Opinión

Ser de izquierdas en 2008 (Versión ampliada de 2005)

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Igual que en la sangre hay extraños fermentos que ocasionan en muchos cuerpos descargas extraordinarias, asimismo hay en la razón partículas heterogéneas que hay que expulsar por fermentación
Shaftesbury,
Carta sobre el entusiasmo (1707)

El que va a los bares, acaba [bebiendo
Comentario popular

Se podrían repasar libros clásicos -la caducidad de las ideas en el presente continuo es otro asunto- sobre la materia y otros, quizá menos académicos, que explicaran el alcance de este título. Se podrían repasar ideas y experiencias -si alguien, todavía leyera en 2008, si los dirigentes leyeran, si no pasaran su tiempo en el ciberespacio- y aprender de los errores. Se podría recurrir a la autoridad -moral e individual- de revolucionarios profesionales o a la experiencia colectiva, si tuviéramos memoria común y no hubiera quedado atrapada bajo una ley tramposa, bendecida por las fuerzas parlamentarias de izquierdas. Todos, a priori, conocemos a alguien que dice ser de izquierdas.

Incluso en los restos de IU, sin ir más lejos, hay gentes, que -sin pudor- se declaran de izquierdas o, por decirlo de forma más fina, verde, violeta y multicolor, gentes del ámbito y sensibilidad de la izquierda. Ahora bien, cada vez que se analiza con detalle un proceso político, sea la VIII Asamblea Extraordinaria de Izquierda Unida, los apoyos que ha recabado el PSOE en la tramitación de la ley de presupuestos o el conflicto de los astilleros (sea, hoy, la campaña electoral de 2008, los debates entre candidatos mayoritarios o los argumentos de los dirigentes de IU tras el desastre electoral), encontramos una significativa ausencia de argumentos, razones y políticas críticas. Es posible que este comentario quede rancio y poco acorde con el discurso ideológico posmoderno (ver la crítica de Jameson al mensaje lírico de la posmodernidad) de los partidos hegemónicos de la gauche (PSOE e IU).

Es práctica usual remontarse a la transición democrática para explicar las simpáticas ocurrencias que constituyen la estructura ideológica de la izquierda actual. Al aceptar (alentar) la forma-estado surgida de la Constitución de 1978 se claudicó. Fue una rendición y se entregaron las armas (en este sentido el homenajeado Santiago Carrillo y su Comité Central fueron directos responsables por la parte del PCE; el resto de las formaciones minoritarias quedaron bajo el silencio). Las élites políticas lo sabían (desde la pizarra de Suresnnes al eurocomunismo como práctica posibilista) y generaron un estado de opinión favorable a la democracia/estado de mercado. En este clima, la mayoría asumió la monarquía (y así seguimos salvo fugaces destellos) y sus deportes de invierno/verano, la economía social con sus desregulaciones y su desempleo estructural y el parlamento como único escenario de la práctica política con sus diputaditos -tan flamantes y verbeneros-, sus corbatitas y sus mediáticas apariciones en los medios de comunicación. ¿Cómo pretende alguien que en esta feliz reserva natural, creada para solaz de las familias y su consumo pueda prosperar un pensamiento crítico anticapitalista? Por seguir el hilo de la historia -cosa que no le interesa a nadie- es justo recordar que el acoso y derribo que sufrió el proceso revolucionario de Portugal (1974) advirtió a las fuerzas progresistas europeas que la guerra iba en serio. En cualquier caso, aquí no hizo falta recurrir a medidas de fuerza. Partidos y sindicatos, los que en la actualidad hacen propuestas simpáticas y se preocupan (mucho) por la imagen, ya tenían otras ideas.

El caso es que, abducidos por las representaciones simbólicas de los dominicales, ser de izquierdas es cualidad que se está volviendo muy barata, cosa del todoacien del barrio. Un par de ideas liberales sobre tolerancia y educación (¿no es esto lo que defienden Rodríguez Zapatero y Llamazares?), un explícito No a la guerra/Otro mundo es posible (¿sin armas para defenderlo?), algunas bromas sobre Bush y Aznar, un poco de comercio justo (ya pasado de moda) y a correr. No les faltará razón a los que digan que esta nota no es de «izquierdas» (por cínica) y que tiene un cierto regusto estalinista (por militarista).

¿Cómo se puede ser de izquierdas en el 2005/2008? Pese a algunos errores e imperfecciones, Fidel Castro y Chávez (en realidad las repúblicas socializantes de Latinoamérica, poco importa el nombre de los responsables políticos) tienen respuestas precisas. Para el resto, para aquellos que -desde la izquierda- permanecen de espaldas a las revoluciones en marcha, una discreta recomendación: bienvenidos al paraíso de la ingenuidad (o al infierno de lo real, por parafrasear a Zizec). Feliz 2005/Feliz resultado electoral 2008. Y feliz fracaso de la izquierda. Bajo los escombros parlamentarios, algunos seguirán. Será, ay, porque no tienen dónde ir, o como diría el clásico, dónde caerse muertos.

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