La alternativas al uso, es decir desde dentro del sistema y, por tanto, de cara a una refundación del capitalismo, se hacen desde la óptica del crecimiento, que es un indicador donde se integra, de manera notable, el proceso de acumulación capitalista. Todo proceso de crecimiento implica un proceso de acumulación.
De ahí que, por ejemplo, marcándose las condiciones desde el polo de la gran empresa, se diga que hay que ir a un proceso de crecimiento de un 2% para poder crear empleo, para poder “repartir”. Dichas alternativas incluyen, sin duda, las variantes socialdemócrata y social-liberal, que atenúan la “maldad” del sistema a través de modulaciones en el reparto y la redistribución fiscal y, cada vez menos, a través de ciertas correcciones en la lógica del mercado.
Una salida distinta de la crisis, y de la explicación de cómo funciona el capitalismo, implica pensar las cosas desde la explotación y también desde el dominio, precisamente organizado a fin de eternizar las condiciones de producción. Explotación no sólo del trabajo, a través del horario y las condiciones laborales, sino también de otros factores y realidades claves, como por ejemplo el medioambiente, etc.
A partir de aquí no se trata por tanto de participar sin más en la acumulación, supeditándolo todo a ella: de ahí la subordinación del medioambiente a la especulación o la necesidad de que los obreros sean “responsables”, incluso “patrióticos”, en sus demandas salariales, o la idea de que no se trata de condiciones de trabajo (el trabajo como derecho clave), sino de mercado laboral (el trabajo como mercancía).
Otro enfoque explicativo: lo sindicatos clásicos basan su negociación (distribución anual de la riqueza acumulada y también de las condiciones laborales), y es normal, teniendo en cuenta factores “realistas”, a veces tan realistas que no quieren meterle mano a lo de las 35 horas semanales por ley sin reducción salarial, ya que la reducción de beneficios y la reducción de inversión privada (factor clave del crecimiento) afecta a la creación de empleo, sobre todo en un marco donde apenas existe protagonismo de lo público y nadie se atreve a corregir, desde posiciones socialdemócratas, la mano invisible del mercado, ya que, además, todas las leyes responden a esta situación de explotación; leyes que marcan esa libertad concreta sin la cual no podría funcionar el capitalismo: la libertad de explotación en las mejores condiciones de acumulación. En suma, una posición verdaderamente anticapitalismo sólo se puede hacer pensando la alternativa desde el punto de vista de la explotación. Otra cosa son los acuerdos concretos que se tengan que hacer en función de las correlaciones de fuerzas sindicales y políticas, que no hay que rehuir, pero que no pueden sustituir al enfoque estratégico.
Junto a la mano oculta del mercado cada vez tiene más fuerza, a través de una amplísima creación de hegemonía, la mano oculta del dominio del espacio político, que está consiguiendo, sobre todo en las denominadas democracias occidentales, la identificación entre capitalismo y democracia.
Y aún más: el mercado, el mercado libre, con sus estabilizadores automáticos, y el juego casi milagroso de la oferta y la demanda, se ha convertido en el gran emblema de la libertad.
Modelo de libertad que, llevado a sus últimas consecuencias, marca la prueba del 9 a la hora de saber qué es o no una democracia: es decir, donde no hay mercado libre, o éste se controla o planifica desde el interés público, no hay libertad de verdad, de ahí el cuestionamiento de lo que la derecha ha empezado a descalificar como “neopopulismo” latinoamericano (Venezuela, Bolivia, etc.).
En fin, se trata de una lucha económica, pero también política e ideológica; una lucha en la que tiene mucha importancia el “punto de vista de clase”, sobre todo si queremos generar una auténtica alternativa y no una variante de superficie del sistema capitalista. Lo que quiere decir que, de cara al futuro, en que la socialdemocracia, dado su desplome electoral y social, va a empezar a disputar el centro, nosotros, la izquierda transformadora, deberemos sacudirnos toda tentación que nos empuje a ocupar el lugar “vacío” de la socialdemocracia.
Nuestro lugar es otro, pertenece a otra galaxia, quizás por eso es preciso a aprender a pensar desde el punto de vista (y contra) la explotación y el dominio, aunque sea el camino más difícil.
* Presidente Ejecutivo del Comité Federal del PCE