El pasado jueves 18 de junio se celebró en el Palacio de Convenciones de La Habana, la Tercera Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, correspondiente a la X Legislatura. Las decisiones tomadas, por unanimidad en la Asamblea, significan una modificación profunda de las estructuras económicas del Estado cubano. Básicamente, se ha decidido permitir una mayor participación del sector privado, nacional e internacional en la economía, al mismo tiempo que cambian las estructura económicas públicas, con una descentralización inédita que supone que cada empresa estatal tendrá que ser autosuficiente, y que los poderes provinciales y municipales asumen competencias económicas y administrativas que eran competencias estatales. Asimismo, se le dan una serie de competencias a las cooperativas agropecuarias.
Inmediatamente, articulistas de la prensa del conglomerado de propaganda proimperialista, como es el caso de El País, en España, se han felicitado por la derrota del socialismo en Cuba, que significa la aceptación del capitalismo como único sistema económico posible. Pero siendo las medidas aprobadas las más importantes desde la revolución, en el sentido del desarrollo de formas de producción capitalista, dentro del sistema socialista cubano, hay que decir, que ni son nuevas, ni sorprenden a nadie, al menos en Cuba.
Las primeras medidas tomadas, en este sentido fueron obligadas por la desaparición de la URSS y el sistema económico de mercado común existente entre los países socialistas europeos, llamado COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica), que fue disuelto en 1991. El todavía presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, exigió, que, a partir del 1 de enero de 1991, todo el comercio con la URSS, incluyendo el petróleo, se realizara en dólares estadounidenses y a precios internacionales de mercado. Esto supuso un golpe devastador para la economía cubana. El PIB se contrajo cerca de un 36%, mientras que las exportaciones y el comercio exterior se desplomaron en más de un 80%. De 13 millones de toneladas anuales de petróleo que Cuba importaba, se pasó casi a cero. La tasa de inflación en 1993 fue del 183%. Ese periodo que marca todos los años 90 se le conoce como el Período Especial. Ante las dificultades de supervivencia del pueblo cubano, el imperialismo de EE.UU. aprovechó para aumentar el Bloqueo contra Cuba a través de leyes, como Ley para la Democracia en Cuba (Ley Torricelli) en 1992 y la ley para la Solidaridad Democrática y la Libertad en Cuba (Ley Helms-Burton) en 1996.
Los días 1 y 2 de mayo de 1994, la Asamblea Nacional aprobó entre otras las medidas siguientes: Dolarización parcial de la economía, con la creación del CUC (peso convertible) y la creación de Casas de Cambio. Regulación de la inversión extranjera. Reducción de subsidios e incremento de impuestos. Reducción del aparato administrativo, de 50 a 30 ministerios. Promoción del turismo, e incentivos salariales. Estas medidas, a criterio de Fidel, nunca se hubieran aprobado si no hubiera sido por las circunstancias extraordinarias que soportaba Cuba. Pero también, se acordó, mantener los servicios sociales básicos, en lo fundamental sanidad y enseñanza, y también el subsidio en la energía, el transporte, la telefonía…
En realidad, desde la concepción marxista que inspira a la revolución cubana, el socialismo se entiende como un periodo de transición histórica entre el capitalismo y el comunismo, donde conviven dos modelos de producción. Es el poder y la voluntad política de la mayoría del pueblo trabajador lo que permite mantener ese proceso de transición vivo, que no está exento, como todos los procesos históricos, de avances y retrocesos.
La economía cubana fue saliendo a flote, después del periodo especial, e incluso, dio un gran salto adelante, con la incipiente normalización de relaciones con EE.UU., en la segunda presidencia de Obama. La situación económica y social actual se deteriora gravemente después de tres hechos fundamentales. Uno, el primer mandato de Trump, con la implementación de 243 medidas de reforzamiento del bloqueo y la introducción de Cuba en la lista de EE.UU. (ilegal y unilateral pero referente obligado de la banca internacional) de países que colaboran con el terrorismo internacional. Dos, la epidemia global del COVID, que sangró las disponibilidades financieras del Estado cubano para proteger a su población y que acabó con su principal fuente de ingresos, el turismo. Tres, el segundo mandato de Trump, que quitándose la careta y utilizando a Marco Rubio como ariete, manifestó que sí, que iban a endurecer el bloqueo, cuyo objetivo era acabar con el Estado cubano, a través del dolor de su población. Impedir la llegada de una gota de petróleo, sancionar a las principales empresas públicas cubanas, impedir el uso de tarjetas de crédito y otras medidas similares que han llevado a que las condiciones de supervivencia de la población cubana sean muy difíciles. La amenaza final del imperio, inédita por su desprecio público a las normas de derecho internacional, es la de la agresión militar si el pueblo cubano no se rinde.
Y el pueblo cubano no se ha rendido. Frente a la amenaza militar, proclaman su defensa de la paz y de la diplomacia, pero no dudan, como con el gesto simbólico de Silvio Rodríguez, de pedir el fusil, y advierten de que nadie los doblegará a la fuerza, y quien lo intente lo pagará con su sangre.
Pero, además, la población resiste la situación con medidas innovadoras. Están transformando las fuentes de energías a través de renovables, especialmente placas fotovoltaicas. Están multiplicando los vehículos ligeros eléctricos, están modificando las formas de trabajo, acumulando turnos, o utilizando los modos telemáticos. Siguen inventando productos farmacéuticos y produciendo todo lo que pueden con materias primas cubanas o con acuerdos de colaboración con países como Rusia y China. Y, sobre todo, han aceptado el reto imperialista y están dispuestos a resistir con la sonrisa en la boca y al son del ritmo y el baile caribe.
Un ejemplo de esto es la historia real que me llega del día a día de una familia cubana. La madre se despierta, a oscuras. Sabe que va a estar a oscuras, como en muchos días atrás, porque no hay energía eléctrica. Sabe que la comida se le está echando a perder porque no funciona el refrigerador. No tienen comida, pero no pueden usar el teléfono para pagar la compra, porque no tienen cobertura. Consiguen comida, después de discusión y acuerdo en el mercado agrario. Cuando el hijo y la hija se levantan a desayunar, ceden parte de su pan, porque l@s niñ@s tienen más hambre. El pequeño pide el ordenador a su madre para ver dibujos animados y ella, a pesar de que tiene trabajo pendiente se lo deja. A mediodía, después de haber conseguido comida, l@s niñ@s disfrutan de ricas tajadas de mango. Por la tarde, la madre siente un dolor en el pecho y el padre un zumbido en los oídos, van al médico y le dicen que es estrés y ansiedad, que la receta es tomarse las cosas con calma. La madre, decide dejar el trabajo de ordenador pendiente para el siguiente día, y se pone a dibujar con l@s hij@s. Llega el momento de ducharse, y el padre decide, que como está cayendo un fuerte chaparrón, que se van a lavar debajo de la lluvia. L@s niñ@s, considerándolo un juego, se vuelven loc@s de alegría. Al final de la tarde, después de acordar, padre y madre, de que, si llega luz de madrugada, se levantarán a poner la lavadora y a planchar, ella le dice a l@s niñ@s que para evitar el calor, se queden quietecit@s en la cama y entonces les lee cuentos. Cuando ella cree que están dormid@s, apaga la luz y se acerca a darles un beso. En ese momento, el niño, le susurra, sin abrir los ojos: «mami, hoy fue el mejor día de mi vida». Ella, emocionada, no pudo contestarle, pero se fue a la cama más aliviada y feliz.
El desafío que afronta el pueblo cubano, con sus instituciones al frente, a través de las 176 medidas aprobadas, es hacer compatible: Primero, los mecanismos de mercado, que producen desigualdad, con la equidad social. Segundo, la descentralización estatal con la cohesión territorial. Y tercero, conciliar la autonomía empresarial —y su expectativas de beneficio—, con la protección de los derechos sociales y laborales de la clase obrera cubana. Los cambios pueden traer incertidumbres y errores que se podrán corregir, la parálisis solo puede traer la derrota de la Revolución.







