Ahora que «nuestros» pescadores han pagado el peaje coercitivo para andar faenando por esos mares tan lejanos, te lanzarás (ya te has lanzado) a mostrar tu preocupación por la libertad de trabajo y a exigir medidas de fuerza para que «nuestros» trabajadores puedan trabajar en paz. Loable propósito el tuyo si no fuera porque, por el camino de tu discurso, no se llega al fondo de las cosas y se enmarañan los procesos lógicos para que una situación conflictiva, como la que nos plantean los piratas, pueda ser analizada por la ciudadanía, si ésta tuviera tiempo de dedicarse con razonable éxito a tan noble actividad cerebral.
Item más, como no se ofrecen, en la mayoría de los medios de comunicación, elementos para el análisis sino arengas vulgares, descalificaciones, simplificaciones y sensacionalismo, los que recibimos la avalancha mediática nos quedamos con la idea de que hay que proteger por la fuerza nuestro derecho al trabajo.
De manera que, si el mensaje cala con fuerza, el Estado va a tener que incrementar los gastos militares y de Seguridad porque, protegido el sector pesquero, surgirá la necesidad de intervenir en otros campos de batalla: Por ejemplo en la construcción, donde las condiciones laborales afectan a los trabajadores con unas tasas de accidentes mortales que si han descendido últimamente es porque se construye menos. Digo yo que habrá que dedicar también el mismo esfuerzo mediático para contar el sinvivir de estos colgados del andamio que se juegan la vida todos los días, también.
Otra cosa que llama la atención es que las empresas desaparezcan de la noticia. Cómo esté montado lo de ir a pescar en aguas revueltas tiene menos interés que contar las angustias de los pescadores… pero, a lo peor, las angustias de los pescadores tienen que ver en cómo se armó el tinglado. De eso se habla mucho menos.
Decíamos que estábamos contra la violencia, venga de donde venga pero descubrimos que la violencia es mucho más desagradable si la protagonizan unos somalíes con malas pintas y armas amenazadoras, organizados en clanes. Todo con aspecto primitivo, sucio, seguramente porque con el afán de piratear han descuidado el «look». En cambio, la operación debe tener varias caras porque, para ser unos filibusteros tienen sofisticadas conexiones con bufetes de abogados en Londres que un periodista llegó a calificar de «aburridos». ¿Aburridos? Imagínese un joven a lo Tom Cruise, mileurista recién incorporado a la empresa y que recibe la llamada del pirata jefe desde el mismo lugar del negocio (drama para «nuestros» trabajadores) para que ponga en marcha el procedimiento. Imagínese la llamada a la empresa de intermediarios, a la de transporte de rescate, a los especialistas en comunicación de catástrofes…Por el otro teléfono está llamando también a los de la Empresa de Seguridad o ETT de Mercenarios para que vayan preparando la protección de los que todavía no han sido asaltados… hay un montón de occidentales viviendo del drama de «nuestros» trabajadores y no pertenecen a ninguna ONG.
Casi todo lo que se publica tiene un aire de novedad al segundo. Es como una tecla de actualizar que te borrara el documento anterior. Y digo esto porque lo de la piratería y los rescates viene de lejos y nosotros deberíamos ser expertos (culturalmente hablando) en el tema. Desde los vikingos del siglo X, «nuestros» moriscos piratas en el siglo XVI, los corsarios ingleses (antes de poner despachos en la City) del XVII y José María «El Tempranillo», piratas y bandoleros unen miserias económicas de los que trabajan a pie de asalto con estrategias comerciales de los que promueven, organizan y administran.
Claro que te sonará a chino. Como tú te dedicas a la sastrería de alto standing…







