El contexto del libro es Estados Unidos tras los atentados del 11 de Septiembre. ¿La idea inicial del libro surge por lo que acontece a partir de esa fecha?
«Más bien, fue el desencadenante. Yo había empezado hasta cinco novelas que había dejado a medias y, mientras, le iba dando vueltas a la idea del verdugo. De hecho, una de esas novelas inacabadas estaba protagonizada por un torturador. Y, sí, el 11-S fue el desencadenante. Comencé a escribirla en enero de 2002 ya con las primeras medidas del gobierno de George W. Bush para limitar la libertad, así como la especie de fanatismo creado a partir de la monstruosidad del 11 de Septiembre de 2001. El fondo de la reflexión sobre la libertad y la responsabilidad humana, que es la base del libro, venía desde tiempo atrás».

Las primeras páginas reproducen una carta del verdugo a la hija del reo. Sorprende el tono culto en su redacción. Esa no es la imagen al uso de los verdugos, sino más bien una persona tosca.
«Sí, eso es así de forma deliberada. El verdugo es una persona culta, que lee, con sensibilidad y consciente de cuál es el papel que desempeña dentro del sistema y cuál es su posición dentro del engranaje social y jurídico de una sociedad capitalista. Ese es un elemento fundamental, ya que se pretende que el verdugo no tenga absolutamente ninguna excusa. Por ejemplo, la ignorancia, el analfabetismo… Ninguna excusa que limite su libertad para dejar de ser verdugo. El verdugo no es un monstruo; y, por eso, es el mayor canalla de toda la historia».

El verdugo justifica su trabajo en base a sostener el sistema. ¿Se quiere con ello resaltar la fragilidad de un edificio -el sistema capitalista- que parece muy sólido?
«Efectivamente. Hay un momento en que el verdugo y otro personaje siniestro, el doctor Killer (Doctor Asesino), quien dirige la institución -metáfora del sistema-, señalan que cuando el presidente de la institución decide que alguien es culpable, tiene que serlo porque es lo que interesa al conjunto de la sociedad, aunque para ello haya que tapar su inocencia. Ahí se revela la fragilidad de ese orden social, donde la mentira es verdad y es verdad porque el sistema dice que eso es verdad. El verdugo piensa que si el hombre ha sido condenado, tiene que ser culpable».

El reo es palestino pero aparece su imagen algo difusa…
«Sí, mi idea era que el reo, su imagen, se construyera sobre lo que los demás piensan de él. A lo largo de la novela aparece como un personaje de fondo y le conocemos por lo que los distintos personajes cuentan de él».

Sucede lo mismo con la causa real de la condena.
«Yo creo que se adivina que el reo es inocente; es una persona comprometida con una organización de defensa de los derechos civiles que ha caído en medio de esa situación tras el 11 de Septiembre. Pero no quería que apareciera con toda claridad, sino que pretendo que el lector se enfrente al hecho con toda plenitud. Por otro lado, en el razonamiento del verdugo no importa si es culpable o inocente».

¿No es la novela una traslación del sistema occidental, y no sólo de Estados Unidos?
«La novela plantea una hipótesis radical, pero no se refiere sólo a Estados Unidos ni se refiere sólo a un verdugo. Pretende que el lector reflexione sobre su propia vida, sobre grandes decisiones que toma a lo largo de su vida. Y ahí incluyo a aquellos que no hacen absolutamente nada por cambiar la realidad, pero que cuando hablas con ellos están convencidos de que es necesario cambiarla. Te dicen que nada puede hacerse, justifican la corrupción».

La novela está dedicada a Pilar Manjón, madre de Daniel Paz Manjón, muerto en los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid, por su amistad, por su coraje y su vida.
«Pilar Manjón, y los demás miembros de su asociación (Asociación de Afectados del 11-M), han hecho una labor impresionante en este país, han roto el infame monopolio que quería tener el PP sobre las víctimas del terrorismo. Todos ellos y ellas han demostrado que uno puede ser libre y para eso basta con ejercer la libertad; lo demás son excusas. En la actitud individual, uno tiene unos márgenes de decisión que tiene justificarse a sí mismo; así, si es un miserable ante la vida, lo es también ante sí. Pilar Manjón podría ser otro prototipo del reo, personaje que a pesar de todo ejerce su libertad. Eso lo han hecho ella y la gente de su asociación, sin ningún tipo de histeria, sabiendo dónde estaban las causas profundas del atentado».

El reo de tu novela es de origen árabe. Pilar Manjón es comunista. ¿Hay un paralelismo por cuanto los que critican a Pilar lo hacen por su condición de comunista y no por el contenido de su mensaje?
«Eso es muy serio, porque, en este país y a estas alturas, el hecho de que alguien sea comunista sea considerado un inconveniente para representar a víctimas -cuando ella es presidente de esa asociación por ser madre de uno de los asesinados- es estremecedor, que eso sea causa de sospecha es estremecedor. ¿Por qué se habla ahora de politización de las asociaciones de víctimas del terrorismo? ¿Quizá porque ahora es una persona de izquierdas quien representa a esta asociación? ¿Quizá porque esta asociación, la del 11-M, sí es del todo independiente? Quienes lanzan estas acusaciones se descubren ellos mismos. Porque una asociación de víctimas del terrorismo que tiene como presidente de honor a José María Aznar, no deja de tener su aquél. Pero, que se empiece a hablar ahora precisamente de ‘politización’ es porque una asociación realmente independiente. Y ya hay otras en Cataluña, Valencia…, alentados por la valentía de Pilar Manjón y su asociación, han dicho que ya está bien de manipular las cosas».