Marchas

Cuando el sistema percibe el peligro…intenta también…ritualizar los conflictos a través de esos debates típicos de la sociedad del espectáculo.

Cuando el sistema (o dígase, si se quiere, régimen: esta situación anquilosada que intenta pervivir) percibe el peligro, no sólo intenta la “solución” directa de la represión, a través, por ejemplo, de una cohesión penal en el seno de una democracia demediada. Intenta también, quizás de forma paralela y sincrónica, otras soluciones más sutiles, como, por ejemplo, ritualizar los conflictos a través de esos debates típicos de la sociedad del espectáculo que ahora se llevan tanto en televisión. Juan Carlos Monedero, intentando apuntarse un tanto desde el santuario de la estabilidad y el sentido común, se atrevió a decirlo: Nosotros hemos evitado las consecuencias de una revolución violenta. Quizás no tanto, pero si es verdad que hay un intento, por parte del poder y sus terminales mediáticos, de llevar la movilización a un terreno que, en principio, parece más cómodo. Otra cosa son las consecuencias que la imprevisible realidad ofrezca, a través de la creación de nuevos dirigentes y nuevas fuerzas políticas que, llegado el caso, pueden convertirse en una alternativa real de poder frente al bipartidismo, superando al par el esquema de partidos procedente del antiguo régimen (los acuerdos del 78).

Ahora bien, sería preciso indicar que ni el debate político, a través de los “conversatorios” programados, ni siquiera las elecciones, son soportes suficientes para el cambio en profundidad, el cambio constituyente que demanda la sociedad. Un cambio que va mucho más allá de que, al día siguiente de que ganen las elecciones las nuevas fuerzas, siga saliendo agua por los grifos. Quiero decir con esto que no hay cambio posible, ni proyecto alternativo real, sin un programa amparado por una movilización permanente y amplia, coherente y decidida, de las clases antidominantes y de la ciudadanía en general.

La solución sigue estando en la calle. Es verdad que no debemos establecer una falsa contradicción entre los pares izquierda/derecha y arriba/abajo. Pero esto no quiere decir que el centrismo flotante, la estrategia sociológica de una centralidad basada en la indefinición, pueda llevarnos más allá de ganar unas elecciones. Se trata, pues, de ganar las elecciones no para ganarlas simplemente, sino para cambiar la vida, para transformar las condiciones históricas de existencia.

Que nadie intente un atajo fácil traduciendo mis palabras como una crítica sin más a Podemos. No se trata tanto de eso como de ir desbrozando las cosas de cara a un encuentro de futuro. En todo caso, si hay que criticar, desde el respeto, a Podemos es preciso hacerlo no desde la óptica de la derecha (son populistas, venden humo, no tienen programa, etc.), sino desde el punto de vista de la izquierda organizada y con historia que representamos los comunistas. Aunque una cosa hay que tener siempre clara: es posible ganar las próximas elecciones generales y, más allá, es posible transformar la vida. Una sola palabra resume esta pretensión: Unidad.

En fin, pase lo que pase, estos días que vivimos, en que renace la movilización, constituyen una oportunidad importante para encontrarnos todos/as en la calle, que es la patria inexcusable de cualquier cambio en profundidad.

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