En la primera entrega de esta serie, destacábamos la importancia que tuvieron los viajes y estancias de Paul Nizan en la URSS invitado por el Kominter, donde además de profundizar en el estudio de Marx y Engels asiste al Congreso de escritores soviéticos celebrado entre 17 de agosto y el 1 de septiembre de 1934. Estas experiencias no tienen como resultado un libro al uso -«el retorno de la Unión Soviética- cuya ejemplificación sería el Retorno de la URSS de André Gide, en cambio Paul Nizan elige el papel de defender e ilustrar los logros de la revolución soviética, por ejemplo, en los relatos Sindobod Toçikiston y El tambor del Timour, extenso texto sobre el viaje y su estadía en Samarcanda, y en los artículos que publica en el mensual Rusia de hoy día y en otros medios. Y en lo que respecta al campo más amplio de la cultura y, específicamente, de la literatura, incorpora a su teoría y práctica literaria el proyecto de realismo socialista, esbozado por los escritores de la revolución en el mencionado congreso y, que más tarde, Louis Aragon enunciará su versión personal como teoría política y literaria en el volumen Por un realismo socialista. No es el momento de explicar la trascendencia de este proyecto que más tarde desarrollarán Georges Lùkacs, Bertold Brecht, Adolfo Sánchez Vázquez, y muchos otros.
Por una nueva cultura agrupa cincuenta y cinco artículos escritos en medios periodísticos diferentes desde el año 1930 hasta 1939 y representa una antología suficiente para tener una visión de la historia de la literatura y de sus problemas técnicos, políticos y estrictamente literarios en una época que era la antesala de una de las mayores tragedias de la historia. Sin embargo, a pesar de los condicionantes que emergían en cada momento, Paul Nizan nunca abandona la crítica literaria en la que se percibe un desarrollo progresivo que iría desde el fervor juvenil y crispación a un tono más distendido donde la reflexión impera sobre la enunciación. Esto en lo que respecta al tono o estilo, pero en cuanto a la naturaleza de sus contenidos, encontramos una inmensa cultura vivida y asimilada en los campos artísticos como en los literarios, un profundo conocimiento de la literatura contemporánea y clásica, y un dominio de los problemas técnicos de los diferentes géneros.
Con este andamiaje y desde la afirmación de la vida y la visión de la muerte, Paul Nizan construirá un corpus crítico en el que desarrolla su concepción literaria y filosófica en estrecha vinculación, unas veces, con su militancia comunista enraizada en un hondo conocimiento del marxismo, y otras, con sus criterios, diríamos más personales, que le imponen una sintaxis más solemne y un contenido menos doctrinario, porque como él había dicho, los gritos no salvan. Pero por encima de contradicciones y ambigüedades, su constante lucha a favor de una cultura como instrumento de liberación y la unión entre creación y acción se constituyen en los fundamentos de un compromiso que hoy día se nos dio como tarea inacabada.
Es tan extensa y rica la franja de temas y preocupaciones nizanianos que cada artículo podría ser un tema de debate, porque desde el primero, Muerte de la moral burguesa de Emmanuel Berl hasta el último de la serie del libro Choix de élues de Jean Giraudoux encierra una idea cuyo conjunto, como apunta Susan Suleiman, forman una teoría notablemente coherente del papel, de las ambiciones y de los límites en el mundo presente. Teoría que se elabora lentamente a través de los años y de los libros, pero que está regida desde el principio, por la idea profundamente comprometida de que no hay escritura inocente […] porque toda escritura implica una elección. Incluso cuando el escritor no lo admita conscientemente, sus libros revelan de qué lado está.
Es ardua tarea explicar todas las propuestas que, a veces, esboza, y otras explica en el desarrollo de sus artículos que se puede descender a la simplificación. Para evitar este riesgo proponemos le enunciación de aquellos temas que consideramos más próximos. Un número elevado de estos artículos están dedicados al comentario de novelas, entre los que destacamos las de Louis Ferdinan Celine Viaje al final de la noche en la que su autor no halla en esta novela de la desesperación otra salida que la muerte, y Muerte a crédito, sobre la que afirma que es un pastiche de la anterior donde prevalece el mismo mundo sin esperanza, dominado por la sexualidad, enfermedades, el odio, la crueldad, la violación y la muerte explicado como una lengua sabia, pero muerta. Sobre Fantomas de gran éxito popular, apunta P. Nizan que es uno de los libros policíacos más perniciosos porque al presentarse la policía como protectora de la gente honrada contra el crimen provoca su simpatía, así como la lucha contra la criminalidad es el biombo que oculta la lucha contra la revolución.
Es en el comentario a El año de los vencidos de André Chamson donde Paul Nizan se pregunta por problemas específicos de la novela. Aquí se cuestiona el problema de la perduración, es decir, dónde está el límite entre actualidad y permanencia: «Cómo describir un mundo que cambia con una técnica y en forma tal de que la descripción de este cambio tenga posibilidades de perdurar». Su respuesta es que una gran literatura del presente requiere una perspectiva general de la historia. Sin la percepción de la marcha de los acontecimientos, el novelista solo ofrecerá instantáneas que no sobrevivirán.
Al hilo de estas preocupaciones, saluda con fervor El tiempo del desprecio de André Malraux y concibe una novela comunista si se establece sobre los mismos valores que plantea A. Malraux, como el problema de la calidad de los medios y del estilo. Las justificaciones edificantes y un estilo piadoso solo consiguen propaganda. La cualidad más grande de la obra de arte es conmover las fibras menos evidentes del lector, porque como dice su autor, el valor de la obra de arte no está dado por la pasión o por la indiferencia que la animan, sino por la concordancia entre lo que expresa y los medios que emplea. Además, esta conmoción se produce por la afirmación de determinados valores ejemplificados en la historia de su protagonista Kessse.
Conocedor, como hemos dicho anteriormente, de la literatura contemporánea, Dostoievski y Tostoi son dos referencias reiteradas y opuestas en su quehacer crítico. Mientras Tolstoi sería el representante de «la felicidad», Dostoievski representaría uno de los grandes novelistas de la «desgracia». En su crítica a El Adolescente Paul Nizan retoma el problema de «la actualidad» que el propio novelista se plantea al querer describir sin errores personajes de una época que no han cristalizado. La solución es escribir memorias y El Adolescente, que tiene forma de se memorias, es una gran novela que describe un mundo sin salidas, de fracasos, pero que no lleva en sí la negación de esa desdicha que sitúa en los destinos individuales y no en el sistema social. Pero si la revolución es una negación de la desdicha, apunta Nizan, y ésta está enraizada en la historia, está claro que el carácter trágico de ésta no puede ser silenciado; así pues, una literatura revolucionaria no es una literatura satisfecha, optimista, pero no puede rehuir la obligación de ser trágica. Esta novela sería la descripción indignante de la desdicha. Aquí se encuentra su encuentro con Dostoievski.
Con esta misma lucidez, Paul Nizan se acerca a otros escritores del momento con una gran perspicacia y sabiduría. Sus obras, muchas de ellas también olvidadas, como estos artículos que acabamos de comentar, pueden ser buenos acompañantes en esta tarea de comprender y actuar, ahora que la clarificación ideológica es un deber en los combates anticapitalistas.







