Gamonal ha visualizado lo que son parte de los fundamentos de la estructura de poder del régimen de la Transición. Bancos, constructoras y élites políticas subordinadas al servicio de los anteriores como fundamento de gobierno y de poder. Los que no se presentan a las elecciones determinan las políticas públicas y saquean las arcas públicas. Al otro lado la clase obrera y sectores populares, la mayoría social, que en su sentido común creían que vivían en democracia, los que durante estos treinta y cinco años han sufrido el que no se produjese un proceso de ruptura democrática con el franquismo, que los poderes económicos que forjaron el franquismo y lo desarrollaron para su beneficio quedasen también arriba en la pirámide de poder con la Transición, los que desde los Pactos de la Moncloa perdiesen de forma continuada derechos laborales y sociales para adaptar España al nuevo esquema de acumulación de capital con la “revolución” neoliberal y con una división internacional del trabajo que establecía que España no podía tener tejido productivo ni tampoco soberanía nacional, y en consecuencia subordinarse dentro de la cadena imperialista a ser un país en el que sus decisiones estructurales en política económica y en política internacional se establecían en función de los intereses de los poderes económicos que conforman el núcleo de poder occidental con una burguesía “nacional” y unas élites políticas envueltas en la bandera y en discursos nacionales pero que siguiendo este mismo hilo discursivo han sido unos continuos vende patrias, la anti España del trabajo y la soberanía nacional-popular y en continua guerra contra los demócratas que quieren poder decidir sobre su presente y su futuro en coherencia con sus intereses de clases subalternas. Todo esto bajo el marco legal de una Constitución que nació gracias a la lucha antifranquista, de la que el PCE fue el actor central, una lucha que permitió que el franquismo no continuase tras la muerte de Franco, obteniendo conquistas de libertades democráticas y declaraciones importantes de derechos sociales, aunque sin ningún marco de exigibilidad de su cumplimiento. Una Constitución amortizada que los propios poderes económicos y sus élites políticas rompieron en tiempo record y la cual ya hoy en día ni existe tras la reforma aprobada por el PSOE y el PP en el año 2011.
En Gamonal a medida que se fue desarrollando el conflicto en relación con el bulevar se fue visualizando poco a poco esta madeja de poder a nivel local. Un gobierno del PP que obvió la opinión de los vecinos, un PSOE que llegó a proponer una obra en el mismo sentido aún más grande, y enfrente el surgimiento de nuevas formas de organización de lo popular combinándolas con la experiencia de las clásicas. Denunciando el régimen corrupto, retratando a los que se benefician del saqueo a lo público, denunciando la conexión entre poder económico, político y medios de comunicación de masas, y asentando en la calle la desobediencia civil, elemento que debe ser central en nuestro tiempo. Somos desobedientes a la legalidad porque no es nuestra legalidad y no respetamos la institucionalidad porque no puede reproducir los intereses de la mayoría social. En definitiva, se creó poder popular fruto de la movilización y progresiva organización al calor del conflicto social, y finalmente la victoria de la paralización de la obra, la demostración de que con organización, movilización y marcos unitarios se puede derrotar a los intereses de las élites económicas y políticas.
El grito final fue “España entera es Gamonalera”. Pero no nos podemos quedar aquí, la clase obrera y los sectores populares tienen que hacer un, dos, tres, mil Gamonales. Combatir la crisis generando crisis social para empoderarnos, crear poder popular, y poner en marcha un proceso constituyente que defina las bases de una República al servicio de la mayoría social.






