Es difícil escoger el adjetivo, ¿sarcasmo, cinismo…? El pasado 10 de diciembre la fundación sueca otorgaba el Nobel de la paz a la Unión Europea. La mayoría de los países europeos, cuando menos, ya habían participado en dos grandes guerras de agresión. La primera, la guerra contra Gadafi, íntimo amigo de la mayoría de los dignatarios europeos desde Cameron hasta Zapatero. El resultado es conocido: la destrucción de Libia; el asesinato de 120.000 personas gran parte a consecuencia de los bombardeos de los aviones ingleses y franceses; el predominio político de los sectores musulmanes más fundamentalistas que han impuesto la más rigurosa sharia (ley islámica).
La segunda guerra es en Siria. Occidente ha apoyado nuevamente a los sectores más salafistas, que no dudan en aterrorizar a la población: sólo el día 15 de enero eran asesinados 80 estudiantes en la universidad de Alepo, atentado atribuido por los servicios de inteligencia occidentales a los “rebeldes” sirios. Entre los grupos alentados por Occidente figuran algunos considerados como grupos terroristas por los servicios de inteligencia de EEUU. El apoyo de Francia es importante; París y, sobretodo, la empresa Total con fuertes intereses en el petróleo y el gas de Siria, están boicoteando los proyectos de paz negociados en Ginebra. Esto encona y estanca el conflicto que estaría resuelto por la vía política sin la “ayuda”, en forma de dinero y pertrechos de Francia, Inglaterra, EEUU, Qatar, Turquía. En estos momentos se tienen documentados la participación de militantes islamistas radicales de más de 29 países, con unos 30000 efectivos, así como decenas de asesores militares europeos y turcos.
La tercera guerra en la que interviene la UE es en Mali. La guerra en Mali no es sino una fase del proceso de recolonización de África por las antiguas metrópolis. Ahora, África es el nuevo tablero de ajedrez de una larga partida donde las potencias contendientes, Occidente, Rusia y China, pretenden asegurarse ventajas estratégicas en el control de recursos naturales. Hace pocos días el presidente francés François Hollande aseguraba que las motivaciones para la intervención francesa eran puramente ideológicas “no estamos defendiendo ningún tipo de interés político o económico en Mali, defendemos simplemente la paz”. Nada más lejos de la verdad. París y la compañía AREVA, un gigante energético, tienen importantes intereses sobre las reservas de gas en el norte y el uranio en el centro del país. Las reservas probadas serían más de 5000 Tm: hay también importantes reservas de bauxita, cobre, fosfatos, plomo, zinc y especialmente litio un mineral muy raro e indispensable para la industria electrónica. El otro gran atractivo inmediato es el oro, del que el país produce más de 4 tm anuales. Varias multinacionales interesadas en este mercado podrían estar detrás del conflicto: la francesa Société Générale, la suiza UBS (Unión des Banques Suisses), el Royal Bank de Canadá y J. P. Morgan.
La intervención francesa ha tenido de todo menos de improvisación. Fue anunciada hace seis meses. Muy oportunamente numerosas tropas francesas estaban acantonadas en Mali desde hacía mucho tiempo; según relata la Red Voltaire era una fuerza militar considerable: el 1er Regimiento Paracaidista de Infantería de Marina «la coloniale» y al 13er Regimiento de Dragones Paracaidistas, helicópteros y más de 12 aviones entre ellos (3 aviones Mirage 2000D, 2 Mirage F-1, 3 aviones de transporte C135, un avión de transporte táctico pesado C130 Hércules y otro avión de transporte táctico C160 Transall. Pura casualidad.
La cronología de esta ocupación es cuando menos extraña. Las elecciones presidenciales estaban convocadas para mediados de abril del 2012 y el presidente no repetía mandato. Cinco semanas antes se produce el golpe de estado militar encabezado por oficiales formados en EEUU. Los golpistas son incapaces de explicar cuáles son las razones para intervenir y cuál es el plan para “salvar el país”. Se suprimen las elecciones y se transfiere el poder a uno de los candidatos más ligados a Francia. El golpe de estado fragmenta aún más la división étnica del país. Los tuareg nómadas del Sahara reivindican desde hacía decenios su propio país en la zona norte del Sahara, no pretenden proseguir hacia el sur de Mali. Serán los grupos jihadistas los realmente interesados en proseguir su expansión hacia la capital Bamako. Según el ’New York Times’ desde hacía cuatro años EEUU había venido entrenando a los grupos militares malienses, invirtiendo cerca de 600 millones de dólares en instrucción y armamento. Llegado el momento del golpe militar unido a la intervención jihadista en el norte, también entrenados por Occidente para la intervención en Libia, cuatro de las cinco divisiones acantonadas en el norte desertaron y se sumaron a los rebeldes.
El 10 de enero del 2013 los jihadistas se extienden hacia el sur. El presidente pide ayuda a Francia que actúa en pocas horas. Argelia se verá implicada cuando un grupo islamista radical asalta una planta de gas y retiene a centenares de rehenes de diversas nacionalidades. Francia presiona y obliga al gobierno argelino a abrir su espacio aéreo al ejército francés. La desestabilización de Argelia, al estilo de Libia o Siria, podría ser otro de los objetivos franceses en este proceso.
El método francés recuerda el de Bush: utilizar a los grupos islamistas para crear un caldo de cultivo que promueva la intervención occidental. El discurso de Francois Hollande reproduce los tópicos de la «guerra contra el terrorismo», cuando ya algunas ONGDs han denunciado las ejecuciones sumarias y las violaciones llevadas a cabo por el ejército maliense y sus aliados africanos y franceses. Qatar que ha comprado importantes paquetes de acciones de las empresas francesas en dificultades y Arabia Saudita, gran valedor del actual presidente aupado por los militares, vuelven a aparecer en escena.
El presidente francés ha visto el momento oportuno para una intervención; su popularidad, por los suelos, incapaz de cumplir sus promesas electorales, ha encontrado en la intervención exterior la justificación de su acción política. El apoyo, más político que militar de la UE, rebela también los claroscuros de la diplomacia de la Unión. El que fuera la gran esperanza de la socialdemocracia francesa, que pondría a Merkel en su sitio, se ha revelado como un bombero-pirómano; como un pequeño Napoleón.







