Las nubes, de Luis Cernuda

En el 50 aniversario de la muerte del poeta en el exilio mexicano.

En 2002 se conmemoraba el centenario del nacimiento de Luis Cernuda con innumerables homenajes en forma de simposios, congresos y publicaciones que analizaron y estudiaron su obra. El poder político, entonces en manos de la derecha, con toda impunidad apoyó este acontecimiento con la voluntad cínica más de olvidar que de recordar, imposturas que hubieran sonrojado y entristecido al propio poeta. Fue un intento de neutralizar una poesía que nada tenía en común con la ideología conservadora o conmemorar en lugar de celebrar. Hoy día, pasado el fervor y furor de los oportunistas y conversos, la obra del autor de La Realidad y el deseo merece ser recordada más allá de las delirantes anuencias por la cercanía de su poética, enraizada en un ejemplar compromiso ético y político.

La Realidad y el deseo se constituye en su obra completa que comprende desde Primeras poesías (1924-1927) hasta Desolación de la Quimera (1956-1962). Entre su primer libro y último, están y merecen recordarse, Los Placeres prohibidos, Invocaciones, Las Nubes y Como quien espera el alba, porque cada uno de ellos son ejemplos de una trayectoria en constante renovación y en los que lo biográfico está enraizado en el acontecer cultural o histórico ¿Quién puede dudar que la publicación de la primera edición de La Realidad y el deseo en 1936 que contenía, no solo sus primeras colecciones, sino el ciclo de rebelión surrealista y antiburguesa, fue posible por el ambiente cultural auspiciado por la II República y por las condiciones socioculturales del momento?

La publicación de una obra completa tiene la ventaja de abarcar la totalidad de la obra y poder leer y analizar cada poemario en el transcurso de una obra en marcha y en la fecha en la que fue escrita, pero puede aminorar la importancia de títulos que, por razones de distinta naturaleza, quedan rezagados y no valorados como otros. Creemos que esto sucede con Las Nubes, que como libro independiente, fue publicado en Buenos Aires, en la Colección Rama de Oro, 1943, dirigida por Rafael Alberti, autor de un poema que, como prólogo, antecede a los de Luis Cernuda. Esta edición fue considerada pirata por el propio autor, aunque reproducía el mismo texto que estaba incluido en la segunda edición, editada en México en 1940, al cuidado de José Bergamín. En 2010, el diario Público, en su colección “Voces críticas,” encomiable sello popular, la reeditó en un digno formato. Años atrás, junto a Desolación de la Quimera apareció en una edición anotada para estudiantes.

Las nubes es un libro que aparece después de Invocaciones y que representa un eslabón más en su transitar poético de un autor que, empujado por el devenir histórico, da por agotado su ciclo surrealista. Invocaciones está redactado entre 1934 y 1935, años de luchas y optimismo histórico que contagian, por ejemplo, a los poemas “A un muchacho andaluz”, “El joven marino” o “Por otros tulipanes amarillos”. Influido por la lectura del poeta Hölderlin a quien estudiaba y traducía, representante del romanticismo alemán, le permite adquirir una nueva visión del mundo y una técnica nueva de expresión, pero sobre todo, un tono hímnico de carácter pagano que contrapone al dios cristiano. “Porque no quiero dioses crucificados, / Tristes dioses que insultan / Esa tierra que te hizo y deshace”, afirma en “A un muchacho andaluz”, al tiempo que alza una requisitoria antiburguesa: “Oye sus marmóreos preceptos / Sobre lo útil, lo normal y lo hermoso; / Óyeles dictar al mundo, acotar el amor, dar canon a la belleza / inexpresable…”

La primera edición de La Realidad y el Deseo que apareció en abril de 1936 no tuvo la difusión que se merecía al producirse el Golpe de Estado fascista tres meses después. Luis Cernuda, convencido militante republicano, no dudó nunca de estar a la altura de las circunstancias, sin embargo, parece ser que sus deseos no fueron totalmente satisfechos. En “Historial de un libro”, breve autobiografía, sobre su compromiso escribe. “Ninguna otra vez en mi vida he sentido como entonces el deseo de ser útil, de servir […] Afortunadamente mi deseo de servir no sirvió para nada y para nada me utilizaron. La marcha de los sucesos me hizo ver poco a poco que no había allí posibilidad de vida para aquella España con que me había engañado. Al margen de todo no pensé en salir de allá, que hubiera sido lógico, dada mi opinión sobre la situación española; todavía me parecía que, trabajando en lo que siempre fuera mi trabajo, la poesía, estaba al menos al lado de mi tierra y en mi tierra”. Esta cita nos puede introducir en la comprensión de determinados poemas de Las Nubes.

Luis Cernuda viajó a Londres en febrero de 1938 para dar unas conferencias, pero ya en París, de regreso a España, le aconsejaron no volver por el curso que había tomado la guerra, y regresa de nuevo a Inglaterra. Entonces comienza un exilio que durará hasta su muerte en México en el año 1963.

Antes de su partida, su labor poética se ve acrecentada con composiciones que publica en las revistas Mono Azul, Nuestra cultura y Hora de España y que formarán parte, junto con los que escribió en los primeros años de su exilio, de Las Nubes, libro con el que inicia una nueva etapa en la que influirá notablemente el conocimiento de la lírica inglesa. De la primera etapa “Noche de Luna”, “A un poeta muerto (F.G.L.)”, “Elegía española I”, “A Larra con unas violetas”, “Lamento y esperanza” y “Elegía española II”.

En todos los poemas se adivina una conciencia de derrota, por lo que el carácter militante de estos poemas tiene la singularidad de que el tono lírico predomina sobre el épico. “Noche de Luna”, escrito en Valencia y publicado en la colección Poetas de la España Leal, nos sorprende por la visión desesperanzada que la nocturna “diosa virgen” tiene del discurrir del tiempo histórico. En la Elegía a F. García Lorca la relación poeta-sociedad, el desdén del pueblo hacia sus poetas que se erigen en símbolos de un mundo adicto a las sombras y la diatriba contra el odio ancestral de nuestro pueblo son las líneas matrices de este poema elegiaco. El homenaje a Larra es una suma de argumentos más para describir el horror del presente: “Y nuestra gran madrastra (España), mírala hoy deshecha, / Miserable y aún bella entre tumbas grises / De los que como tú, nacidos en su estepa / Vieron mientras vivían morirse la esperanza, / Y gritaron entonces…” Y en “Elegía española II”, en tono apelativo, describe la situación devastadora de la guerra: “Tus pueblos han ardido y tus campos / Infecundos dan cosecha de hambre; / Rasga tu aire el ala de la muerte; / Tronchados como flores caen tus hombres / hechos para el amor y la tarea…”

Luis Cernuda había publicado en el Mono Azul el poema “Los que se incorporan” en el año 1933 en el que enunciaba: “Esta sociedad chupa, agosta, destruye las energías jóvenes que ahora surgen a la luz; deba dársele muerte […] Confío para esto en una revolución que el comunismo inspire. La vida se salvará así”. Este fervor se cambia en un tono iracundo, unas veces: “La tierra ha sido medida por los hombres, / con sus casas estrechas y matrimonios sórdidos, / Su venenosa opinión pública y sus revoluciones / Más crueles e injustas que las leyes”, otras, sueño y deseo: “Soñábamos algunos cuando niños, caídos / […] bajo la lámpara, ante las estampas de un libro, / Con la revolución”. Y ya jóvenes: “Y en la revolución pensábamos: un mar / Cuya ira azul tragase tanta fría miseria”. Y en “La visita de Dios” uno de los poemas más representativos del libro donde el fervor pagano de su mocedad se transforma en agónica fe cristiana, pero que contrasta con una visión radicalmente marxista: “Estoy en la ciudad alzada para su orgullo por el rico, / Adonde la miseria oculta canta por las esquinas / O expone dibujos que me arrasan de lágrimas los ojos […] Porque un trozo de pan aquí y unos vestidos / Suponen un esfuerzo mayor para lograrlos / Que el de los viejos héroes cuando vencían / Monstruos rompiendo encantos con su lanza”. La conclusión es determinante: “La revolución renace siempre, como fénix / Llameante en el pecho de los desdichados…”

Las Nubes contiene otros poemas memorables, “Lázaro”, “El Ruiseñor bajo la piedra,” “La adoración de los Magos”, y “Un español habla de su tierra”, posiblemente el poema más conocido por su difusión musical, pero además por su métrica de arte menor, que contrasta con el verso libre o versículo de muchas de las composiciones de Las Nubes. Con su estructura de romance y con su desdoblamiento en un tú, “el otro”, consigue que su dolor y su exilio se confundan con todos los republicanos exiliados. El paisaje, la historia, la leyenda sólo son recuerdos, ahora, solo espera, porque “Ellos, los vencedores / Caínes sempiternos, / De todo me arrancaron. / Me dejan el recuerdo”. Un destierro que terminaría con su muerte en la ciudad de México el 5 de noviembre de 1963.

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