinculante) un texto impropiamente llamado Constitución. Para que tal denominación fuera correcta deberían cumplirse ciertas e inexcusables condiciones:
– Convocatoria electoral para un parlamento con mandato constituyente.
– Redacción y aprobación del texto constitucional por ese parlamento electo.
– Aprobación definitiva y última por parte del electorado de cada estado por el conjunto del pueblo europeo.
Ninguna de esas condiciones se cumplen en el caso que nos ocupa. Los parlamentarios que elegimos en los últimos comicios europeos no han tocado bola en el documento. Este ha sido redactado por una comisión de «notables» presidida por Valery Giscard dÉstaing. En cada país se realizará o no la consulta pertinente y en caso español, tal y como se dijo antes no es vinculante.
Los que afirman que el Parlamento Europeo aumenta sus competencias en el texto sometido a Referendum debieran leer la revista El Viejo Topo de Noviembre del 2.003: se relacionan 40 competencias que éste no tiene; y son decisivas para configurar un parlamento en el sentido auténtico del término. Los sindicatos mayoritarios saludan el que las decisiones no necesiten ya de unanimidad sino que bastará una mayoría cualificada. Sin embargo en los temas de política económica y social (Parte III) la unanimidad sigue siendo necesaria.
Pero lo que nos da la auténtica dimensión del documento ante el que estamos es el punto 3 del artículo 3 en el que la Unión se pronuncia por un crecimiento económico equilibrado,» en una economía social de mercado altamente competitiva..» La competitividad está en el origen de la deslocalización empresarial, la disminución de los costes salariales y la precariedad laboral, las políticas restrictivas y el desmantelamiento del sector público de la economía.
Por otra parte, y lejos de haber aprendido en sus carnes las consecuencias de las guerras, la Política Exterior y de Defensa Común (PESC) se inspira en los principios y fundamentos del concepto de Guerra Preventiva auspiciado, proclamado y aplicado por George Bush. El Vínculo Atlántico sigue siendo el dogal militar con que el capitalismo belicista de USA y la UE refuerzan la sujeción de los asalariados a las OMC, el FMI y la Globalización capitalista.






