Durante los últimos tres meses, Salamanca ha roto su estigma de ciudad conservadora, a través de una oleada de grandes movilizaciones en las que decenas de miles de salmantinos han protestado ante el Ayuntamiento por su decisión de elevar las tasas municipales del autobús, el agua y la basura, además del Impuesto sobre Bienes Inmuebles. Tres veces la Plaza Mayor de Salamanca ha rebosado de manifestantes, a pesar de lo cual el Ayuntamiento no ha dado marcha atrás en su decisión. En este artículo intentaremos comprender la causa de esta subida de tasas.
Hablando con cualquier asistente a las gigantescas movilizaciones, se percibía un discurso compartido que expresa la percepción popular de la causa del problema: «¡Que lo pague Curto!» se escuchaba de miles de bocas diferentes. Curto es una de las empresas inmobiliarias de Salamanca, a la que el Ayuntamiento ha condonado recientemente una multa de 1.160.000 eu. Hay mucha verdad en denunciar la relación entre estos dos hechos.
La subida de impuestos municipales se debe principalmente a un modelo económico municipal compartido por el PP y el PSOE en todos los Ayuntamientos donde gobiernan, que genera una deuda al Ayuntamiento que sólo se puede solventar reduciendo costes en servicios públicos, o dicho de otro modo, acudiendo al bolsillo de los ciudadanos.
Desde la última legislatura de Jesús Málaga (PSOE), Salamanca se ha sumado a la lista de ciudades que basan su economía en el sector inmobiliario. Para que este sector inmobiliario crezca en nuestra ciudad, el Ayuntamiento implementa todo aquello que exija gasto inmobiliario (creación de párkings, accesos, pavimentación, edificios…) a base de mecanismo de sobra conocidos, como la creación de grandes superficies comerciales (Vialia, El Tormes, Capuchinos, Los Cipreses, futuro Corte Inglés…) que son focos de «contratos basura», y que eliminan a su vez al pequeño comercio de barrio; el «turismo cultural» para cuya atracción se realizan grandes pavimentaciones y fastos (Salamanca 2002, Plaza Mayor 2005, reuniones empresariales en el Palacio de Congresos, Simposios de la Universidad…). Mediante esta política el Ayuntamiento alimenta a un pequeño número de empresas de construcción y pavimentación, caracterizadas además por su alto índice de empleo precario, a costa del bolsillo del salmantino. Por tanto, hay un tremendo gasto público en favor de unos pocos empresarios, que, por otro lado, no generan empleo estable, dándose así que los jóvenes salmantinos tengan que emigrar, y que los que se quedan no paguen suficientes impuestos para paliar ese gasto. De este círculo vicioso sólo sale beneficiada una pequeña oligarquía de empresarios, que goza del control político de nuestra ciudad, como demuestra la reciente condonación de la deuda al constructor Mario Curto.
De esta pescadilla que se muerde la cola resulta que el Ayuntamiento gasta más que lo que ingresa. ¿Cómo paliar esa deuda? Evidentemente, no subiendo impuestos a los empresarios de la construcción, de quienes depende la economía local. Sólo se puede saldar de un modo: reduciendo la política pública de Servicios Sociales, y aumentando los impuestos más regresivos y más dañinos a los ciudadanos: los impuestos indirectos, que paga por igual el que cobra 2000 eu que el que cobra 700.
En resumen: la subida de tasas municipales se hace para pagar una deuda generada por un modelo económico basado en torno a un sector empresarial que tiene al Ayuntamiento cogido por el asa.
¿Y cuál es la alternativa? Desde la UJCE defendemos un cambio radical en el modelo económico de Salamanca, basándonos en a) fomentar una industria local que genere empleo estable y con derechos, b) apoyo al pequeño comercio de barrio y c) gasto público en Servicios Sociales, que generen empleo estable a los licenciados de nuestra Universidad, en torno a los problemas reales de nuestra ciudad y comarca.
Sólo emancipándonos de la mafia constructora podremos gozar de servicios públicos de calidad y baratos. Debemos dejar esto claro para que el día que Lanzarote no gobierne, sus sustitutos no sigan sus mismas políticas bajo una apariencia progresista.






