La afilada punta del cálamo

Apocalipse now. Celtiberia show

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(Dedicado a Vicente Verdú y Luis Carandell)

Poco a poco, Derecha, se va confirmando una sensación de desastre colectivo tanto por lo que hacen tus poderosos como por lo que transmiten tus gobernantes. Podríamos añadir que el desastre también se nota en la relativamente escasa respuesta colectiva (a pesar de las cuantiosas movilizaciones) a tus desmanes en determinados niveles de la sociedad. Lo que está ocurriendo es mucho más grave porque estamos teniendo enormes dificultades para quitarnos de encima la losa del miedo y del conformismo, la costra de la desinformación planificada, la pillería del interés individual y la gangrena de la falta de cultura política. Sin embargo, es tal la sensación cotidiana y creciente del desastre y de la estafa que es como si, mientras sigues con tu tocomocho, la designada víctima empezara a tomar clara conciencia de que algo anda mal en el cuento que le están soltando y que, además, está en sus propias manos (y sólo en sus propias manos) que no le cuelen más historias falsas. Y, realmente, (que no monárquicamente) es lo único que puede salvarnos. Hacen falta más y más expandidos conocimientos sobre cómo es el mundo para no ser víctimas de nuestras propias emociones, de nuestras fantasías y de las distracciones que nos propones a través de tus medios de manipulación de sensaciones. Me parece que el desastre de ahora supera en complejidad al de 1898 pero espero que sirva, como aquél, de revulsivo para los pensantes de ahora -tanto de derecha como de izquierda- que serían todos bienvenidos ante el peligro común de esta nueva grisura que nos amenaza y en la que se instala, por una parte, la conciencia de la gigantesca estafa que apenas se esconde ya tras lo que nos habían vendido como progreso y que había supuesto una indudable mejora en nuestras vidas, vía consumo, y, por otra parte, la deprimente idea de cuán poderosas y despiadadas son las fieras depredadoras que nos amenazan en el solar patrio, que pensábamos haber transformado en césped de urbanización y ahora vuelve a parecernos implacable jungla o, lo que es casi peor, cortijo andaluz en el que, como dice la coplilla popular, quien no tiene tabaco se fuma el pijo. Cuando digo pensantes me refiero a los honestos, a los científicos, no a los inteligentes a sueldo de tu know how. Me parece que ahora se nota más que nunca hasta qué punto te has apropiado, piramidalmente en tus propias filas, como un rodillo para los demás, del saber que debería ser de todos aunque todos no lo podamos metabolizar con el mismo aprovechamiento. Pero para eso estaba la redistribución de la riqueza, incluido el saber al servicio de todos y no de unos pocos poquísimos, y no al servicio de la dominación sobre la mayoría, incluyendo en ella a muchos de los que creen saber y creen estar en posiciones desahogadas, cuando resultan ser sólo traidores a los que Roma nunca les pagará lo que les había prometido. Y cuando digo pensantes de derecha y de izquierda estoy procurando encontrar amplias zonas de coincidencia en lo mínimo, en lo básico que una población debe reclamar para poder seguir imaginando que es ciudadanía, pero eso no me libra de la preocupación de seguir trabajando el pensamiento desde una perspectiva de la izquierda porque, si no sabemos y hacemos saber, cotidianamente, dónde estamos nosotros (y no solamente por la amplitud de nuestra queja sino por la brillantez de nuestro ejemplo) difícilmente podremos establecer con tus pensantes acuerdos útiles, porque esos interlocutores son válidos siempre que sirvan de contrapunto pero dejan de serlo cuando el contrapeso es tan poderoso que te encuentras en la insoportable levedad del no ser. Y si no somos, no estaremos o estaremos como empezamos a comprobar que estuvimos en otros momentos, que parecían de pacto y resultaron de sumisión. Ahora que la redistribución tiene que arrancar el botín de manos de la más feroz acumulación capitalista que se ha conocido a escala planetaria, bueno será que recomencemos también a fabricarnos nuestras propias riquezas, nuestros valores que no compiten en tus bolsas, nuestros propios bienes que son resultado de la conciencia de clase, de la voluntad de emancipación, de la defensa de la cultura y de la política practicada desde lo más bajo a lo más alto, a suprimir dirigentes y a potenciar a nuestros representantes… no, derecha malintencionada, no hablo de purgas sino de ponernos a trabajar en lo nuestro y dejarnos de especulaciones. La gente, el pueblo que decimos cuando queremos ponernos trascendentes, ya está practicando otra vez lo de ponerse de acuerdo para hacer cosas. Ahora lo pueden llamar coworking, crowfounding… me da lo mismo. Empieza la gente a moverse, a comunicarse, a movilizarse… cada vez más conscientes de lo que está en juego. Cada vez más horrorizados por lo que propones, cada vez más escandalizados por tu pertinaz sequía de soluciones para los demás. Cada vez más preocupados por los dañinos efectos de tu dominación económica, política y militar. Cada vez más molestos con nosotros mismos por habernos dejado manipular durante años tan cruciales para haber creado otro país como el que soñábamos. Con la mala conciencia de habernos equivocado demasiado, de no haber sabido mantener nuestras defensas. Convencidos de que hay que reformarlas y fortalecerlas, quizás con nuevos materiales, con nuevas tecnologías, siempre con ciudadanos, nunca con feligreses. Estamos ante la oportunidad de demostrarte que podemos hacer algo contando con los demás… no contra los demás, que es el mensaje y la práctica machacona con la que nos has llevado a este desastre.

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