¡Qué no nos representan, que no! ¡Lo llaman democracia y no lo es! Estás consignas son repetidas a gritos en las calles y plazas del Estado, y son una verdad abrumadora. El Parlamento no solamente está secuestrado por el poder económico representado por los especuladores financieros y los señores oscuros de la Troika. Su composición nace emponzoñada por un sistema electoral que anula el principio democrático de una persona, un voto, impide la participación directa del pueblo, y acorrala a los grupos parlamentarios pequeños limitando sus instrumentos de trabajo y su capacidad de propuesta.
Ante el desmoronamiento de un modelo económico basado en la injusticia, el invidividualismo y la insolidaridad, aparece una desafección cada vez mas acentuada acerca de la institución que debería hacer ejercer la soberanía del pueblo y que sin embargo, no es mas que una apisonadora de las voces que realmente nos representan. ¿Qué fiabilidad puede aportar una cámara de representación que vota en contra de miles de enmiendas presentadas por los grupos minoritarios sin ni siquiera leerlas?¿Qué espacio de reflexión y debate es aquel en que cuando toman la palabra los grupos minoritarios, sus señorías salen corriendo del hemiciclo sin escuchar siquiera.
Es en este contexto en el que desde el grupo parlamentario de la Izquierda Plural junto a hombres y mujeres de distintos colectivos sociales y militantes de la izquierda social, decidimos poner en marcha un proyecto que sirva para paliar las carencias del Parlamento y habilitar canales de participación y elaboración colectiva: el “Parlamento a la Calle”.
El Parlamento a la Calle es el espacio de reflexión y debate que no existe en el hemiciclo. Pretende ser la correa de transmisión a través de la cual, la voz de los ciudadanos, la voz del pueblo y sus propuestas directas lleguen al corazón de las instituciones, utilizando a los diputados y diputadas de la izquierda como su altavoz. A la vez que permite e impulsa que las propuestas y cuestiones de cualquier colectivo, entren de forma directa a las instituciones.
La configuración de este espacio, escuchando y observando las peticiones y formas de hacer de los nuevos movimientos sociales, es horizontal, asamblearia. Nuestros diputados y diputadas participan en estas asambleas en pie de igualdad, como uno más. Incluso su estética destila esa igualdad asamblearia, disponiendo el lugar físico de los diputados entre el resto de los participantes.
La primera asamblea del Parlamento a la Calle surge al calor de una interperlación del grupo parlamentario que persigue la regeneración democrática del Parlamento poniéndolo al servicio de la ciudadanía y abriéndolo a la participación directa. El debate fue zanjado por la vicepresidenta del gobierno, Saenz de Santamaría, aduciendo que no había necesidad de abrir el parlamento al pueblo puesto que ella era el pueblo y ya estaba en el Parlamento. Pero claro ¿En qué escaño hay alguien desahuciado?¿Cuál es el escaño del parado de larga duración sin prestaciones?¿En que banco se sientan los excluidos sociales que ya han sido arrojados a la cuneta?
Con ese objetivo se celebró hace unos meses la primera asamblea del Parlamento a la Calle con la participación de más de un centenar de personas de diferentes colectivos y organizaciones, y con Jose Luis Centella y Ascensión de las Heras desde el grupo parlamentario. Debatimos acerca del funcionamiento del Parlamento, fijamos los temas a los que deberíamos dar prioridad y empezamos a organizar la forma de desarrollar este proyecto tan ilusionante como difícil de sacar adelante.
En la siguiente asamblea se fijó la vivienda como línea de trabajo prioritaria, por entender que hay que acabar de forma inmediata con el drama social que supone la anulación de un derecho humano fundamental, e iniciar el camino hacia una auténtica democracia.
Con la asamblea del Parlamento a la Calle -en la que pueden participar de forma abierta y directa todos los colectivos y personas individuales que quieran hacerlo-, junto al trabajo efectivo de las áreas de elaboración colectiva de IU, ya no hay excusas. Ya no cabe la equiparación de todos los políticos y sus partidos al mismo nivel. Cualquiera puede adquirir el compromiso político y social de participar de forma directa en la elaboración de propuestas que, no solamente van a ser incorporadas a un proyecto de transformación de la sociedad, sino que también van a llegar al Parlamento a pesar de las vallas y el blindaje policial impuestos.
Ahora empieza la parte difícil, el trabajo diario, conseguir que cada vez más colectivos sociales, incluso compañeros de otros colectivos políticos, hombres y mujeres dispuestos a participar en la resistencia, nos impliquemos, aportemos nuestras propuestas, debatamos las que nos traerán desde el Parlamento y construyamos la anhelada democracia de la justicia social. El espacio ya lo tenemos, abierto, sin requisitos. No es necesario afiliarse a partido alguno, ni siquiera simpatizar con él. Solamente asumir la coherencia y la responsabilidad del trabajo efectivo, dar el paso de que la indignación y el grito en la calle tenga correlación con la realidad del trabajo militante diario, en la elaboración y en la toma del poder institucional como herramienta indispensable para superar el capitalismo. Porque no nos engañemos, del mismo modo que la toma de las instituciones no sirve de nada sin la existencia de un contrapoder popular, la movilización en la calle no tiene ninguna utilidad sin la toma de las instituciones.







