Primer aniversario de la Marcha Negra

Memoria y perspectiva de las luchas mineras

El PCA denuncia la importación de carbón y pide que se obligue a las eléctricas a comprar el carbón español.
Foto: José Camó

Pronto hará un año. La noche del 10 de julio de 2012 confluían sobre Madrid las columnas que, procedentes de diversas comarcas mineras del país, llegaron a pie en una esforzada y unitaria acción reivindicativa: Era la Marcha Negra. Los trabajadores y el pueblo llano de la capital les tributaron la acogida más apoteósica. Una incalculable marea humana acompañó a los mineros desde su entrada a la ciudad hasta la Puerta del Sol. Fue una demostración espectacular de solidaridad de clase y, a la vez, el reconocimiento popular al ejemplo de coraje y combatividad del destacamento obrero que, una vez más en la historia, se situaba a la vanguardia de las luchas sociales.

Atrás quedaban ya muchas jornadas de una huelga durísima que habría de durar hasta 67 días. Y permanecía viva y en pie una áspera secuencia de cortes de carretera, barricadas ardiendo, carreras por el monte, encierros en los pozos, acampadas, manifestaciones multitudinarias y la gran huelga general del 18 de junio en las comarcas mineras.

En Asturias, tierra minera por excelencia, la movilización coincidía con el 50 aniversario de la “huelgona del 62”, un referente histórico del movimiento obrero y de la resistencia antifranquista en su lucha por la libertad. Y también ahora, medio siglo más tarde, la represión se cebaba sobre los mineros, con cargas policiales, pelotazos de goma, detenciones y aplicación abusiva de medidas antiterroristas. Esa era la única respuesta del régimen monárquico y bipartidista, fiel gendarme de los intereses bancarios y de la gran burguesía.

¿Qué había sucedido? Cómo se llegó a una movilización tan sostenida, tan combativa y tan reconocida y arropada socialmente?

La historia se remonta mucho tiempo atrás. La entrada de España en la UE le llevó a competir en condiciones de desigualdad con economías mucho más fuertes. La consecuencia fue que mientras economías poderosas, como la alemana, se fortalecían aún más, se iba generando una paulatina desertización productiva en los países menos desarrollados, entre ellos España.

La reconversión industrial gestionada rigurosamente por los Gobiernos de Felipe González fue dando al traste con variados sectores productivos, entre ellos, la minería del carbón. De los 45000 mineros que había en 1991 se pasa a unos 8000 en 2012, incluyendo las subcontratas. Es cierto que las luchas de los trabajadores en las dos décadas anteriores lograron al menos la creación de unos “fondos mineros” para subvencionar supuestamente otras alternativas productivas, evitar el desplome de las comarcas mineras, paliar las consecuencias sociales del cierre de las minas y garantizar el mantenimiento de una mínima parte del sector.

Sin embargo, lo proyectado en los papeles no coincidió con la realidad sobre el terreno. El Estado, dentro de la lógica de la UE renunció a crear empresas públicas y la mayor parte de los fondos mineros se canalizó a empresas privadas, generando un enriquecimiento extra para sus dueños que, una vez cobradas las subvenciones, emprendieron el camino de los ERES, los despidos y la deslocalización.

Al final de este proceso de desmantelamiento, es el Gobierno del PP el que perpetra la última actuación liquidadora, recortando en los Presupuestos Generales del 2012 el 64% del Plan del Carbón, que pasa de 703 millones de euros a 253.

Ello afecta a subvenciones para las empresas mineras, a creación de infraestructuras, a becas de formación y a instalación de nuevas empresas. Supone un golpe mortal para las comarcas y, desde luego, la liquidación del sector minero. Y es frente a esa agresión, que implicaba además el flagrante incumplimiento de compromisos contraídos por anteriores Gobiernos con fuerza de Ley, contra la que se movilizaron los trabajadores.

Hoy un año después, sabemos, que las reivindicaciones concretas de la movilización no se alcanzaron, que el Gobierno se enrocó en la intransigencia, que últimamente entró a saco en las prejubilaciones y que además pretende darle la puntilla al sector para 2014. Por eso los sindicatos de la minería, tras un repliegue invernal inducido por la extenuación a la que habían llegado los trabajadores, reiniciaron la negociación y retomaron la movilización con la gran manifestación del 17 de abril en Mieres.

Por su parte, el Partido Comunista de Asturias, que desde el primer momento participó activa y organizadamente en todas las formas de lucha de la minería durante el pasado año, continúa hoy en la brecha al lado de los trabajadores esforzándose en alentar la voluntad movilizadora de los sindicatos.

El PCA denuncia la importación de carbón, especialmente el colombiano, que se acumuló en el puerto de Gijón por decenas de miles de toneladas, propiedad de la Goldman Sachs, extraído a precios irrisorios por trabajadores superexplotados, brutalmente reprimidos, y adquirido por las grandes eléctricas, Iberdrola, Endesa, Fenosa, etc, que han ganado 6342 millones de euros durante 2011 y a las que les importa un bledo el desplome de comarcas enteras.

El PCA entiende que hay futuro para el carbón español, en un contexto mundial en el que su utilización crecerá un 65% de aquí a 2035, adelantando al petróleo en el “mix” energético mundial. Por tanto, aboga porque el carbón sea considerado como un sector estratégico del Estado, porque se invierta en I+D+I para hacer menos contaminante la energía que produce y que seguirá siendo necesaria durante largo tiempo, mientras se desarrollan las energías renovables de forma suficiente. En consecuencia, el PCA defiende la aprobación de un nuevo Plan General de la Minería que garantice su viabilidad hasta 2018 y más allá. Defiende el mantenimiento del sector público carbonero, la nacionalización del sector privado (a la que últimamente ya se ha referido también la Federación de Industria de CC.OO) y la adopción de medidas que obliguen a la adquisición de mineral español por parte de las eléctricas.

Nada de eso será posible sin la lucha de los trabajadores, sin la voluntad movilizadora de los sindicatos y sin la solidaridad de la mayoría social igualmente baqueteada por los recortes del Gobierno y de la “Troika”. Ahora, un año después de las grandes movilizaciones de 2012 es buen momento para recordarlo. Y para ese empeño los trabajadores del carbón podrán contar con el Partido Comunista, desde los argumentos hasta las barricadas.

Secretario General del Partido Comunista de Asturias

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