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Paul Nizan (II)

Como apuntamos en la entrega anterior, Paul Nizan vive en la época en que Europa asiste a la ascensión del fascismo y el nazismo en medio de las contradicciones de las democracias occidentales, mientras el triunfo de la Revolución de Octubre es una referencia para los comunistas de todo el mundo. Ante esta situación, después de su retorno de Aden y de haber terminado los estudios en la Escuela Normal Superior, la literatura y la filosofía son -también para su compañero J. P. Sartre- postulados esencialmente morales, es decir, deben concretarse en la acción.

Esta idea nutre toda su teoría literaria que se desarrolla fundamentalmente en dos artículos: “Las consecuencias de la negación” y “Para una literatura responsable.”

En estos artículos constata que existen dos tendencias en la práctica literaria: una literatura clasicista en la que el escritor incurre en una grave irresponsabilidad porque legitima lo establecido, al tiempo que se complace en describir los caracteres y enfatizar los problemas psicológicos. Esta visión y práctica literaria solo conduce a la simplificación de la realidad.

Frente a este clasicismo se encuentra una literatura en movimiento, dialéctica, que persigue que sus creaciones sean una acusación del mundo y una voluntad de cambiarlo. Para Nizan, los personajes tienen que ser corporeizaciones de problemas y no un complejo de caracteres.

Es cierto que en sus novelas no deja de interesarse por los caracteres, pero es consciente que las razones individuales no serán nunca creídas si no están en el engranaje de la totalidad. Así pues, la obra narrativa de Paul Nizan responde no sólo a sus planteamientos teóricos sino a una clara apuesta por la militancia: “Se podrán furiosos contra nosotros, porque a nadie le gusta la verdad por sí misma.. Marx decía que hay que dar a los hombres conciencia de sí mismos incluso si se niegan,” dice un personaje de La conspiración. También es consciente del valor del estilo: “hacer entrar la rebelión en el arte, sin destruir el arte” comenta en uno de sus artículos.

Por estas razones, su obra narrativa, apasionada y lúcida, nos conmueve por su latido político y por su lejanía del arte por el arte. En su primera novela, Antoine Bloyé (1933), se distancia del naturalismo de Zola para contarnos en clave realista el ascenso social del protagonista que ve, cómo al final de su vida, su existencia, tan evanescente como vacía, ha sido un fracaso. No es una hermosa elegía como se ha escrito. Es la constatación de que los sueños individuales son derrotados por el desarrollo del capitalismo. Antoine Bloyé es el retrato de la pequeña burguesía a principios de la Tercera República francesa.

En su segunda novela, Le Cheval de Troie (1935), cercana a la narración de lo inmediato, nos cuenta las vicisitudes individuales de varios personajes y la preparación y desarrollo de una manifestación antifascista. En esta bipolaridad de la acción individual y de la acción colectiva el compromiso está bien definido: frente a la soledad y la muerte, frente a la vida, que sólo es una especie de angustia, es necesario arriesgarla para dejar de avergonzarse de ser hombre.

Según J. P. Sartre, Nizan vivió su juventud a fondo. El inicio de Aden Arabia escribe: “Yo tenía veinte años; no permitiré a nadie decir que es la edad más bella de la vida.” Esta idea de desdichada y natural de la juventud cambia en su tercera novela, La conspiración (1938), en la que sin ningún tipo de complacencia y sí de indulgencia retrata a cinco jóvenes rebeldes de la burguesía que pretenden cambiar el mundo. Sin embargo, aunque los cinco protagonistas conocen a “Spinoza, el marxismo, Lenin, por el momento eran sólo grandes pretextos y borrosos puntos de referencia, y como ignoraban todo de la vida que llevan los hombres entre su trabajo y su mujer, sus patronos y sus hijos, sus pequeñas manías y sus grandes desgracias, en el fondo de su política todavía no había sino metáforas y gritos…” La conspiración es una novela de iniciación. Todos sus personajes fracasan en sus relaciones sentimentales y políticas, pero como apunta J. P. Sartre: “no todos esos jóvenes llegarán a ser malos. Nizan demuestra que de esta edad, a la que Comte llamaba ‘metafísica’, sólo se sale mediante la revolución.”

Paul Nizan muere en el frente de Dunkerke el 23 de mayo de 1940. En su bolsa se encontró el manuscrito de su cuarta novela, La Soirée de Somosierra. Un soldado británico lo escondió bajo tierra. Aún no se ha encontrado.

NOTA FINAL: La obra de Paul Nizan es casi totalmente desconocida en España. Sólo se tradujeron en los años setenta Los perros guardianes, Los materialistas de la antigüedad, La conspiración y, en 1990, Aden Arabia, precedida del famoso prólogo de J. P. Sartre. Y la Editorial Era (México) publicó Por una nueva cultura, una selección de sus artículos, en 1971 Es poco pedir a las editoriales que publiquen parte la obra de Paul Nizan, aunque sea como recuerdo y homenaje. Sería un riesgo, pero también un acierto.

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