De fondo, la sintonía del programa «Entre dos aguas», de Paco de Lucia. Un lunes más, a las cinco de la tarde, hora taurina y lorquiana, la terna casi habitual, que coordinada por mí, me arropa tanto a «Diestra» como a «Siniestra». Antonio José y Mariano, junto con nuestro invitado de la semana, y en espera del teléfono, Manolo Fernández Cuesta, que entrará con su crónica semanal, a las cinco y veinte con música de fondo de Miles Davis.
Los tres Mosqueteros de las Ondas Alternativas, citados antes, como a Miguel Bílbatúa le gustaba llamarnos, a los que se unían Manolo, y Pascual Serrano, cuando podía venir. Minutos antes de la hora, nos disponíamos a que Carlos, desde el control nos diese entrada: «Son las cinco de la tarde, y esto es ‘Nunca es triste la verdad?…..». Comenzaba el programa.
Las viejas cintas de casete, en las que hoy he vuelto a escuchar tu voz, Manolo, emitida tanto desde París como desde Milán, me dan de nuevo alas de creación y libertad por tu ilusión e ironía, como en aquellos lunes ya tan lejanos. Hoy tu voz resuena en un presente brutalmente inacabado.
Y hoy, ¿Qué te puedo decir, sin que me embriague la emoción, sin que se me salte una lágrima? Nosotros «los rojos» funcionamos con la cordialidad y con la razón, porque lo que nos mueve e ilumina es la realización de un proyecto y no un balance de resultados. Que tenemos mil revoluciones cotidianas por hacer; que…me he quedado otra vez, en blanco, esta vez delante del teclado, al igual que lo hice, cuando Julián Rebollo, en el estudio, me dio la noticia de la pérdida de Miguel Bilbatúa hace muchos años.
Maldito mes de julio, Manolo. No sólo por aquella maldita sublevación fascista, sino también porque tú te has ido en julio, como otros muchos amigos. A partir de ahora, en mis mejores sueños, te recordaré emitiendo tus lúcidas y punzantes crónicas desde París o Milán. Y también recordaré nuestros encuentros fortuititos en las movilizaciones por las calles de Madrid.






