La Fundación Domingo Malagón celebró una Jornada de Conmemoración a las víctimas de la represión franquista y a los presos republicanos del destacamento penal de Fabero del Bierzo.
Un edificio en ruinas y unas cuantas fichas arrinconadas en el Juzgado de Paz de Fabero, son los únicos vestigios que quedan del destacamento donde, una vez concluida la Guerra Civil, los que se habían mantenido fieles al Gobierno de la República frente al levantamiento militar del 18 de julio de 1936, redimieron con su trabajo en la mina las largas penas a las que habían sido condenados. A partir de ahora un monolito recordará que en Fabero, al igual que en otras cuencas mineras, muchas personas, además de haber perdido la guerra, se convirtieron en esclavos por iniciativa del Gobierno de Franco.
Cientos de personas procedentes de diversas cárceles de León, Astorga, Orense, Burgos, Puerto de Santa María, Pontevedra, Oviedo, Celanova, Santander, Palencia, Madrid, Jaén, San Sebastián, Santoña o Murcia, -acusadas todas ellas del delito de auxilio a la rebelión y con penas que oscilaban entre veinte y treinta años-, recalaron en los primeros años de la dictadura franquista en el penal de Fabero para conmutar su condena trabajando en las instalaciones mineras de Antracitas Moro y Minas del Bierzo. Muchos de ellos, tras lograr la libertad condicional o haber sido indultados, se asentaron con sus familias en Fabero y siguieron trabajando en la mina, Lorenzo Bañuelos, Abelardo Vega, Hilario Tejedor, Valentín León, entre otros. Los fornelos formaban el grupo más numeroso del penal, Ángel, Nito, Manuel o Rosendo fueron alguno de ellos.
Ubicación del penal
El destacamento penal de Fabero se asentaba a orillas del arroyo Luis Alto, en el paraje de la Reguera, en las proximidades de Antracitas Moro. Y estaba compuesto por dos pabellones para los presos, un edificio dedicado a cocina y despensa y un edificio de dos plantas donde se alojaban los guardias del penal. Una cerca impedía la salida de los presos del recinto y la posible entrada de sus familiares. Una vez clausurado el campo de concentración de penados, los barracones de los presos se rehabilitaron para viviendas de mineros y el edificio de los guardias para vivienda de los facultativos ante la escasez de vivienda que azotaba a Fabero en la década de los cincuenta, pasando a formar el barrio Bilbao, aunque popularmente se le conocía como Los Barracones.
Los actos
Por iniciativa de la Fundación Domingo Malagón, el domingo 18 de noviembre muchos vecinos faberenses rescataron de su memoria aquellos días tristes en que sus padres, tíos o abuelos, convertidos en esclavos de la patria, conmutaban la pena de cárcel con el duro trabajo de la mina, por el mero hecho de haberse puesto de parte del Gobierno legítimo de la República que se habían dado. Otros vecinos, los más jóvenes, se enteron por primera vez que en los años que siguieron a la contienda fraticida de 1936, en Fabero funcionó una delegación del Patronato Central Nuestra Señora de la Merced para la redención de las Penas por el Trabajo.
Los actos de esta jornada de recuperación de la Memoria Histórica y conmemoración de las víctimas de la represión franquista se iniciaron a las 10 de la mañana con la inauguración de un monolito en la plaza de La Encina, otro lugar emblemático de los años de la posguerra, ya que en el mismo se ubicaba el cuartel de la Guardia Civil. A las once de la mañana tuvo lugar un debate sobre la Memoria Histórica con la participación de Javier Moreno, de la Asociación Foro por la Memoria, y Javier Gutiérrez, profesor de la Universidad de León. A las 12 se visionó el documental Campos del Silencio dirigido por la faberense Eloina Terrón Bañuelos, patrocinado también por la Domingo Malagón. Como colofón final se descubrió un monolito en la explanada que ocupaba el penal, en el paraje conocido como la Reguera con la comparecencia de Javier Ruiz y otros miembros de la Fundación y de la organización del Partido y de Izquierda Unida local y regional.






