Desde la llegada al poder de Álvaro Uribe, presidente colombiano apoyado por el gobierno estadounidense, la represión y persecución contra los militantes y dirigentes de la izquierda y el movimiento obrero no han parado de aumentar. Tan sólo en los últimos años, se cuentan más de 7 mil presos políticos encarcelados; estudiantes, sindicalistas, dirigentes sociales y defensores de derechos humanos que son reprimidos y perseguidos por el régimen derechista y paramilitarista colombiano.
Muchos de los perseguidos son miembros del Partido Comunista Colombiano (PCC) y la Juventud Comunista Colombiana (JUCO), victimas principales del terrorismo de Estado, pues hay más de los 800 torturados, 27 asesinatos políticos y 30 sindicalistas muertos a manos del ejercito y los paramilitares tan sólo en lo que va de año.
Las experiencias históricas y las acciones de Uribe, hacen imposible una salida negociada al conflicto colombiano. En décadas recientes han sido asesinados cinco candidatos presidenciales de la izquierda y persiste un «Estado paramilitar»; en los hechos sólo existe un partido, que es de Álvaro Uribe; no hay medios de comunicación confiables, y la impunidad es cosa de todos los días.
El Partido Comunista Colombiano (PCC) integró la desaparecida Unión Patriótica, movimiento político amplio y democrático al que pertenecían también distintos grupos políticos de izquierda.
La Unión Patriótica era un frente electoral amplio orientado a la conquista de una serie de reformas mínimas para la apertura democrática.
Contra la Unión Patriótica se desarrolló una operación de exterminio por parte de grupos narcotraficantes y paramilitares, así como por organismos de seguridad del estado colombiano como el DAS y el F-2. Para el Partido Comunista Colombiano esto ha representado un saldo de cerca de 3.000 militantes asesinados, entre ellos los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, el ex-secretario de la Juventud Comunista Colombiana José Antequera, y dirigentes como Teófilo Forero y Manuel Cepeda Vargas.
La central obrera comunista (CSTC) se fusionó en la década de los 80 con la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) y con el llamado sindicalismo independiente, formando la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia (CUT) donde los comunistas mantienen una notable influencia.
Fruto de su actividad en el movimiento obrero han sido asesinados un gran número de sindicalistas comunistas. El Partido Comunista Colombiano esta integrado en la actualidad en el Polo Democrático Alternativo (PDA), la segunda fuerza política del país en número de votos.
En el último mes de agosto han sido asesinados entre otros: Luis Mayusa Prada, líder sindical de la Central Unitaria de Trabajadores en el departamento de Arauca y quien había sido integrante de la Unión Patriótica y militante comunista desde su juventud. También organismos de la inteligencia gubernamental asaltaron las oficinas de la Casa de la Juventud y la Corporación RedVivir de la Juventud Comunista Colombiana (JUCO) deteniendo a dirigentes estudiantiles y juveniles tras el allanamiento ilegal al mejor estilo de la guerra psicológica en contra los defensores de derechos humanos, la oposición política y los militantes de la Juventud Comunista como Guillermo Rivera Fuquene, Jaime Andrés Osorno o Diego Marín Ríos, entre otros dirigentes.
A esta situación se añade la abierta intervención del gobierno de Estados Unidos, que con el pretexto del Plan Colombia ha instalado tres bases militares en territorio colombiano, como una plataforma para dividir y agredir a la región.






