El XVII Congreso del PCE ha sido convocado. Ante nosotros se abren dos opciones: hacer del mismo un evento rutinario, cansino y autista o aprovechar la ocasión para enfrentarnos con serenidad, lucidez y valentía al momento histórico en el que nuestra apuesta utópica y revolucionaria se encuentra. Al hablar de nuestra apuesta quiero referirme a como la concebimos, la sentimos y la aplicamos en nuestra militancia y en nuestro funcionamiento orgánico. Y ello conlleva que nosotros y nosotras, comunistas, debemos abandonar coartadas coyunturales y plazos tácticos para afrontar tres preguntas que resumen el fondo oscuro en el que se asientan nuestros deterioros, nuestras huidas y nuestras evasiones: ¿Por qué somos comunistas? ¿Qué sentido tenemos en el siglo XXI? ¿Cuál es nuestra praxis?

En absoluto planteo una introspección catártica e intimista sino un cuestionamiento radical de nuestro hoy personal, colectivo y social. El que los problemas de IU se visualicen a través de enfrentamientos entre dirigentes del PCE, el que un sindicato como CCOO- en el que militan la mayoría de nuestros hombres y mujeres- haya dado tal viraje que ha desnaturalizado el proyecto con el nació o el que muchas de nuestras prácticas institucionales, sindicales o políticas estén cuajadas de conceptos, valores y acciones finamente penetradas de neoliberalismo constituye la evidencia más notoria de que debemos pararnos a reflexionar. Debemos hacerlo sin prisas porque precisamente es urgente y perentorio.

La actual situación del PCE es una consecuencia- entre otras- de fenómenos, acontecimientos y cambios en el mundo: economía, correlación de fuerzas, hegemonía del Pensamiento Único, implosión de la URSS, etc. Y ello nos obliga a intentar compartir nuestro análisis con otros: comunistas y portadores de otros proyectos para la transformación. Por lo que respecta a nuestra historia y ejecutoria específicas avanzaremos si somos capaces de escapar a la tentación que tantas veces nos seduce: buscar chivos expiatorios, hurgar en el masoquismo o delegar responsabilidades. Tengamos la honestidad personal y política de no disfrazar las inclinaciones al escapismo.

Ante nosotros está la evidencia del tipo de mundo y sociedad que están construyendo el Capitalismo globalizado y sus servidores ideológicos. Rechazar ese modelo de sociedad es plausible y necesario, pero nosotros, comunistas, lo somos en la medida en que damos respuesta a la pregunta clave: ¿Qué hacer?. Y hay que darla aquí y ahora y consecuentemente. Después de enfrentarnos intelectual y vitalmente a la realidad que decimos negar nos queda la decisión que nos afectará como personas y como colectivo: asumir los conceptos militancia, dirección, organización, métodos, honestidad, etc. Pero nunca a palo seco sino desarrollando un proyecto, un programa, una política concretos y específicos. El instrumento Partido se auto-desguaza si no hay proyecto al que servir.